"Querido Nicolás", le dice Raúl Castro a Maduro para iniciar una carta de felicitación. Querido Nicolás es un comienzo típicamente epistolar al que pudiera seguirle cualquier pregunta cotidiana hecha a un amigo ¿Cómo está tu familia?, ¿Tu salud? Tus achaques, Maduro. Hasta ahí todo paz y amor entre dos hombres que se quieren.

Ya en el primer párrafo, la apariencia tranquilizadora de la misiva se va al demonio. “Con inmenso júbilo revolucionario conocí de los resultados de las elecciones y de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente”. Ese arranque de carta permite imaginar un nuevo tipo de júbilo, mascado entre las sombras de un despacho nocturno colmado de generales y coroneles temerosos de un resultado distinto en Venezuela. Etimológicamente la palabra revolucionario puede convertir al júbilo en algo sospechoso y distinto a lo que se espera. Pero la tortilla no se volteó porque ejercieron una fuerza innecesaria contra el pueblo necesario. Para demostrar su regocijo, el mandatario cubano se pasa a la grandilocuencia descontextualizada: “Sin dudas este proceso representa una valiosa lección, que hace de Venezuela todo un símbolo para nuestro continente, como afirmara Fidel con su meridiana claridad”. Quizá quiso decir un símbolo antidemocrático y necesitaba ahorrar tinta. Cuando apela a la desaparecida figura de su hermano Fidel es porque su carisma no le alcanza para enviar órdenes directas y ha de dictarlas entre líneas.

Raúl habla como un advenedizo que jamás ha estado detrás de todo lo que está pasando en Caracas, Maracaibo, en Valencia…en Venezuela. Así que, cual princesa que despierta de un soporífero sueño tropical, Castro dice en un bostezo “La demostración de respaldo popular ha sido clara y rotunda”. La misiva es el no va más del extrañamiento. Según la mente del mandatario cubano, las destituciones a la fuerza, los atropellos y las terribles muertes de venezolanos contra venezolanos, se corresponden con efluvios mentales de su fase REM (Rapid Eye Movement).

Fue un sueño activo - de esos que se cuentan las parejas cuando acaban de despertar codo con codo en la cama - o, al menos, lo parece porque habla con Maduro como si sus gobiernos auto impuestos no tuvieran que ver el uno con el otro. Súbitamente, Castro se pasa al relativismo histórico en una frase corta para remarcar que lo que sucedió con la Constituyente le gusta, pero le es ajeno. Para ello introduce en su esquela a dos figuras diametralmente opuestas “el fiel al legado de El Libertador Simón Bolívar y del Presidente Hugo Chávez Frías”. De darse el caso, hoy se estuvieron revolviendo en sus respectivas tumbas. Uno por estar en desacuerdo y otro por no estar allí para sacar brío del estropicio.

El compañero Raúl se descuida y vierte un poco de cinismo en su próxima frase: “La experiencia demuestra que cada acto de terror levanta la moral del pueblo, cada agresión lo hace más fuerte, cada golpe fortalece la unidad”. Debió de estar redactando bajo fuertes alucinaciones. A nadie se le escapa que el terror, las agresiones y los golpes, los está infligiendo el ejército y la policía bajo las órdenes del destinatario de la carta.

Ya en vísperas de despedirse, el emisario se coloca en la piel de un visionario bien informado y le planta dos palmaditas en el hombro a Maduro: “Seguramente, vendrán días de fuerte lucha, de acoso internacional, de bloqueos, de limitaciones; pero también serán días de creación y trabajo para los revolucionarios y todo el pueblo venezolano que, como hasta hoy, no estará solo y nos tendrá a los cubanos, en la primera fila de la solidaridad militante y más comprometida con su causa”. Le viene a decir claramente, resiste y no te revires, que si no te han matado aún es porque mi guardia personal te protege, porque mi ejército entrena al tuyo y hace más de 18 años tienes a los más prominentes hermanos Castro y a un montón de cubanos más diciéndote lo que debes hacer minuto a minuto.

La carta termina con el típico “Un fuerte abrazo”, de esos que el capo más confiado de su superioridad estratégica, suele darle al otro capo.

FUENTE: REDACCIÓN

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