QUITO.- La capital ecuatoriana, Quito, ha reforzado la lucha contra el acoso sexual con la ampliación de una campaña para proteger a las víctimas en el servicio de transporte público, que hasta ahora ha dejado a cuatro personas sentenciadas con penas que van de uno a tres años de cárcel.

Hija de alarmantes estadísticas realizadas por ONU Mujeres hace dos años, "Bájale al acoso" nació tras conocerse que el 81 % de las mujeres considera haber sido acosada o vulnerada en el transporte público y el 91 % en el espacio público en general, según la presidenta del Patronato municipal San José, María Fernanda Pacheco.

Pachecho dijo a Efe que el transporte público tiene más de un millón de viajeros por día, lo que significa que el 70 % de la población activa usa el transporte municipal.

Aunque las cabinas para recibir denuncias colocadas en ciertas estaciones hace algún tiempo dieron resultado, vieron que por lo delicado de la situación, por falta de tiempo, por el temor y por vergüenza, las víctimas no siempre acudían a presentar la denuncia. Hubo 400 en más de dos años.

Ahora la palabra ACOSO y el número de la unidad en un mensaje de texto gratuito por el móvil al número 6367 llega a una central de operaciones que se comunica inmediatamente con el conductor del autobús y se activa una alarma.

Mientras los altavoces lanzan: "Este momento, se ha registrado una situación de acoso sexual dentro de esta unidad de transporte. Solicitamos a los pasajeros mantenerse alerta y respetar a quien se encuentra a su lado", el centro de operaciones llama al recaudador de la próxima estación -distantes unos cuatro minutos unas de otras- y a la Policía metropolitana.

A la par, la central llama a la víctima para conocer sus acciones a seguir: no avanzar en procedimientos legales, desembarcar de la unidad y en el próximo punto ser acompañada para colocar la denuncia ese momento o si desea hacerlo más tarde.

"Lo importante es que hay un seguimiento. En promedio estamos tardándonos 58 segundos para devolver la llamada de la persona que haya hecho el reporte", comentó Pacheco que apuntó que se han registrado ya 560 casos denunciados por mujeres, y de ellos 24 han llegado a instancias judiciales.

Al momento, un ecuatoriano de 67 años, que frotó su órgano viril erecto en las nalgas de una mujer de 47, cumple un año de cárcel, igual pena que purga un colombiano de 42 años que eyaculó sobre la pierna de una usuaria de 16 años de edad en el transporte.

El controlador de una unidad de transporte que tocó los senos y glúteos de una usuaria de 39 años, cumple 14 meses de cárcel, mientras que se encuentra en apelación una sentencia de tres años contra un sujeto de unos 35 años que apoyó su pene en las nalgas de una mujer de 22.

El sistema, en funcionamiento desde marzo pasado, está colocado en 120 autobuses, prevén extenderla a 220 unidades del transporte público del Ayuntamiento e, incluso, abrir más tarde la posibilidad de denunciar posibles casos en taxis a través del mensaje de texto.

Pacheco se lamentó de que se asuma "como normal" los comportamientos de acoso. "En nuestra ciudad está absolutamente naturalizado", dijo y,"eso tiene una consecuencia directa" en las estadísticas al alza de femicidios "ya que comportamientos así en el transporte público apoyan a otros de violencia en espacios privados", sostuvo.

Por ello ve indispensable un cambio de comportamiento, que los casos lleguen a la Justicia y saluda que con la alarma en los autobuses, además, se promueve una conciencia ciudadana y una sanción social, que el entorno se dé cuenta de lo que está sucediendo.

"El 63 % de los casos reportados de acoso, nos han comunicado que el entorno se daba cuenta y nadie hacía nada", reveló al comentar que ello ocurre "porque está naturalizado, en gran parte, o porque están muy apurados o porque no quieren entrar (involucrarse)".

Pacheco, para quien lo importante es que la ciudadanía se involucre para romper los círculos de violencia, asegura que la llamada desde el centro de crisis en respuesta al mensaje de la víctima está encaminada al "acompañamiento" y la "protección.

Y, mientras la alarma genera un cambio de actitud entre los ocupantes del autobús, unas cinco o seis personas, psicólogos entre ellos, atienden al afectado: hombre o mujer, que ve en los autobuses mensajes como: "Si te toca sin permiso", "si te mira y te incomoda", "si te dice groserías", repórtalo y "bájale al ACOSO!".

FUENTE: EFE

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