CARACAS.- El proceso de diálogo en Venezuela ha puesto nuevamente en evidencia las grietas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amalgama de formaciones opositoras conocido como G-4, entre las que destacan: Un Nuevo Tiempo (UNT), partido liderado por Manuel Rosales, uno de los primeros beneficiados de las conversaciones; Acción Democrática (AD), del presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, el único de los partidos tradicionales venezolanos que aún cuenta con peso en el tablero político; Primero Justicia (PJ), el partido que ha sido el más reacio a sentarse en la mesa, algo que solo se consiguió después de conseguir la mediación de El Vaticano; y Voluntad Popular (VP), el partido del preso político Leopoldo López, que representa al ala conservadora de la MUD, no ha participado en ninguna de las dos reuniones al considerar que no se dan las condiciones necesarias.

Otras voces, según reseña El País de España, como la de la exdiputada María Corina Machado, sin tanto peso político en Venezuela pero con proyección internacional, sobre todo en Estados Unidos (EEUU), también han agitado las divergencias dentro de la MUD.

“Más allá de las diferencias creo que hay una consciente de que destruir la Unidad sería un terremoto, traería resultados mucho peores. Lo que urge es ordenar las ideas, evitar la dispersión, que unos digan una cosa y el resto, otra. Hay que afianzar la Unidad como institución, como un grupo de partidos o de agendas”, opina Henrique Capriles, quien insiste en que el diálogo es un asunto de debate entre la élite política y sus dirigentes, pero está alejado de la calle.

Luego de que el pasado 20 de octubre el Consejo Nacional Electoral (CNE) paralizó la recolección de firmas del revocatorio contra el presidente, Nicolás Maduro, se inició un diálogo con el Gobierno, auspiciado por El Vaticano, que generó más desilusión y rabia que esperanza. Los dirigentes de la MUD tratan ahora de luchar contra la desmovilización y desmoralización de su gente.

“Había que ir a la reunión porque pedimos que El Vaticano mediase, después de conseguirlo no podíamos ausentarnos”, argumentó Capriles, “Si no nos hubiésemos sentado, además, entraríamos en el jueguito macabro del Gobierno de que nosotros no queremos dialogar”, añade.

El líder de PJ y principal promotor del referendo revocatorio, admite no obstante que no supieron trasladar un mensaje positivo del encuentro. El lenguaje empleado en el comunicado oficial, en el que entre otras cosas se hablaba de sabotaje económico y personas detenidas, en vez de presos políticos, fue un error y trajo consecuencias impredecibles.

Capriles, quien trata de restarle trascendencia a las conversaciones con el chavismo, considera que “el error es colocar el centro de nuestra acción en esa mesa, sería seguirle el juego al Gobierno. La mesa es un espacio de lucha más y así lo tenemos que asumir. No podemos, y eso es un tema que debemos solucionar, hacer ver que elegimos uno u otro tablero”.

Sin embargo, resalta que confiar una salida a la crisis social, económica y política a las conversaciones auspiciadas por el Vaticano y en la que median tres expresidentes iberoamericanos, entre ellos el español José Luis Rodríguez Zapatero, es caer en una suerte de trampa.

“Los resultados del diálogo no dependen de la oposición, sino del Gobierno. Nosotros ya hicimos lo que teníamos que hacer. Además de sentarnos, se nos pidió que pospusiéramos la marcha a Miraflores y el debate en la Asamblea Nacional sobre Maduro. Ahora le toca al Gobierno, si no cumple quedará aún más deslegitimado” puntualizó.

FUENTE: REDACCIÓN

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