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MIAMI.- Barranquilla, ciudad localizada en la costa Caribe de Colombia, capital del departamento del Atlántico, puede ser uno de los lugares menos solemnes de ese país. García Márquez decía que ahí la fama no duraba más de dos días. En ese territorio, desde hace 50 años, se encuentra la Universidad del Norte, y por sus corredores y aulas, desde hace más de tres décadas, transcurre la vida de su rector, Jesús Ferro Bayona, filósofo de profesión pero optimista por temperamento: “Soy optimista en que, dentro de un tiempo, la gran mayoría de colombianos entenderá que eso que se ha hecho con el proceso de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y lo que se hará, es beneficioso para el país”.

Nació en Magangué, se crió en Barranquilla, estudió en Bogotá (la capital de Colombia) y se especializó en Francia y Alemania. Habla seis idiomas, ve cine por lo menos tres veces a la semana, y todavía le apasiona dar clase. Es una manera de quitarse los rigores de la administración y volver a lo elemental de un educador: transmitir conocimiento.

Se sienta con sus alumnos a hablar de historia, “es una tertulia, no hay exámenes, no es algo acartonado. Hago una exposición en Power Point, de pronto les proyecto una película o un documental. Me divierte mucho”, confiesa con el mismo desparpajo con el que dice que el vallenato que más le gusta es “La gota fría”, un paseo de Emiliano Zuleta, canción escrita en 1938 y convertida en éxito internacional en 1994 por Carlos Vives.

Ferro estuvo de visita en el Estado del Sol porque la Universidad del sur de la Florida (USF), en Tampa, le concedió un premio: el President’s Global Leadership Award, un reconocimiento que da la presidenta de esa universidad, Judy Genshaft, “a los individuos que han hecho un gran aporte a la globalización de la educación superior”, como reza la presentación oficial del premio.

Se siente muy orgulloso, precisamente, de haber sacado a la Universidad del Norte del ámbito local para insertarla en el mundo. En la actualidad tiene convenios con casi todas las instituciones universitarias de la Florida. Desde principios de los años noventa ha habido una relación muy estrecha con USF, existen intercambios académicos, de profesores y estudiantes, quienes pueden llegar a tener dos grados: el de su Alma Mater en Barranquilla y en Estados Unidos.

Hay acuerdos también con la Universidad de Nueva York (NYU), con la de Purdue, en Indiana, y con la de Michigan. Son relaciones académicas, de investigación científica. Por ejemplo en medicina tropical, desarrollan proyectos sobre zika con la Universidad de Georgia; o en arqueología, con el Smithsonian Institution, el sistema de museos más grande de Estados Unidos y del mundo.

Conocer la Constitución

Pero lo que más le interesa en este momento a Ferro es que los exguerrilleros, los desarmados, “se vuelvan productivos, se conviertan en una parte positiva de la sociedad. Ahí es donde entramos las universidades y tenemos un papel muy importante”.

Contó que la institución que preside - y de la que se retirará el 30 de junio de 2018- quiere abrirla a todos esos hombres y mujeres que estuvieron en el momento durante medio siglo haciendo la guerra, y ahora quieren terminar sus estudios. “Queremos ayudar a los desarmados de las FARC a conocer, de manera sencilla, rápida y bien dosificada, de qué se trata un país con una Constitución, con orden. Lo más importante es que los exguerrilleros entren a las instituciones, que puedan llegar al Parlamento, a los ministerios. Ellos son ciudadanos, pueden votar, deben tener un concepto de ciudadanía muy claro, ya no son guerrilleros, son personas que pueden jugar un papel político y productivo”.

No todos en Colombia creen lo mismo. Hay una gran polarización, tanta que los índices de popularidad de su presidente, Juan Manuel Santos, están por el suelo, casi al mismo nivel de la guerrilla desmovilizada. “Lo que llamamos el posconflicto es la parte más compleja del proceso de paz”, recuerda Ferro, quien cree que es normal que haya oposición a esos acuerdos, sobre todo de los empresarios de la agroindustria, los grandes dueños de los cultivos de palma, banano o algodón, o de extensas fincas ganaderas -en departamentos como el Cesar o Córdoba-, quienes fueron víctimas del secuestro y debieron sufrir los rigores de la guerra.

“Hay mucho temor y recelo” precisa Ferro. Sabe que hay gente que se pregunta por qué les dan tantas subvenciones a unos individuos que “le hicieron un daño bélico al país durante 50 años. Pero no podemos seguir mirando hacia atrás. Hay que ver el futuro”.

En La Guajira, departamento localizado en el extremo norte del país, la Universidad del Norte, por un convenio con el Ministerio de Justicia, ha llegado con sus profesores de Ciencias Políticas, Derecho y Relaciones internacionales, a hablar con los exguerrilleros. “Les explicamos en sus campamentos en qué consisten los puntos que más les interesa de la Constitución, qué pueden hacer en materia de derechos humanos, en la parte laboral, y en cómo desarrollar un plan para financiar sus vidas”.

No es un proceso fácil la transición del monte, de las armas, al mundo civil. Ferro opina que se requerirá otro tipo de disciplina, distinta a la militar, “pero por lo que hemos leído y por los testimonios que hemos conocido, “sabemos que esos excombatientes quieren superarse, tienen una familia, no quieren estar por ahí sin hacer nada”.

Echar para atrás

Cree con firmeza que le haría mucho daño a Colombia la posibilidad de que un nuevo presidente desconociera los acuerdos de paz logrados con las FARC.

Sin embargo, piensa que sí es necesario ajustarlos y sabe que habrá reacciones por parte de quienes quieren que esos acuerdos no se toquen. “Ahí es donde entra la universidad, en un papel de razonabilidad, de entender que lo firmado por el presidente Santos no es sagrado. La paz es la sagrada y hay cosas que se pueden hacer para salvarla”.

Tiene fe en que la “real politik”, como la llama, “va a llevar a que poco a poco se acepte ese proceso porque es la mejor vía frente a la guerra”.

No cree que en su universidad se reproduzca el duro enfrentamiento que hay en la sociedad colombiana. “Hay estudiantes que se entusiasman de verdad cuando nos visitan los candidatos de derecha, y hay otros que les sucede lo mismo con los de izquierda. Hay diversidad de opiniones, y las cosas en las que tenemos desavenencias las arreglamos con argumentos”.

“Cada uno es dueño de sus propios miedos”, reacciona Ferro frente al peligro que algunos ven de que los excomandantes guerrilleros lleguen al poder. Confía en que, como sucedió con el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos discutidos y firmados en La Habana, el 50% de quienes estuvieron en contra ejerzan su tarea de oposición: “será fuerte y las Fuerzas Armadas están incólumes para responder frente a ese país que necesita una gran seguridad”.

Tiene la certeza, nacida de su optimismo, de que lo que vendrá “será mejor no peor. Tendremos una democracia deliberativa, combativa en las palabras”. Su clave para estar tranquilo es sencilla: “las instituciones en Colombia son fuertes”.

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