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MIAMI.- Desde el momento en que se conoció la muerte del dictador Fidel Castro, el exilio cubano en Miami y personas de otras nacionalidades acudieron a lugares emblemáticos de la ciudad para celebrar con banderas, pitos y cacerolas el esperado suceso.

A pesar de la hora en que se conoció la noticia, un poco después de las 12 de la noche del viernes, el clamor popular lanzaba una sola voz, llena de júbilo: “Te moriste, Fidel”.

Aunque deseaban su muerte, pocos creían que el dictador se despediría algún día de este mundo. Algunos habían anidado en la mente la idea de que se trataba de un ser inmortal. Otros atribuían su vida longeva a algún pacto con el diablo. Pero finalmente llegó el día. Fidel Castro pasa a otra vida, quizá una en donde un fuego incesante lo martirizará hasta el fin de la existencia. Nadie sabe.

Lo único cierto es que el deceso de Fidel Castro produjo una conmoción enorme en la ciudad de Miami, que el hábil y perverso dictador siempre llamó “la capital de la gusanera”, como acostumbraba a descalificar a sus adversarios.

De esta manera, un mar de banderas cubanas ondeaba al unísono, bajo los acordes de la música de Willy Chirino o de Albita, para constituir un solo coro, una sola voz, y cerrar el capítulo de la vida del causante de que un millón de personas tuviera que abandonar la isla de Cuba, donde nacieron y muchos no morirán.

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En el restaurante La Carreta, ubicado en la calle 40, los pitos de los carros y una intensa algarabía semejaban los parámetros sociales de un carnaval. Todo el mundo tenía algo para decir. No existía miedo, mucho menos opresión. Quedó en claro que eso que llaman gusano no tiene la facultad de hablar, pero los cubanos que engrosan el exilio sí pueden hacerlo. Fue entonces cuando alguien, eufórico, dijo a un periodista: “Nosotros no somos gusanos. Gusanos son los que se van a comer esa carne de Fidel, que debe tener muy mal sabor”.

Al otro lado de la ciudad, en el restaurante Versailles, el ambiente era igualmente festivo. Incluso podría decirse que había más personas celebrando la partida del hombre barbudo y de uniforme militar verde olivo, que entró triunfante a La Habana, luego de protagonizar una guerra de guerrillas, y ofrecer prebendas que jamás cumplió.

Perspectivas

Que Fidel ya no está es volver a renovar las esperanzas de llevar a Cuba por los caminos de la democracia.

De esta manera, la gente congregada en las calles de Miami celebró, y ahora, tras la desaparición física del dictador, muchos depositan las esperanzas en un infortunio similar para su hermano Raúl, quien recibió el poder por delegación directa en el año 2006, y desde entonces ha gobernado los destinos de la isla con pequeñas e insuficientes “concesiones” para la población, dentro del mismo esquema dictatorial que su antecesor.

Ahora, muchos se preguntan: ¿cuándo será el turno de Raúl? Mientras llega el momento, el exilio cubano sigue soñando con una Cuba libre de las mentiras de un sistema que llevó a la isla a la bancarrota total.

Pero también hay personas que no niegan la elocuencia y capacidad de convicción del emblemático dictador, a quien consideraron un hombre de mente brillante, que supo meterse en el bolsillo a los mandatarios de disímiles naciones, especialmente de Latinoamérica, con su política anti Estados Unidos. Un hombre que supo satisfacer sus particulares intereses y tuvo la habilidad de someter a sus designios a países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros en el continente, algo así como un pez chico que se comió a los peces grandes.

Muere Fidel Castro, Instanews especial

En efecto, Cuba ha marcado el derrotero de Venezuela, en tiempos recientes, lucrándose de un chorro de petróleo que terminó arruinando las antiguas finanzas sólidas del país del Libertador, que, valga la aclaración, no es Hugo Chávez sino Simón Bolívar. Por ello, los venezolanos en Miami también celebran la muerte de Castro, confundiéndola con el deseo de que el chavismo, con Maduro a la cabeza, tengan pronto la misma suerte.

Miami prestó sus arterias para dejar correr los sentimientos de rabia y consternación de un pueblo que ha luchado por abrirse paso en medio de grandes dificultades. ¿Cuánta gente murió fusilada por las balas asesinas del régimen castrista? ¿Cuánta gente ha perecido por inmersión en el Estrecho de la Florida? A Fidel no se le perdonan muchas cosas, pero quizá lo que más golpea el corazón los cubanos es el fraccionamiento de la familia. Noventa millas separan al hijo del padre o a la nieta de aquella abuelita que crio a los suyos con arroz y frijoles negros porque no había dinero para carne. Noventa millas muchos desean que sea la profundidad de la tumba donde difícilmente hallarán descanso los restos del opresor.

Reza un dicho popular que “nadie debe alegrarse del mal ajeno”. Sin embargo, en este caso la lógica que se deriva de una estela de hechos dolorosos no daría pie para un sentimiento distinto. Nadie que haya sufrido los embates de un sistema milimétricamente calculado para tener el control del aire que se respira y de los pensamientos que llegan a la mente de los opositores puede estar triste en estos momentos. Y, en esencia, eso es lo que se ha observado en Miami, la ciudad cuyo crecimiento y desarrollo atribuyen al ingenio del cubano emprendedor y pujante.

De tal suerte, los nacionales de la isla de Cuba en el exilio no dejarán de regocijarse con la muerte de Fidel por pensar en lo que están sufriendo en el seno de la familia del dictador. El puente festivo de Thanksgiven sirve de excusa para continuar una celebración que no se asemeja ni guarda proporción mínima con los 57 años de sinsabores en el paladar de un pueblo ávido de un buen gobierno, en donde los derechos humanos se respeten y la libertad de expresión sea garantizada por la Constitución.

Ahora la diáspora cubana queda a la espera de la caída definitiva del régimen castrista. La muerte de Castro es un primer peldaño en la escalera que debe conducir al triunfo de la verdadera revolución de las ideas en un contexto democrático.

Bien lo dice Willy Chirino en una de sus magistrales composiciones: “Y pese a la distancia y el ataque del rígido almanaque, yo vivo con la suerte de sentirme cubano hasta la muerte, de ser amante de la libertad. Hoy que mi pueblo vive ilusionado, yo me siento inspirado y un son estoy cantando anunciándoles a todos mis hermanos que nuestro día ya viene llegando”.

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