SYLVIA CÉSAR/DLA

La respuesta del Gobierno de Dilma Rousseff ante el viaje fallido de los senadores brasileños a Venezuela no es lo único que resulta insatisfactorio al público brasileño sobre su presidenta; de hecho, el Gobierno del Brasil pierde popularidad cada vez más, y gana fama de ser corrupto.

La mandataria de Brasil, su padrino político Luis Inacio Lula da Silva y otros miembros del Partido de los Trabajadores (PT) han sido acusados de casos de corrupción, sobre todo en la administración financiera del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES) y la disposición de ayudar con ingresos de megaempresas brasileñas a Gobiernos como el de Hugo Chávez y los hermanos Castro. Se destacan los casos de financiamiento del puerto Mariel en Cuba, la hidroeléctrica de Cambambe en Angola y tramos del metro de Caracas, por sus cuestionables montos y asignaciones de crédito. Sin embargo, los detalles de estos casos se desconocen, pues están protegidos por el secreto bancario de la banca estatal de Brasil. La oposición intentó el mes pasado llevar a cabo una ley que eliminaría este secreto bancario, pero la presidenta Rousseff lo vetó con el argumento que la ausencia de la medida de secreto “perjudicaría la competitividad de las empresas brasileñas en el mercado global”.

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A raíz de los casos del BNDES se ha puesto en marcha la “Operación Lava Jato” por la Policía Federal de Brasil, que busca investigar esquemas de corrupción que implican a Petrobras, la petrolera estatal, y a otras grandes empresas brasileñas en el financiamientos cuestionables, junto con los partidos políticos PT, PMDB y PP. Dicha operación ha logrado el detenimiento de los directores de las compañías Odebrecht y Andrade Gutierrez, lo que ha causado revuelo dentro de la comunidad empresarial en Brasil.

Aunque dentro de estas acusaciones se señalan los Gobiernos tanto de Lula da Silva como de Rousseff, actualmente se han dado rupturas entre los dos políticos, desde que Lula da Silva ha criticado el PT y el actual Gobierno de Rousseff, afirmando que el PT necesita una “revolución interna” para recuperar su identidad. Rousseff, por su lado, ha recibido dura retroalimentación del electorado brasileño, luego que la Folha de S. Paulo publicó los resultados de una encuesta pública. El rechazo al Gobierno de la mandataria llega a un 65%, un nivel jamás alcanzado durante sus dos mandatos; inclusive, según El País, un rechazo de esa altura no se ha dado desde el Gobierno de Fernando Collor de Melo, quien fue destituido de su cargo por impeachment. Analistas de estos resultados afirman que son a causa tanto de las acusaciones de corrupción del Gobierno como por la crisis económica que sufre el país, que a su vez hizo estallar las protestas de junio del 2014.

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Recientemente, la comitiva de senadores brasileños encabezada por Aécio Neves que viajó a Venezuela a apoyar la oposición política y la precisión de fechas para las elecciones parlamentarias vio muchos obstáculos en su jornada. En primer lugar, no lograron siquiera adentrar en Caracas, puesto que la autopista que lleva desde el aeropuerto de Maiquetía a la capital estaba bloqueada, primero por un camión transportando harina volcado en la carretera, y luego por una manifestación de simpatizantes del Gobierno de Nicolás Maduro. Estos manifestantes agredieron verbal y físicamente al vehículo que llevaba a los legisladores brasileños y a miembros de la oposición venezolana, lo que causó que se regresaran al aeropuerto, finalizando su viaje sin fruto alguno.

Mientras que el ministro de Exteriores brasileño calificó lo ocurrido como "inaceptables actos hostiles,” el PT ha expresado a través de Rui Falcao que se han “explotado políticamente” los acontecimientos para comprometer equivocadamente al Gobierno venezolano. Subrayó el PT su deseo de defender la soberanía del país vecino al no intervenir en sus asuntos, y de buscar “una solución pacífica y democrática a los problemas a los que se enfrenta Venezuela." Esta respuesta del partido gobernante ha recibido críticas, pues pareciera confirmar las acusaciones que el Gobierno de Rousseff es simpatizante con aquellos de Cuba y Venezuela.

Según Frank Díaz-Pou, experto en desarrollo en Latinoamérica, el rechazo a Dilma Rousseff demuestra “el gran fracaso de la izquierda democrática en América Latina” puesto que los líderes de la izquierda en Brasil, es decir el PT, “ha prostituido la bandera de la izquierda por ganancia propia,” haciendo referencia a los casos de corrupción.

Por otro lado, la nueva comitiva de senadores brasileños destinada a viajar este miércoles a Venezuela será compuesta por miembros de partidos vinculados con la izquierda de Brasil. Ellos afirman que, a diferencia del grupo de senadores encabezado por Aécio Neves que viajó la semana pasada, su comitiva sí “cumple con los requisitos de neutralidad e imparcialidad que la gravedad del momento delicado requiere”. Díaz-Pou afirma que este nuevo viaje a Venezuela es simplemente una “jugada o maniobra de Lula da Silva para reponer por el show que les montaron a los senadores en el viaje pasado”.

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