Fidel Castro, el hombre que hizo de Cuba una isla dividida entre aliados y enemigos, adeptos y traidores, continúa funcionando como artefacto perfecto para acaparar titulares.

Dictador para unos, revolucionario para otros, Fidel, que solo escuchaba su voz, fusionó magistralmente su biografía personal con la historia nacional; su nombre fue hasta hace una década sinónimo de omnipresencia; pero hoy, los jóvenes, las nuevas generaciones tienen que acudir al Internet para conocer su historia.

Por eso, el exmandatario, contradictorio, astuto, colérico e implacable; cuando se percató de que su figura estaba perdiendo protagonismo y cuando interiorizó, aunque sin decirlo abiertamente, que era igual al resto de los comunes mortales, diseñó hasta el más mínimo detalle de su propio funeral.

Tanto empeño le añadió a los preparativos de sus propias exequias que en septiembre del 2009, ordenó realizar un ensayo general.

Ya tenían listo el cadáver, expuesto y preparado para ser llevado al enterramiento. Se trataba del comandante de la revolución Juan Almeida Bosque, fallecido el 11 de septiembre de 2009, al que le organizó un funeral de trazos excepcionales, y que por tratarse de una persona con una trayectoria excepcional en el grupo de los históricos de la revolución, no provocaría ningún cuestionamiento.

Miles de personas, a todo lo largo del territorio nacional, rindieron sentido y póstumo homenaje a la foto del escogido.

Igual que ahora, los restos del extinto elegido viajaron de La Habana a Santiago de Cuba y allí, en la hospitalaria cuidad, multitud de orientales presenciaron el paso del convoy militar que durante más de cuatro horas recorrió 150 kilómetros, custodiando el ataúd del comandante Juan Almeida Bosque hasta su destino final, un nicho en la ladera de la Sierra Maestra.

Como en aquella ocasión, el próximo 4 de diciembre, un oficial ordenará al corneta el toque de silencio y 21 salvas de cañón pondrá punto final a la vida de Fidel Castro y de toda esa generación impulsora de la Revolución cubana.

Ni Fidel Castro era tan impredecible, ni su Revolución es tan fuerte como muchos de sus enemigos aseguran. El General Raúl Castro, con más seguridad que seguidores, anunció que se retira el 24 de febrero del próximo 2018. Con 85 años, ya no tiene el tiempo real para cumplir lo prometido en los lineamientos del Partido que define el nuevo modelo económico. Mantendrá el poder con discretas aperturas y recurrentes erupciones de violencia, o siguiendo a pie juntillas la vieja política de “los militares primero”. De todas formas, ya estamos en conteo regresivo. La biología es una maquinaria a prueba de fallo.

La muerte del Comandante en jefe “en retiro”, abre en nuestro pueblo una brecha de vacilación, pero también de mucha esperanza, que sin reparo debemos aprovechar para capitalizar el descontento de 11 millones de cubanos.

Bienvenida la fase post-Castro.

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