MIAMI.– En el ámbito nacional, el año 2016 ha sido testigo de un gran impacto político. El magnate Donald Trump logró llegar a la presidencia y estremeció los cimientos de la política estadounidense, llevando a cabo una campaña, en muchos casos, de espaldas al Partido Republicano, con un llamado al proteccionismo comercial, con el propósito de hacer regresar a Estados Unidos muchos de los empleos que han ido a otros países en las últimas décadas.

Sus promesas atrajeron a un electorado conservador y descontento con ocho años de presidencia demócrata, que responsabiliza a los inmigrantes indocumentados por una supuesta crisis económica y apoyó la propuesta de Trump de deportar a 11 millones de ellos y construir un muro en la frontera con México. Durante el principio de su campaña, el magnate inmobiliario se refirió de manera despectiva a los mexicanos. También amenazó con abolir la Reforma de Salud Asequible popularmente conocida como Obamacare. Tras la victoria los dos temas se diluyeron.

Trump ganó la presidencia con 306 votos electorales, frente a 232 para Hillary Clinton, aunque la candidata demócrata obtuvo 2,8 millones de votos más que el republicano. Desde el inicio de la campaña, la candidata demócrata tuvo que enfrentar a un fuerte rival dentro de su propio partido, el senador Bernie Sanders, un hombre de pensamiento más izquierdista que la exsecretaria de Estado pero que, sin embargo, logró cautivar un electorado más joven.

Clinton y Sanders protagonizaron airados debates y el senador de Vermont nunca perdió su base de apoyo, lo que lo llevó, en un gesto reconciliador, a exhortar a su electorado a aceptar a Clinton cuando el resultado de los concilios y primarias impusieron la victoria de la exsecretaria de Estado. Durante la convención demócrata, Sanders pidió que le hicieran “el especial favor” de apoyar a Clinton porque la amenaza de un Trump extremadamente conservador “arruinará a nuestro país”.

Al final, Trump terminó siendo electo al ganar todos los estados principales y conquistar una amplia mayoría de votos de los colegios electorales. Sin embargo, al parecer, la campaña presidencial habría sido hackeada por Rusia. En una inusual rueda de prensa, el presidente Barack Obama acusó a Moscú de influenciar el resultado electoral a favor del magnate inmobiliario, pero no anunció ninguna medida de retaliación.

A su vez, antes de finalizar el año, Trump nombró a la mayoría de los miembros de su gabinete, compuesto en su totalidad por acaudalados empresarios y cabilderos, que muchos ya consideran el Gobierno más conservador de todos los tiempos.

Obama en Cuba

Por otro lado, culminando un proceso de deshielo que comenzó el 2014, el presidente Barack Obama realizó una visita histórica de tres días a Cuba, la primera de un presidente de Estados Unidos en ejercicio, desde que Calvin Coolidge estuvo allí en 1928. Durante el periplo el mandatario se reunió en dos ocasiones con el gobernante cubano, Raúl Castro, pronunció un discurso a los cubanos y los llamó a creer en los valores democráticos y abrirse más a la economía privada local, y dijo que la visita colocaba un punto final al enfrentamiento de más de medio siglo.

El presidente Obama también tuvo oportunidad de reunirse con un grupo de jóvenes empresarios privados, a quienes exhortó a no limitarse en sus ambiciones y creatividad, al tiempo que defendió el acceso irrestricto de los cubanos a Internet. La visita abrió una serie de iniciativas comerciales entre los dos países. Comenzaron así los cruceros turísticos, los vuelos comerciales, una cadena hotelera estadounidense se hizo con la administración de dos hoteles emblemáticos de La Habana y Google instaló el sistema de acceso a la red de alta velocidad que comenzó a funcionar a fines de año.

Obama también se reunió con la oposición, con la que tuvo la oportunidad de constatar la variedad de organizaciones, aunque a todas ellas dirigió un mensaje de unidad y aseguró que Estados Unidos seguirá siendo un fuerte crítico de la violación de los derechos humanos en la isla. En Miami la visita no tuvo la aprobación de todos los cubanoamericanos. Tal como sucedió en La Habana, cuando la prensa oficialista criticó la visita, después que el presidente estadounidense salió del país, en la capital del exilio muchos se manifestaron en contra, en las calles, medios de comunicación o tertulias políticas, enfatizando que el mandatario concedió demasiado al Gobierno castrista, quien a su vez cedió muy poco.

Tribunal Supremo

A inicio de febrero fallecía del juez del Tribunal Supremo, Antonin Scalia. Conocido por sus posiciones conservadoras, el fallecimiento provocó una hecatombe política que dividió al país. Aunque Obama nombró de inmediato un sustituto de corte liberal, los republicanos lograron frenar la confirmación en el Senado a la espera de la Casa Blanca, lo cual se verificó con el candidato Donald Trump, de quien esperan nombre alguien también conservador. Scalia representó un hito en el Tribunal Supremo. Aunque sus fallos suscitaron controversias, la generalidad de los juristas considera que eran técnicamente impecables y apegados a la Constitución, sobre cuya interpretación el magistrado tenía una postura muy particular. Para Scalia el impacto de las decisiones en los estados era más importante que las decisiones de ámbito federal.

Tal como sucedió con la presidencia de Bill Clinton, que dejó un superávit financiero a su sucesor, este año Obama deja la presidencia con una economía mucho más sólida que la que el presidente electo esbozó durante la campaña electoral. El desempleo se encuentra en 4,6%, la mejor cifra desde agosto del 2007, y lo cierto es que en el último año la cifra siempre se mantuvo bajo los 5. Esto trajo como consecuencia que sólo en noviembre la iniciativa privada creó 178.000 nuevos puestos de trabajo, aprovechando el reforzamiento de la economía interna y las exportaciones, según señaló un estudio de American Heritage Institute.

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