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LA HABANA.- Después de viajar 14 horas en ómnibus desde el municipio Palma Soriano, Santiago de Cuba, provincia a casi mil kilómetros al este de La Habana, el lunes 2 de octubre, Carmen y su hijo Michel, al filo de las cinco de la madrugada llegaron a la Embajada de Estados Unidos para una cita consular.

“Mi hija mayor vive en Estados Unidos desde hace catorce años. Trabaja como ingeniera en una empresa de paneles solares. Gana muy buen salario y ya terminó de pagar la hipoteca de su casa. Su hermano Michel tiene 22 años y es enfermero, y tanto él, como yo, queremos trabajar duro en Estados Unidos y salir adelante. Cuando llegamos el lunes a la embajada nos enteramos que se había parado el asunto de las visas. Pensaba que era por lo del ciclón Irma, luego supe esa historia de la sordera provocada a varios funcionarios estadounidenses”, dice Carmen y añade:

“La verdad que los cubanos estamos salaos. Mi hija está viendo la posibilidad de obtener las visas por un tercer país. Pero todavía no hay nada claro”.

Muchos cubanos que tenían planificado viajar próximamente a Estados Unidos merodean por los alrededores de la embajada recabando más información. “Han salido funcionarios cubanos que trabajan allí y nos han dado algunas explicaciones, pero desconocen cuándo se va solucionar el problema o qué va pasar en el futuro. Con el loco ese de Trump de presidente, cualquier cosa es posible. Creo que la Casa Blanca va aprovechar esta coyuntura para suspender definitivamente las 20 mil visas de reunificación familiar. Ahora sí el dominó se trancó”, señala Rogelio, 65 años, jubilado, que en noviembre pensaba viajar a Tampa para asistir a la boda de su hija.

Los teléfonos de la sede diplomática no paran de sonar. Miles de cubanos, atrapados en un guión de Guerra Fría, sienten que su posibilidad de emigrar de manera legal a Estados Unidos de pronto se ha alejado. No faltan los optimistas, como Bryan, 23 años, universitario: “Estados Unidos es un país de palabra y el cierre temporal de la embajada es una manera de meterle el pie a los gobernantes cubanos, pues se supone que ellos responden por la seguridad de todo el personal diplomático acreditado en el país. Espero que los americanos busquen una solución y sigan cumpliendo su compromiso migratorio con el pueblo cubano”.

Rolando, 59 años, cuentapropista, quien asegura que ha viajado a Estados Unidos más de veinte veces en los últimos diez años, cree que la nueva administración tiene planes para tirar abajo el legado de Obama en Cuba y el acuerdo migratorio acordado en 1994 por Bill Clinton y Fidel Castro.

“Hay sectores políticos en Estados Unidos que nunca estuvieron de acuerdo con ese acuerdo, pues lo veían como un chantaje de Fidel, que en caso de no aprobarse determinado número de visas anuales, abría la frontera. Ahora, sin los pies secos-pies mojados, y con relaciones diplomáticas y comerciales entre las dos naciones, ni las 20 mil visas ni la Ley de Ajuste tienen sentido. Trump es lo más anti-inmigrante que se pueda encontrar. Ha firmado vetos migratorios a más de una docena de países. Era ilusorio pensar que a Cuba le fuera a hacer concesiones. Y lo peor, gran parte del exilio cubano afincado en la Florida, tampoco quiere saber de nuevos emigrantes, dicen que están adoctrinados, y que no les interesa la represión que sufren los disidentes y defensores de los derechos humanos”, argumenta Rolando.

Más allá del drama que viven miles de cubanos que pensaban emigrar por reunificación familiar o visitar a sus parientes en la otra orilla, no son pocos los emprendedores privados preocupados por el deterioro de las relaciones.

Richard Egües, nieto del otrora flautista de la afamada Orquesta Aragón y dueño del bar-restaurante La Flauta Mágica, a un costado de la Embajada de Estados Unidos, señala “que este asunto de los ataques acústicos a funcionarios estadounidense afectará a decenas de negocios que funcionan en los alrededores de la embajada y estaban enfocados en los cientos de personas que diariamente acudían a realizar trámites y en los funcionarios y diplomáticos que ahí laboran”.

Bárbara, una señora pasada de peso y voz ronca, tenía un negocio que ayudaba a la gente a llenar los complicados formularios de solicitud de visas. Por dos fotos, llenar la planilla y luego enviarla por correo electrónico a la oficina consular, cobraba 20 CUC (23 dólares).

