Lo que estamos viendo en Venezuela es aterrador. En dos meses y medio de una rebelión ciudadana ya la lista de asesinados por la narco tiranía castrochavista de Maduro y su pandilla suma 90 víctimas. Víctimas que en su gran mayoría son jóvenes que con arrojo y decisión han salido a las calles de ciudades y pueblos de este país harto, pidiendo la salida de quienes además de haber arrasado con todos los recursos económicos que eran muchos, haber saqueado las arcas públicas, entregado la soberanía a la tiranía cubana y pateado nuestros derechos fundamentales, han impuesto un narcoestado con sus capos, sus carteles de drogas, sus redes delincuenciales y sus asociaciones con lo peor de un mundo plagado de sanguinarios terroristas y déspotas.

Vidas segadas por quienes al precio que sea pretenden emular a los tiranos Castro y a su banda de criminales militares y eternizarse en Venezuela como aquellos en Cuba.

Vidas perdidas a manos de una pandilla que componen militares y civiles todos armados hasta los dientes y todos convencidos de que la impunidad les seguirá acompañando. Víctimas que no conforme con haberlas asesinado, sus verdugos manipulan y falsean hasta los informes forenses, pretendiendo así evadir su responsabilidad y culpabilidad: Elvis Montilla, Manuel Sosa y Juan Pablo Pernalete, tres nombres que saco de ese inventario largo, pero que no sacia a las hienas que ordenan desde Miraflores y desde Fuerte Tiuna disparar a matar.

Noventa vidas segadas no parecen ser suficientes para esta pandilla asesina. 90 víctimas en un país donde no podemos permitir que se hable de guerra civil porque eso a quienes beneficia es a los brutales verdugos rojos. No existe guerra civil donde solo un bando tiene armas, y eso es lo que sucede en Venezuela. Esbirros con armamento de guerra disparando contra jóvenes con escudos de cartón donde han escrito la más contundente y hermosa verdad ¡Yo soy libertador!

Y lo son porque ellos han puesto a tambalear esta narcotiranía, ellos han logrado que el miedo se mude... porque ahora él vive en cada chavista abusador, en cada militar ladrón, en esos guardias nacionales asesinos y sádicos. El miedo hizo nido en Miraflores, en Fuerte Tiuna, en ese mamotreto que llaman Tribunal Supremo de Justicia. Habita también en toda morada foránea donde trate de ocultarse un chavista ladrón, un chavista asesino, un chavista narcotraficante, un chavista traidor.

Pero nada es más peligroso que un hampón asustado, por eso les vemos matar sin descanso. Escribo esa última cifra vigente ahora y sé que posiblemente deba cambiarla de aquí a que envíe a la Mesa de Redacción esta columna. Disparan enloquecidos contra jóvenes, contra mujeres, contra mascotas… Han convertido pueblos y urbanizaciones en versiones venezolanas de la mártir Lídice, nombres que la emulan: Los Semerucos, Los Teques, Los Verdes, etc.

En este espacio es imposible colocar todos los nombres de esos muchachos libertadores que han asesinado, pero cuando todo es tan obvio ni falta hace referirlos. Los conocemos, por ellos continuamos la lucha, a ellos ofrendaremos la salida de esta banda de malandros.

Y que se sepa que no son 90 muertos, ni es la Lista Maduro-Vladimir Padrino. Es la Lista Chávez con cada crimen, cada saqueo y el desmantelamiento del Estado, que comenzó desde que aposentó su maldad en Miraflores. Es una lista con cientos de miles de muertos producto de un tiempo espantoso generador de dolor, hambre, desesperanza. Un tiempo que arrancó cuando el hatajo de traidores del 4F le entregó Venezuela a los Castro y a su sanguinaria banda de militares que aterroriza y roba al pobre pueblo cubano.

¡Ah! pero justo el viernes pasado tanto cubanos como venezolanos tuvimos una gran alegría y una sensación de que comienza a haber justicia: Donald Trump fue claro: “No apoyaremos al monopolio militar que oprime al pueblo”, eso refiriéndose a esos gorilas castrocomunistas que controlan vidas y bienes en esa isla esclava y con seguridad también a los que en Venezuela reciben órdenes y han tratado de imponer aquí el mismo espanto. Trump apunta hacia el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), la gran mafia militar y los tenebrosos servicios de inteligencia que controlan toda la economía cubana. Y como a buen entendedor pocas palabras bastan, esas que Trump pronunció en la Pequeña Habana (Miami) son también un escupitajo para Maduro y otro para el generalato asqueroso que confiado –viendo hacia Cuba- ha imaginado que la impunidad acompañaría el saqueo, la masacre, la traición.

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual / www.gentiuno.com

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