A partir de este noviembre, los cubanos podrán tramitar en terceros países el visado para viajar a Estados Unidos. La solicitud para visa de inmigrante se realizará en el consulado de Estados Unidos en Bogotá, y la visa de no inmigrante en cualquier embajada estadounidense, fuera del territorio cubano.

La medida, tomada como respuesta a los ataques sónicos y que de alguna manera tiene como objetivo presionar al gobierno cubano con el retiro de una gran parte del personal de la embajada estadounidense en Cuba, más el cierre de ciertos servicios consulares, afectará a funcionarios norteamericanos que incrementarán su trabajo, y a la familia cubana que verán duplicar sus gastos e inconveniencias de viaje. Pero no causará molestias a la cúpula castrista que, dicho sea de paso, hace apenas unos días anunció un contraataque marrullero de viso efectista con golpe de efecto.

Un convenio firmado el 4 de noviembre de 1994 por su excelencia, el señor Rodrigo Pardo García-Peña, exministro de Relaciones Exteriores de la República de Colombia, facilita exención de visado por tiempo indeterminado para aquellos cubanos que tengan pasaporte diplomático.

El acuerdo, ratificado el 27 de octubre del mismo año por el excanciller cubano Roberto Robaina, explica además que los ciudadanos, titulares de pasaportes oficiales, estarán igual dispensados para entrar a Colombia, de paso o para permanecer en el país hasta por seis (6) meses.

Similar protocolo mantiene el gobierno de Cuba con Belice, Bolivia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Guyana, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Suriname y otros 66 países.

Y es normal. Según tratados internacionales, los pasaportes diplomáticos y oficiales solo deben ser expedidos a las personas que lo requieran por asuntos de índole oficial en su viaje al extranjero. Pero lo que al parecer ignoran los asesores del gobierno de Estados Unidos, es que el Ministerio del Interior (MININT), el de Relaciones Exteriores (MINREX) y un grupo de leyes migratorias que han sido muy bien diseñadas por el gobierno de la República de Cuba, dilatan el uso de este tipo de documentación a un grupo mucho más amplio.

El decreto 26/78, por el cual se regula en Cuba el uso y expedición de pasaportes, autoriza la posesión de pasaporte diplomático a Miembros del Buró Político y del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; Miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; jefes y vicejefes de departamentos, jefes de secciones y funcionarios del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; miembros del Consejo de Estado; diputados a la Asamblea Nacional; integrantes del Consejo de Ministros; presidentes de Organismos de la administración Central del Estado que no formen parte del Consejo de Ministros; secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba; presidente y vicepresidente del Tribunal Supremo Popular; fiscal general de la República; vicefiscales de la Fiscalía General de la República; Jueces del Tribunal Supremo Popular; primeros secretarios de los Comités Provinciales del Partido Comunista de Cuba; presidentes de las Asambleas Provinciales del Poder Popular; vicepresidentes y viceministros de los Organismos de la Administración Central del Estado; funcionarios diplomáticos y consulares de la República, consejeros y agregados comerciales, económicos, culturales, de prensa, militares, aéreos y navales; funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores y Correos Diplomáticos; Jefes de Departamentos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del Consejo de Ministros y su Comité Ejecutivo; asesores de los vicepresidentes del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros; asesores y funcionarios del Consejo de Estado, Consejo de Ministros y de su Comité Ejecutivo, así como de sus respectivas Secretarías; Jefes de Dirección del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior; Jefes de Dirección del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera y del Banco Central de Cuba; Delegados a Congresos o Conferencias Internacionales, intergubernamentales o de carácter diplomático, y cuantos otros funcionarios del Partido Comunista de Cuba, del Estado y del Gobierno el Ministro de Relaciones Exteriores estime conveniente y necesario para el cabal cumplimiento de las misiones encomendadas; y, muy especialmente, familiares de las personas relacionadas anteriormente. Otro grupo más extenso es autorizado a viajar con pasaporte oficial, aun cuando el viaje no responda a ningún asunto gubernamental.

Ahora bien, si la intención norteamericana, además de proteger al personal consular destinado en la embajada de La Habana, busca incentivar el descontento popular en la isla, siento decir que los asesores, al menos en el tema Cuba, están más confundidos que Don Quijote en un parque eólico. La aprobación popular hacia el gobierno de Cuba acaba de anotarse un tanto, con la decisión oficial, ya publicada, de eliminar la “habilitación” del pasaporte para los viajes a Cuba de los emigrados cubanos; autorizar la entrada y salida a Cuba de ciudadanos cubanos residentes en el exterior en embarcaciones de recreo; permitir la entrada a Cuba de los ciudadanos cubanos que salieron ilegalmente del país; y facilitar el trámite para que los hijos de cubanos residentes en el exterior, nacidos en el extranjero, puedan obtener la ciudadanía cubana y el documento de identidad. Medida que, dicho sea de paso, tiene una clara intención de ocasión y algo de teatral para mostrar la cara "integracional" y conciliadora del gobierno. No por gusto se anunció justo en el momento en que los países miembros de las Naciones Unidas (ONU) se preparan nuevamente para votar a favor o en contra del Embargo.

La idea de Cuba como siempre tiene un propósito económico, político y busca incitar el pulso exiliado-emigrante; pero esta vez tiene un añadido socarrón; derogada la infame habilitación, más familia, añoranza y pasajes con precios asequibles hacen un convoyado infalible. A partir del próximo 1ro de enero, en lugar de salir a gastar la noche del sábado en Miami, resultará más barato pasar el fin de semana en La Habana.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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