“Gracia a ese negocio he podido mantener a mi familia y reparar mi casa. Ahora, con todo este lío estamos parados hasta nuevo aviso. Los que tenemos un negocito en Cuba vivimos del día a día. Si este brete se demora varios meses, tendré que dedicarme a otra cosa”, confiesa Bárbara.

La historia de 22 funcionarios estadounidenses y 5 canadienses afectados por un supuesto ataque acústico, no la entienden los cubanos de a pie. “No soy fidelista ni la cabeza de un guanajo, pero la verdad es que tiene más de ciencia ficción que de realidad. No creo que Cuba tenga ese tipo de arma o que permita que otro país lo realice en su territorio, porque si eso hubiera sucedido, se buscan tremendo problema”, expresa Damián, dependiente de un agromercado.

Josué, profesor de Historia, subraya “si es como han dicho, no tiene ni pies ni cabeza. El cuento está incompleto. Uno se pregunta por qué no se afectaron los cubanos que trabajan en la embajada y, si es verdad lo que dice el canciller Bruno Rodríguez, por qué Estados Unidos no ha colaborado con las autoridades de Cuba”.

Agustín se hace llamar un exoficial de inteligencia retirado hace casi tres décadas, considera que en esta historia se oculta más de lo que se dice. “Por la información que recientemente publicó la agencia AP y, sabiendo la compartimentación de los servicios especiales en cualquier país del mundo, el problema parece que empezó con agentes camuflados de diplomáticos, algo normal en cualquier embajada de cualquier país, pues todas suelen ser nidos de espías y, por tanto, siempre están bajo el control de la contrainteligencia.

"Pudo haber sido un fallo en los equipos de comunicación que utiliza la embajada o del operativo que los vigila. Pero tengo mis dudas que un tercer país trabaje en Cuba sin la autorización del gobierno. El que sale peor parado en este asunto es Raúl Castro y su hijo Alejandro, que está al frente de los asuntos de seguridad nacional. Si el gobierno no tiene nada que ver, te aseguro que son los más interesados en resolver esa trama”, analiza Agustín y concluye:

“En el mundo del espionaje todo es posible. Como en cualquier delito, la primera pregunta a responder es a quién beneficia y a quién perjudica este asunto, porque en los dos países hay grupos a favor y en contra de la política que aplicó Obama en Cuba”.

Dentro del gobierno de la isla sucede otro tanto. En julio de 2013, a raíz del suceso del buque norcoreano Chong Chon Gang, descubierto por las autoridades de Panamá, al llevar camuflado entre varias toneladas de azúcar prieta armas y aviones de combate que procedían de Cuba, violando las prohibiciones de las Naciones Unidas, la respuesta del régimen no se hizo esperar.

En aquella ocasión, el mensaje llegó en código mafioso. El General de División Pedro Mendiondo, al frente de la operación de traslado de ese armamento rumbo a Pyongyang, perecía en un “fatal accidente de tránsito”. El periódico oficialista Juventud Rebelde publicaba la siguiente nota: "En horas de la mañana del domingo 25 de agosto de 2013, se produjo un accidente automovilístico conducido por el General de División Pedro Mendiondo Gómez, jefe de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria. Como resultado del mismo, falleció en el acto el compañero Juan Rubalcaba Gato, suegro de dicho general, quedando gravemente heridos el General Mendiondo, la compañera Graciela Terry Aguirre, suegra de Mendiondo, y Rafaela Rubalcaba Terry, esposa, quienes fueron atendidos en el Hospital Militar Central Doctor Luis Díaz Soto. Producto de los traumas sufridos por el accidente, fallecieron a las 6 y 8 pm del 25 de agosto la compañera Graciela Terry, y a las 3 y 20 am del 26 de agosto, el General de División Pedro Mendiondo Gómez".

Con relación a los ataques acústicos, hay cuatro escenarios posibles. Uno: la autocracia verde olivo participó en el operativo con toda intención. Dos: un tercer país u organización, a espaldas del régimen, fraguó el plan. Tres: la operación es un montaje de la inteligencia estadounidense para regresar a la etapa anterior al 17 de diciembre 2014. Y cuatro: un ala disidente dentro de los servicios especiales cubanos o del gobierno los habría llevado a cabo sin medir las consecuencias.

Si llegara a confirmarse el cuarto escenario, comenzarían a rodar cabezas, en el aparato de inteligencia y en el gubernamental. Y créanme, no es una metáfora.

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