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/@eleonorabruzual

Aunque lo he dicho muchas veces, es necesario repetirlo ya que para muchos la miseria venezolana es incomprensible porque el hecho de ser un país petrolero sigue tapando el destrozo que a él y sus habitantes ha hecho esta banda castrocomunista que ya lleva 18 años en el gobierno y pareciera contar con un buen número de colaboradores que trajeados de opositores unos y amigos de la paz otros, continúan atornillándoles al Poder y aniquilando día a día la dignidad tan indispensable para luchar por la libertad.

Millones no tienen empleo en Venezuela, millones son ya los que desesperados salen a hurgar en las basuras esperando la buena suerte de conseguir un muslo de pollo con algo que roer o un hueso con un poco de carne todavía… Millones los que se pelean con los perros callejeros, con las aves de rapiña a ver quién se queda con lo mejor de la carroña. Millones los que ya dejaron de ser ciudadanos para integrar ese mazacote humano que los comunistas llaman pueblo y que componen los mendicantes, los resignados, los que se encargan de dejar en claro que el hambre les borró la dignidad porque ésta no logra convivir con el gruñido de las tripas, no tiene espacio en un cuerpo con el estómago pegado del espinazo y algo cae cuando no le creas problemas al tirano; algo, un pellejo, una yuca o un plátano, un medicamento vencido y todavía muchas promesas que aunque saben que son las mismas que nunca les han cumplido les adormecen para que les parezca chévere ver a un pillo sinvergüenza bailotear con la mujer en un circo malo que a ellos y su banda le sigue sirviendo a sus planes.

Y siendo esta la realidad cotidiana de mi país, leo en un titular: "Oposición venezolana amplía exigencias para el diálogo y afina su reestructuración" y de inmediato me pregunto: ¿Me río o me pongo a llorar? Me río de tanto zoquete al que saben engañadizo, me río de los que aun viendo el tamaño de la burla todavía les dan más chance o me pongo a llorar por una Venezuela donde pocos de esos que con nuestro voto llegaron a un legislativo que el ciudadano logró arrebatarle a la peste roja ni siquiera son capaces de confrontar a esa caterva de hampones en funciones de gobierno sobre resultados -por ejemplo- de aquella indigna misión que lanzó el delincuente Hugo Chávez finalizando el año 2011 y que llamó “Gran Misión los Hijos de Mi Pueblo Venezuela”. Una asquerosa degradación del pobre y en especial de las mujeres de ese estrato socioeconómico al que engolosinó ofreciéndoles que si las preñaba el hombre de turno, recibirían como dádiva del Estado que por supuesto era el milico felón, la cantidad de 430 bolívares.

¿Se imaginan lectores tamaña vileza? 430 bolívares para que siguieran pariendo niños de la calle, carne para las bandas juveniles, para el hamponato, para la degradación del ser humano. 430 bolívares por cada embarazo que vino a aumentar la estadística de nacimientos que en los años 2010 y 2011 manejaba oficialmente un régimen experto como el cubano en maquillar cifras y mentir sobre tragedias sociales y que registraba -según el castrochavismo- 591 mil neonatos de los cuales 130 mil salían de vientres de madres entre los 15 y 19 años y también de madres menores de 15 años unos 7 mil 768.

7 años han trascurrido desde que aquel destructor del país y de la dignidad de su gente instauró semejante canallada, 7 años que dijo: “Uno sabe lo que es venir desde abajo con ese familión y no es justo con tanta riqueza que hay en Venezuela. Tiene que llegar el día en el que no haya pobreza, ni miseria en el país, ni un niño pobre sufriendo”. Él sabía lo que era “Venir de abajo” y supo terminar mil millonario tras saquear las arcas del Estado. Él sabía que solo sembraba más miseria, más degradación, más indignidad… Él sabía que esos neonatos serían –como lo son- más niños en las calles mendigando mendrugos, hurgando basuras, muriendo de hambre y mengua… El conocía muy bien lo que estaba haciendo, porque sobre esa pobre gente degradada y envilecida basó sus ambiciones.

Y 7 años después, hoy cuando esta peste roja cumple 18 años en el Poder millones de venezolanos están desempleados, y los pocos que tienen un empleo y devengan sueldo mínimo reciben 40.638,00 bs. mensuales, poco más de 12 dólares, pero un kilo de leche en polvo para alimentar a esos niños hambrientos y a otros que nacen cuesta 9.800,00 bs. o sea 3 dólares, la cuarta parte del sueldo. Por eso sin duda prohibirle el alimento a un niño como hace el chavismo es “mala leche”, ajeno a que la leche sea vital…

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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