Por María Matienzo Puerto - DIARIO DE CUBA

El pueblo "de luto" salió a despedir la urna de Fidel Castro, pero había camiones de policías vigilándolo, haciendo el recorrido por una ruta paralela de la capital cubana.

Los cubanos que acudieron a la despedida son los mismos que reciben un salario miserable y no pueden cenar en un restaurante o planificarse unas vacaciones ni fuera ni dentro de Cuba; los que cuando se compran un par de zapatos tienen que usarlos hasta que se les rompen en los pies; los que aspiran a tener una familia en el extranjero que les mande dinero; los que tienen que comprar en los mercados desabastecidos; los que para comprar detergente tienen que contar los quilos; los que no tienen necesidad de comunicarse por internet porque no la conocen; los mismos que tienen que comprar la leche para sus hijos en la bolsa negra; los mismos que se visten de contrabando; los mismos que tienen a la familia dividida en cuantas orillas tenga el mundo disponibles; los mismos que, terminado el paso del cortejo, tuvieron que irse a sus trabajos en lo que encontraron, porque el transporte público, una hora después, no se había reactivado.

"Yo vi mucha gente trabajadora", dice Daniel. "También había niños y, en los que menos confío, los jóvenes universitarios".

"Es que me cuesta mucho pensar que gente joven piense así de un tipo del que ellos saben muy poco. Me cuesta trabajo pensar que después son los mismos que están locos por irse del país", señala.

"Aunque no pude acercarme porque era demasiada la gente, al menos cumplí con él y le presenté mis respetos", dice una señora que lo vio pasar por el parque Fábrica, en Luyanó.

Adrián dice que siente un vacío enorme. "No me preocupa que lo que suceda después sea bueno o malo, sino la magnitud que pueda tener para superar las dimensiones de la muerte de Fidel", y no quiere que lo malinterpreten, porque él está seguro de que no le debe nada a "ese señor".

"¿Cuántos años de espera han sido? ¿Cuánta la expectativa de lo que iba a pasar cuando muriera Fidel? En muy poco tiempo creo que hemos tenido dos decepciones muy grandes", comenta y enumera: "Primero, las relaciones con los Estados Unidos, que han sido un fiasco total en el que ni los americanos lo han dado todo, ni los cubanos han hecho suficiente, y lo segundo, ésto: tanta gente diciendo que brincaría en una pata, que descorcharía champan, y al final a todos nos ganó no sé bien qué".

Algunos asistieron al sepelio por accidente. Una trabajadora de La Pradera comenta que ella y sus compañeras lograron salir de su trabajo porque un carro las adelantó hasta Pabexpo, de allí fueron caminando hasta L y 23, frente a Coppelia.

"Y a las 7:30 estábamos aquí, así que participamos y ya, pero estoy loca por llegar a la casa".

Toda la ciudad en los funerales

Desde el día anterior, toda la ciudad quedó involucrada en los funerales. Pasado el desfile frente a las fotografías que se expusieron para que se le rindiera homenaje al difunto, la ciudad quedó paralizada. No hubo transporte público y el Gobierno mandó a cerrar los negocios, aunque finalmente cerraron los de La Habana Vieja, los de la avenida 23 y otros grandes como el complejo bar, panadería, restaurante Viky, que imprimió un cartel convocando a sus clientes a asistir a la Plaza al "acto de masas" con presidentes extranjeros.

Las calles 23, Paseo y Zapata estuvieron cerradas hasta las 12:00 de la noche. La gente se aglomeraba en las esquinas intentando montarse en lo que encontraba para llegar a sus casas. Y las guaguas vacías ocupaban dos líneas en una misma senda desde la esquina de L a 12 y 23. Choferes y el resto del personal de transporte esperaban tirados en las aceras, dentro de los vehículos aparcados o en los establecimientos del Estado, que aunque cerrados habían prestado sus sillas a quien pudiera necesitarlas.

Uno de los choferes aseguró que a las 3:00 de la mañana habría otra transportación masiva de personas para el cortejo.

Un botero dijo que en la calzada del Cerro "no se salía de un embotellamiento para entrar en otro".

"Lo único transitable es Línea, el resto es una locura, parece que mucha gente prefirió no salir a tener que enfrentarse a esto", y con "la gente" se refería a los demás boteros.

La paranoia era general. "En Malecón tú no sabes en quién confiar", dijo "Cogelotuyo", quien distribuye connectify en San Rafael.

Algunos negocios de La Habana profunda siguieron funcionando. Los que distribuyen series y novelas o el Paquete Semanal no cerraron, pero "se hizo muy difícil encontrar queso o cambiar dinero fuera de la CADECA", cuenta Yunaysi a quien "la noticia" la cogió "movida".

"Me cogió sin leche y sin queso para la merienda del niño y sin mucha comida para la casa. Por poco, más que luto, tengo que hacer huelga de hambre", dice.

"Desconsolados, claro que tenemos que estar desconsolados, si no se puede tomar alcohol ni hay nada en la televisión que valga la pena", dice Clarita, de 37 años. "En la funeraria cubana nunca faltan el ron y los chistes sobre las cosas que hizo el muerto, y esta gente quiere que seamos más ceremoniosos que nunca".

Por eso no es difícil encontrar a los alcohólicos habituales intoxicados como si no hubiese habido prohibición alguna, o algún que otro sonido de lata de cerveza en la oscuridad de un parque.

No obstante, muchos creen que hay que ser justos y recordar "cuánto se le debe" a Fidel Castro.

"Los deportistas le deben, los negros le debemos", dice un hombre que acudió a ver pasar el cortejo aunque nadie le dijera que tenía que ir.

Para otros, ese tipo de comentario está incompleto. Una joven mulata cree que "no le debe nada a Fidel", sino a su madre "que casi se muere de hambre en los noventa".

"Además, el coeficiente de inteligencia y la voluntad son míos", agrega.

Pasado el féretro, las expectativas son muchas. Pedro Pablo, secretario docente de una escuela primaria, cree que "ahora quizás podamos llegar un día a montarnos en un crucero".

Pero una escritora que prefiere mantenerse en el anonimato piensa que lo que "se nos avecina es peor". Cree además que "se acentuará la ola de censura que ya se está viviendo en el teatro, y más con los rumores que hay por ahí de un Tony Guerrero [uno de los cinco espías] como futuro ministro de Cultura".

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