Un extraño incidente ocurrido en 2016 en La Habana afectó a diplomáticos estadounidenses, y al menos a un canadiense, que sintieron una repentina pérdida de la audición, entre otros síntomas físicos, dijeron el miércoles funcionarios relacionados con el caso.

Investigadores indagan si elementos del régimen cubano, o fuerzas ajenas a la jerarquía de mando regular en la isla, pusieron aparatos que producen sonidos no audibles dentro o fuera de las viviendas de unos cinco empleados de la embajada estadounidense, con la intención de ensordecerlos.

El gobierno de EEUU aún no señala a ningún individuo o país como responsable del incidente, y tampoco confirma que hayan sido víctimas de un "ataque acústico" con "dispositivos de sonido".

Los diplomáticos afectados y sus esposas comenzaron a sentir síntomas de pérdida auditiva tan graves y raros que se inició una investigación, y se determinó que corrían peligro, por lo que se les permitio regresar a EEUU.

"Todos los seres humanos son vulnerables ante una agresión premeditada con ondas electromagnéticas, así que las consecuencias fisiológicas no se evalúan tanto por la sensibilidad de la víctima como por su capacidad de resistencia a ese estrés dañino", señala un experto en el sitio digital Armas Electrónicas.

El especialista afirma que "la agresión electromagnética mediada con radiofrecuencia se basa en la emisión de infrasonidos de 0.1 Hz a 20 Hz y ultrasonidos a partir de 20 Khz hasta 300 Khz, frecuencias inaudibles pero que impactan en la fisiología del organismo humano, causando trastornos inmediatos y dejando secuelas que pueden manifestarse en un futuro más o menos cercano, dependiendo del estado de deterioro de la víctima".

Según explica, existe "una frecuencia infrasónica (7.8 Hz) que a elevada potencia induce en el cerebro de las personas el pánico más ancestral, el temor inconsciente (…). Estas ondas acústicas de alarma, inaudibles para el oído pero perceptibles en el cerebro, desestabilizan el sistema nervioso provocando ataques de ansiedad, crisis de angustia".

La compañía Scientific Application and Research Associates (SARA), afirma que el infrasonido a un nivel de 110-130 dB causaría dolor intestinal y náusea severa.

En el trabajo titulado "Armas acústicas, una evaluación prospectiva", el científico alemán de la Universidad de Cornnell, Jürgen Altmann, señala que estos sonidos causan vértigo, estrés, visión borrosa, falta de equilibrio y desorientación.

Según Armas Electrónicas, "los niveles extremos de la molestia resultarían a partir de unos minutos de exposición a niveles de 90 a 120 dB en las frecuencias bajas (de 5 a 200 Hz), el trauma y los daños físicos importantes en los tejidos finos en 140-150 dB, y el trauma de tipo instantáneo de una onda de choque en 170 dB".

Altmann asevera que una larga exposición a este tipo de armas es capaz de dañar los órganos mediante la vibración y causar la muerte, sin que la víctima se percate de lo que está ocurriendo.

Armas de esta naturaleza son empleadas por la policía antimotines en varios países para disuadir a manifestantes en grandes protestas, y en buques mercantes contra piratas en altamar.

En los Juegos Olímpicos de Londres, en el verano de 2012, el Ministerio de Defensa ordenó el uso de un cañón acústico LRAD para garantizar la seguridad del evento.

El LRAD, diseñado también en forma de megáfono, puede llegar a 150 decibelios a una distancia de un metro (a partir de 130 decibelios ya perjudica el oído humano).

(Redactado por Jorge P. Martínez, con información de Armas Electrónicas, SARA y Science & Global Security)

FUENTE: MARTÍ NOTICIAS

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