Por Rolando Alum Linera
ralum@pitt.edu

Se avecina otro 20 de mayo, marcándose este año el 115to aniversario de la instauración de la República Cubana. El régimen castrista y el exilio opositor celebran varias fechas patrias similares, excepto ésta. Típico de las dictaduras, la de los hermanos Castro pretende re-escribir la historia –como lo hiceron los hermanos Trujillo en República Dominicana (1930-1961)– tratando de justificar su tiranía anacrónica; y el primer presidente cubano, don Tomás Estrada Palma (1835-1908), fue víctima temprana del revisionismo "socialista” post-1959.

Afortunadamente, la Dra. Margarita García, profesora universitaria en Nueva Jersey, corrige el legado de don Tomás en Antes de Cuba Libre: El Surgimiento del Primer Presidente Cubano, Tomás Estrada Palma (Editorial Betania, 2015). Ya también disponible en inglés, la biografía se basa en investigaciones en archivos en diversas localidades de EEUU, Europa y Centro-América, incluyendo entrevistas a algunos de los descendientes de don Tomás (ver: www.antesdecubalibre.com).

Estrada Palma se incorporó a los alzados anticoloniales del Grito de Yara (1868) en su nativa Bayamo, llegando a la presidencia de la República en Armas durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878).

Capturado por el enemigo, fue encarcelado en España y liberado después del Pacto del Zanjón. Viajó entonces a Honduras, organizando allí los servicios hospitalarios, educacionales y de correo. Además, contrajo matrimonio con la hija de un expresidente hondureño, Genoveva Guardiola (quien en 1902 devino en la primera "Primera Dama" de Cuba).

Al colapsar bajo presión militar el gobierno del presidente liberal Marco Soto, que lo protegía, don Tomás se marchó a Nueva York, instalándose en Central Valley, al norte de Manhattan, donde dirigió un colegio privado. Varias calles siguen aun nombradas en su honor en ese pueblito, adonde García organiza "peregrinaciones" desde Union City/West New York, la "capital" de los exiliados contemporáneos en el área metropolitana de NewYork-New Jersey, en donde, por cierto, ya puede leerse la nueva edición semanal del DIARIO LAS AMÉRICAS.

Al caer José Martí en combate el 19 de mayo de 1895, Estrada Palma lo sucedió como líder del Partido Revolucionario Cubano, dirigiendo un cabildeo internacional pro-Cuba Libre portentísimo durante la Guerra de Independencia (1895-1898). En 1901, el Gobierno Interventor Estadounidense (1898-1902) que siguió a la breve Guerra Hispano-Cubana-Americana convocó a elecciones. Renuentemente, don Tomás accedió a aspirar a la presidencia. Oponiéndosele, se presentó el General Bartolomé Masó, quien retiró su candidatura a última hora alegando fraude electoral premeditado.

La propaganda oficialista todavía elogia a Masó y demoniza a Estrada Palma como un “títere de los Yanquis”. Pero en mis lecturas para mejor evaluar el libro de García, me entero de que era Masó quien cobraba un salario del Gobierno Interventor. Además, entre los éxitos de su gestión presidencial, se encuentra el limitar el número de bases navales, de las siete exigidas, a solo Guantánamo. También logró el reconocimiento de la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos, que ciertos norteamericanos codiciaban, pleito que provocó que se declarara al embajador estadounidense persona non grata.

El libro de García concluye cronológicamente con la inauguración presidencial de don Tomás el histórico 20 de mayo. No obstante, admite que él violó su propia promesa de no re-elegirse, lo que produjo la Segunda Intervención Estadounidense (1906-1909) bajo la invocación de la polémica Enmienda Platt (que, como él predijera, fue abrogada más tarde mediante negociaciones bilaterales).

Consideremos que bajo su gobierno, evaluado como el más honesto de la república (1902-1959), no hubo persecuciones religiosas, quemas de libros, confiscaciones, comités de vigilancia, paredones, exilio en masa, balseros desesperados, etc. Efectivamente, al reverso de la Cuba de hoy –de donde huyen miles constantemente– era una república apenas naciente que, a pesar de sus contratiempos e incógnitas, le abría los brazos a torrentes de inmigrantes que dejaban atrás países menos prometedores. Esa debe ser una prueba esencial del concepto Popperiano de la “sociedad abierta” al re-evaluar el legado de don Tomás Estrada Palma este 20 de mayo.

Dedicado a la memoria de mi padre, el Dr. Rolando Alum García (1912-2017) y la de sus dos tíos Mambises –mis tioabuelos– Federico Alum Sotolongo y el Cap. Emilio García Rizo

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