SAN JOSÉ.- Agentes del Ministerio de Seguridad y la Cruz Roja costarricense encontraron en una playa del Pacífico costarricense el cuerpo de un niño migrante congolés, de 4 años, que se encontraba desaparecido desde el pasado viernes cuando una lancha sufrió un accidente.

Según la información preliminar, se trata de Samuel Bienga Fernand, el menor que desapareció la noche del pasado viernes en aguas de Bahía Salinas, cercano a la frontera con Nicaragua.

En la lancha accidentada el pasado viernes viajaban 19 migrantes, de los cuales 17 fueron rescatados por las autoridades, uno falleció y el niño hallado, quien estaba desaparecido: 18 congoleses, un etíope, un somalí, dos haitianos, un venezolano, dos ghaneses, un angoleño y tres ceilandeses.

El grupo intentaba burlar los controles policiales de Nicaragua en tránsito por Centroamérica y tal vez rumbo a los Estados Unidos.

El menor congolés era buscado por tierra, mar y aire por cruzrojistas y oficiales del Servicio Nacional de Guardacostas, la Fuerza Pública, la Policía de Fronteras y el Servicio de Vigilancia Aérea.

El equipo de búsqueda se movilizó a pie, en patrullas, en lanchas y en aviones, cuya labor estuvo en parte limitada por las condiciones del tiempo, pues el domingo el avión de Vigilancia Aérea solo pudo sobrevolar la zona durante una hora.

En el caso de los patrullajes por tierra y agua, el personal rastreó las playas y las aguas cercanas al naufragio, desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde, el sábado y el domingo.

“Afortunadamente ya encontramos el cuerpo, está en tierra, estamos a la espera que llegue el OIJ a retirar el cuerpo, una vez que se haga eso entregárselo a familiares y ver luego qué procede”, dijo el comisario Miguel Madrigal, director a.i del Servicio Nacional de Guardacostas.

Los 31 migrantes llegaron a Costa Rica desde Panamá y fueron ayudados con la entrega de un ingreso regulado y atención humanitaria.

Peligros

De hecho, los inmigrantes están autorizados para transitar por el territorio nacional costarricense, aunque generalmente permanecen en un albergue abierto, ubicado cerca de la frontera nicaragüense.

Los inmigrantes han ideado rutas marítimas peligrosas, precisamente para evitar otros riesgos al pasar por territorio nicaragüense, como violaciones, asaltos y agresiones físicas de parte de vándalos o traficantes de personas; según el relato de los propios migrantes.

Muchas veces son atrapados por autoridades nicaragüenses que los devuelven por la montaña y sin ningún protocolo hacia Costa Rica; lo cual puede resultar una violación a sus derechos humanos, según autoridades locales de la Municipalidad de La Cruz.

A inicios de agosto, en una playa del Pacífico nicaragüense aparecieron flotando siete cuerpos de migrantes haitianos y africanos que buscaban llegar al norte de Centroamérica.

La Policía Nacional y la Fuerza Naval del Ejército nicaragüense recuperaron los cuerpos en frente al balneario de Casares, en el oriente del país.

Hace un año ocurrió una tragedia similar dentro de Nicaragua, cuando aparecieron los cuerpos de ocho migrantes africanos -siete hombres y una mujer embarazada- en aguas del lago Cocibolca, en la boca del río Sapoá, fronterizo con Costa Rica.

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