Del portaaviones al submarino. Mientras el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) afirma que sus candidatos a las elecciones regionales del domingo 15 de octubre “son los de Chávez”, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) señala que los aspirantes rojos son, en realidad, los hijos del presidente Nicolás Maduro.

A diferencia del PSUV, la oposición trata de “madurizar” la campaña para que los oficialistas carguen con la pesada losa del descrédito y el rechazo que provoca el Jefe de Estado en la opinión pública. Una encuesta realizada a principios de septiembre por Ratio UCAB - Asesor País señala que 77,1% de los venezolanos comparte una evaluación negativa de la situación que enfrenta Venezuela, y 72% está “muy insatisfecho” con la actuación del Ejecutivo nacional.

El sondeo realizado por Ratio UCAB - Asesor País arroja que solo 31,9% confía en la Presidencia de la República. Si bien esa es la mejor valoración entre las instituciones vinculadas con el régimen chavista, se encuentra muy por debajo de la Asamblea Nacional (44,6%) y hasta de la MUD (40,8%), pese a los descalabros sufridos durante las últimas semanas por la coalición opositora.

Otros estudios que maneja la disidencia reflejan que 66,2% considera que Maduro debería culminar su mandato este mismo año, 20,7% admite que complete todo el periodo y entregue en 2019 –tal como lo pauta la Constitución– y apenas 8,4% votaría por su reelección para que se mantenga por seis años más en Miraflores.

Con estos números en la mano, la Unidad ha resuelto ponerle el bigote a todos los abanderados del PSUV, para que los electores los asocien con quien sería el culpable del hambre, la violencia criminal, la escasez de medicinas, la inflación, la corrupción y el resto de las plagas que hoy sacuden a la República Bolivariana.

Ni uno menos

La oposición enfrenta a dos enemigos poderosos: el régimen chavista y la abstención. El éxito de la Unidad depende de su capacidad de movilizar a los votantes. Si la gente se queda en su casa y no expresa su descontento en las urnas, el mapa continuará siendo rojo.

Ratio UCAB - Asesor País indicó que a principios de septiembre –antes del inicio formal de la campaña– 68% de los electores manifestaba su disposición de participar en las regionales. La mayoría (52%) se inclinaba por los candidatos de la MUD, mientras que 27% prefería la oferta del PSUV y 21% evitaba desvelar sus preferencias.

Desde que el régimen chavista llegó al poder en 1999, se han celebrado cuatro comicios regionales con los siguientes porcentajes de abstención: 2000 con 43%, 2004 con 54%, 2008 con 35% y 2012 con 46%. El proceso de 2004 se vio impactado por el desánimo de la base opositora, que venía de salir derrotada en el referendo revocatorio en medio de denuncias de fraude. Sacando provecho de esa situación, Diosdado Cabello venció a Enrique Mendoza en el estado Miranda y confirmó el triunfo arrollador del oficialismo.

El resultado de diciembre de 2012 estuvo claramente influenciado por las presidenciales que se llevaron a cabo en octubre. La reelección del difunto comandante Hugo Chávez generó una especie de efecto avalancha que aplastó a la disidencia, que apenas sobrevivió en tres entidades (Miranda, Lara y Amazonas) y perdió las gobernaciones de Zulia, Táchira, Carabobo, Nueva Esparta y Monagas.

La Unidad llega a esta medición de 2017 en un momento complejo, con su liderazgo severamente cuestionado y las heridas abiertas tras las protestas que se llevaron a cabo entre abril y julio, que concluyeron con un saldo de más de 130 muertos. A pesar de todo el sacrificio de estos meses, el cambio aún no llega, Maduro instaló su Asamblea Constituyente y ahora le toca a la disidencia levantar a sus decaídos simpatizantes para encarar la inminente batalla electoral.

Próximo paso

Y allí está otra de las claves de la estrategia para vencer al régimen chavista: presentar los comicios regionales del 15 de octubre como una continuación de la lucha que desarrolla el pueblo venezolano para recuperar la democracia. Partiendo de esta premisa, el voto se convierte en una expresión de rebeldía contra la “dictadura” y un instrumento de protesta para castigar a los responsables de la crisis.

“No estamos en ninguna fiesta electoral. Estamos frente a un pueblo con hambre. Vamos a votar para protestar contra el hambre, la inseguridad, la inflación, la falta de salud y la indolencia del régimen. Vamos a votar porque toda la lucha, protestas y lo vivido, obligó a Maduro a tener que finalmente convocar a elecciones”, declaró el alcalde Gerardo Blyde, coordinador del comando de campaña nacional de la Unidad.

La oposición destaca que repetir un éxito como el alcanzado en las parlamentarias de diciembre de 2015, cuando se alzaron con los 2/3 de la Asamblea Nacional, aumentará la presión sobre Maduro y allanará el camino hacia la transición pacífica, constitucional, democrática y electoral que han propuesto a los venezolanos.

“Vamos a votar porque queremos un cambio profundo en el país y cuando tengamos nuevo Presidente no estará aislado con gobernadores maduristas. Votando lograremos una victoria política descomunal”, sentenció Blyde.

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