CIUDAD DE MÉXICO.- Fidel Castro siempre tuvo un sentido especial de la historia. También para su muerte. La fecha coincidió con el aniversario exacto de la partida del yate "Granma" desde México, el 25 de noviembre de 1956, para iniciar la Revolución Cubana.

Fue una odisea accidentada. Fidel Castro y sus revolucionarios, una tripulación de 82 personas, entre las que estaban Raúl Castro, Ernesto "Che" Guevara y Camilo Cienfuegos, se la pasaron vomitando y casi se hunden en el golfo de México después de salir del puerto mexicano de Tuxpan.

Castro, que vivía desde hacía año y medio exiliado en México preparándose para derrocar al dictador Fulgencio Batista, tuvo que acelerar los planes de partida porque un soplón estaba pasando datos a la Policía y porque acababa de sufrir dos deserciones que podían poner en riesgo sus planes.

Convocó de urgencia a sus hombres, dispersos en distintas casas de seguridad, y a la 01:30 de la madrugada del 25 de noviembre de 1956 zarparon con las luces apagadas y agazapados desde el oriente de México.

El yate "Granma" ("abuelita"), que hoy está expuesto en La Habana, era una destartalada embarcación de recreo de poco más de 13 metros de eslora y con capacidad máxima para 25 personas, que había quedado dañada por un ciclón. Su dueño, un estadounidense, se los vendió por 15.000 dólares.

Todavía no había sido reparado del todo cuando se decidió la partida. Según relató Castro, tuvo que dejar en tierra a varios de sus hombres porque no entraban y eligió a los más flacos para que cupieran más.

Hubo una primera selección en función de la experiencia y el entrenamiento, pero como quedaban todavía 15 en igualdad de condiciones, optó por los más delgados.

"Los escogimos por el peso y el tamaño. Los más chiquititos de toda la tropa fueron al final escogidos y se quedaron tres o cuatro gordos. Esos no vinieron", contó. El yate zarpó de todas maneras sobrecargado de hombres sin experiencia como marineros, con armas, gasolina, agua y comida.

Según relató el "Che", la orden de partida les llegó de golpe. "Todos tuvimos que salir de México tal como estábamos, en grupos de dos o tres. Teníamos un traidor entre nosotros, y Fidel había ordenado que no bien llegara la orden había que salir con lo que se tuviera a mano".

Los primeros dos días se la pasaron vomitando por la agitación del mar y sacando con cubetas el agua que se filtraba al interior del yate. "Imagínese una maceta pequeña repleta de semillas, flotando en el mar revuelto", describió hace unos años el timonel de la nave, Norberto Collado. "Fue casi infernal".

Durante la travesía se desviaron de ruta, el "Che" tuvo un fuerte ataque de asma pero no llevaba medicamentos y el piloto, Roberto Roque, cayó al agua tratando de divisar la luz del faro de Cabo Cruz, en la costa del sur de Cuba.

"La noche antes de llegar un compañero, en una noche oscura, muy oscura, cayó al agua. Y aquello nos obligó a nosotros a estar entre media hora y tres cuartos de hora buscando tesoneramente a ese compañero hasta que apareció", contó Castro en 1963.

El viaje demoró siete días y cuatro horas, más de lo previsto, y llegaron el 2 de diciembre a una zona de Cuba distinta a lo que pensaban, en medio del fango. Para entonces un levantamiento en Santiago de Cuba que iba a servir como maniobra de distracción ya había sido sofocado. Eso complicó los planes que tenían y Batista los estaba esperando.

"Más que un desembarco esto es un naufragio", diría Juan Manuel Márquez, el segundo jefe de la expedición. Apenas empezaba la historia. La revolución triunfaría dos años más tarde: en la Nochevieja de 1958 Batista partió al exilio. Y el 8 de enero de 1959, Fidel Castro entró triunfante en La Habana.

FUENTE: dpa

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