El presidente de Brasil, Michel Temer, fue denunciado el jueves por segunda vez por corrupción en menos de tres meses, en uno de los escándalos relacionados con la investigación bautizada como "Lava Jato" ("Lavado de autos").

Éstas son algunas claves para entender por qué Temer permanecerá previsiblemente en el cargo y por qué la crisis institucional del gigante sudamericano está lejos de llegar a su fin.

Las denuncias:

El fiscal general, Rodrigo Janot, presentó dos cargos contra Temer: asociación criminal y obstrucción a la Justicia. En junio Janot ya había denunciado al mandatario por corrupción pasiva, lavado de activos y asociación criminal. Las dos denuncias, la de junio y la de ahora, están vinculadas con "Lava Jato".

Las acusaciones se basan en esencia en denuncias de que Temer se benefició durante años del pago de sobornos a su partido, el PMDB. En su nueva denuncia, Janot lo acusó de liderar un "grupo criminal" con varios miembros de su partido en el Parlamento. Según la fiscalía, los sobornos de los que se beneficiaron los siete políticos acusados ahora alcanzan los 587 millones de reales (188 millones de dólares).

Los cargos se basan en gran parte en denuncias del empresario Joesley Batista, dueño del mayor productor de carne del mundo, la firma JBS. Batista admitió que su imperio empresarial, J&F, pagó sobornos y llegó a un acuerdo de cooperación para evitar ser juzgado. Aunque esa "delación premiada" fue anulada por irregularidades en el testimonio de Batista, Janot volvió a denunciar a Temer e incluyó al empresario en los cargos.

¿Qué sigue?

Para que Temer pueda ser juzgado se necesita el aval de la Corte Suprema. Janot presentó por eso la denuncia ante el máximo tribunal del país. Adicionalmente, sin embargo, es necesario que el Congreso levante la inmunidad de Temer, al tratarse de un jefe de Estado en ejercicio. La votación debe celebrarse en las próximas semanas.

Es muy improbable que la Cámara deje caer a Temer. Para eso se necesitan los apoyos de dos tercios de los 513 diputados y el presidente sigue teniendo una clara mayoría. En agosto, el Gobierno recibió el respaldo de 263 parlamentarios en la votación sobre la primera denuncia, casi 100 votos más de los 172 que necesitaba Temer para seguir en el cargo. El presidente debe por eso terminar el mandato que heredó de la destituida Dilma Rousseff en 2016, y que acaba el 31 de diciembre de 2018.

El fiscal se va

Otro factor que podría favorecer a Temer es que el fiscal deja el cargo este domingo. Janot está al frente del Ministerio Público desde 2013 y se convirtió en los últimos meses en el gran antagonista de Temer, que lo ha atacado en varias ocasiones acusándolo de actuar por motivación política.

La sucesora de Janot es Raquel Dodge, designada por Temer como está previsto por ley. El hecho de que Temer no siguiera la recomendación de los fiscales para ocupar el cargo, sin embargo, ha despertado recelos. Desde hace años es tradición que los fiscales del país elaboren una lista con sus favoritos para el cargo y que el presidente elija al más votado de esa lista. Dodge quedó en segundo lugar.

Muchos observadores están por eso pendientes de cómo procederá Dodge en los casos contra Temer. Aunque el Congreso blindó al presidente, las incansables investigaciones de Janot minaban desde hace semanas la ya de por sí bajísima popularidad de Temer entre la población, de un cinco por ciento en las últimas encuestas.

"Lava Jato" y el hartazgo de los brasileños

El caso "Lava Jato" empezó en 2014 y desde entonces ha hecho trizas la imagen de la clase política brasileña, revelando la existencia de un sistema institucionalizado de hacer política en contubernio con empresas que pagaban suculentos sobornos para tener un acceso privilegiado a los recursos del Estado.

No se salva casi nadie. Acusados están el celebrado ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, también su sucesora Dilma Rousseff, ambos del izquierdista Partido de los Trabajadores, y decenas de diputados con mandatos en vigor, ministros, ex ministros y ex gobernadores.

Los escándalos han disparado el hartazgo y el descontento de la población. Según una encuesta reciente, el 94 por ciento de los brasileños no se siente representado por sus político. En algunas protestas se han visto carteles que piden el regreso de la dictadura militar (1964-1985).

También las encuestas para las presidenciales de 2018 inquietan a muchos: el favorito, con un 30 por ciento de los apoyos, es Lula, que quiere volver a ser candidato tras haber sido condenado ya a nueve años y medio de cárcel en primera instancia. Pero la confirmación de esa condena podría mandar a Lula a prisión o al menos sacarlo de la carrera electoral con una inhabilitación.

El segundo lugar de varios sondeos lo ocupa el líder de derecha populista Jair Bolsonaro, calificado a menudo como el "Donald Trump brasileño". Bolsonaro ha elogiado en varias ocasiones al antiguo régimen militar.

FUENTE: dpa

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