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@eleonorabruzual

Casi cuatro meses han transcurrido desde que escribí la columna que titulé “El legado de Chávez”. Decía en ella que llevo lustros denunciando a través de mis espacios en Medios de Comunicación nacionales e internacionales (Ahora solo internacionales) los actos bárbaros que día a día se suceden en Venezuela y que muestran la trágica realidad.

Hechos infames que comenzaron no solo desde que el tropero golpista Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela, sino desde que aquel 4 de febrero de 1992 cuando irrumpió a sangre y fuego tratando de tomar el Poder y atentando contra un gobierno democrático y constitucional y buscando asesinar al Presidente Carlos Andrés Pérez, a su esposa Dña. Blanca Rodríguez de Pérez y a sus hijos y nietos. Desde ese momento, hace ya más de 24 años, como venezolana, como esposa y madre, como periodista comenzó mi angustia al constatar que eran muchos los que aplaudían aquel acto infame y lo apoyaban desde un rol de demócratas que realmente usurpaban de la manera más amoral. Mal llamados “Notables” que simplemente mostraban la complicidad que nacía de resentimientos personales y la mezquindad de conducir a una nación al despeñadero que cualquier montonera acarrea, todo por cobrar una destitución de un cargo, una animosidad bajita, la ambición al pensar que los troperos acaudillados por Chávez les llamarían a compartir Poder y a asesorar a los que pensaron que les cautivarían llevándolos a sus casas, a sus clubes, a sus lujosas oficinas, sin percatarse que esa banda malandra no necesitaba de eso, porque el plan era adueñarse de Venezuela.

24 años que se han dejado correr y cuyo saldo es ruina, hambre, desolación, éxodo, muerte… 24 años que a cualquier persona sensata y honesta de verdad tiene que desesperar ya que solo demuestra que hay muchos en ese liderazgo opositor que poco les importó e importa ahora el destino de millones que transitan la tragedia roja que ha convertido nuestras vidas en un calvario al que no se le ve final. Paciencia criminal mostrada por aquellos que realmente nada les duele que más de 100 venezolanos se estén pudriendo en mazmorras infectas pagando el horror de ser presos de conciencia del chavismo abyecto. Que hablan de “Paz” y calma porque no son ellos los que tienen la cabeza llena de pústulas con gusanos, como es el caso de Vasco Da Costa un preso político que está siendo devorado vivo por ellos…

Y centrándome –como ya lo decía hace meses- en estos más de 17 años viviendo acosados por una banda delincuente, que asesorada y monitoreada por los dos hampones cubanos, los tiranos Fidel y Raúl Castro, nos ha arruinado Venezuela, tanto moral como económicamente, me sigue enervando escuchar hablar de “El legado de Chávez”, escucharlo hasta de Lilian Tintori y de mucho autonombrado líder opositor. De Lilian que lo padece en carne propia y lleva años transitando la tragedia que arropa a su marido, a sus pequeños hijos y a toda la familia López Mendoza.

Rabia imposible de contener cuando unos irresponsables (Lo más suave que puedo decir de ellos) llama “Legado” lo dejado por ese hampón que fue Hugo Chávez. “Legado” que comprende un pueblo prostituido, una fuerza armada integrada por violadores de la Constitución, los Derechos Humanos y las leyes. Una caterva de delincuentes en cargos de gobierno, gozosos de la impunidad que les protege. Muchos somos los que ante esto nos domina la ira y nos atrapa la decepción porque como asegura un venezolanos probo y capaz como Erik Del Bufalo, filósofo y docente universitario: “El daño cultural que cometió Chávez a nuestra sociedad será el más difícil de reparar; terrible pedagogía social reivindicar su figura”.

Rabia cuando a diario constato que ese liderazgo opositor es implacable e intransigente con la crítica de los que con nuestros votos les hemos llevado al poder legislativo, que marchamos hasta que sus errores nos colman, que ya es imposible seguir callados cuando frente a millones de seres desesperados restriegan la cómplice indulgencia con la corrupción. La asqueante paciencia frente a casi dos décadas de chavismo ruin que mata de hambre y enfermedad, que prostituye más y más a una masa de gente convertida hoy en delincuentes unos y mendicantes otros. Haciendo que nos decepcionemos y desesperemos hasta querer abandonarlo todo y tomar los caminos del éxodo. Inocultable realidad que solo me lleva a decir como lo hace Joan Manuel Serrat en su canción “Vagabundear”: Harta ya de estar harta, ya me cansé de preguntarles porqué y porqué…

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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