MIAMI.- Cuando se escriba la verdadera historia de Cuba, debería dedicarse un extenso capítulo al suicidio por motivos políticos. Varias personas muy cercanas a Fidel Castro decidieron un día quitarse la vida. ¿Obra del azar? Decía el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante que “el suicidio es un elemento casi esencial de la Castroenteritis”.

El 29 de julio de 1980 Cuba amaneció con una inesperada noticia. En una escueta nota, el diario oficialista del único partido oficial anunciaba: “Granma cumple el amargo deber de informar que en horas de la tarde de ayer se privó de la vida la destacada luchadora revolucionaria, heroína del asalto al cuartel Moncada y combatiente de la Sierra Maestra, Haydée Santamaría Cuadrado, quien era miembro del Comité Central de nuestro partido, miembro del Consejo de Estado y directora de la Casa de las Américas”.

Nunca se aclaró el motivo del suicidio de Haydée Santamaría, una de las mujeres que acompañó a Fidel Castro en el asalto al Cuartel Moncada. Existen versiones que incluso aseguran que Haydée no se mató el día que dijo la prensa cubana, sino el 26 de julio.

Entre las historias de las muertes no esclarecidas u ocultadas por el régimen de la isla está la de Nilsa Espín, quien fuera cuñada de Raúl Castro. Nilsa y su esposo Rafael Rivero ejecutaron en 1965 un suicidio pactado. Rivero se quitó la vida en un campamento militar de la provincia de Pinar del Río, y ella en el despacho de Raúl Castro. Nilsa Espín y Rafael Rivero estuvieron vinculados al movimiento clandestino que en Santiago de Cuba lideraba Frank País para apoyar la lucha en la Sierra Maestra.

En la lista de los suicidas por “culpas políticas” estaría Javier de Varona, colaborador estrecho de Fidel Castro en el plano económico y a quien se culpó del fracaso de la zafra de los 10 millones. El 26 de julio de 1970, sin embargo, el dictador cubano aclaraba en un discurso: “Hay que añadir una [causa], y no de poco peso, que es nuestra propia ineficiencia, la ineficiencia, nuestra ineficiencia en el trabajo general de la Revolución”. Castro reconocería que “efectivamente, el esfuerzo heroico para elevar la producción, para elevar nuestro poder adquisitivo, se tradujo en descompensaciones en la economía, en reducciones de producción en otros sectores y, en fin, en un acrecentamiento de nuestras dificultades”. Javier de Varona fue tan solo el chivo expiatorio de uno de los más estrepitosos fracasos del régimen. Con su arma de reglamento se dio un tiro.

Alberto Mora, ministro de Comercio Exterior del régimen en la década del 60, provenía del Directorio Revolucionario. Sus primeros desacuerdos con la Revolución de 1959 nacieron a partir de que refutara el ideario de Ernesto Che Guevara sobre el funcionamiento de la ley del valor en una economía socialista. Mora además era amigo de reconocidos intelectuales cubanos como Guillermo Cabrera Infante o Heberto Padilla. Por defender a este último, quien fue arrestado tiempo después de la publicación del poemario Fuera del juego, Mora cayó aún más en desgracia: fue castigado y enviado a una granja de trabajo. En su libro Mea Culpa, Cabrera Infante aseguró que el suicidio de Mora fue la respuesta a esa humillación.

Tan sonado como el suicidio de Haydée Santamaría fue el de Osvaldo Dorticós, quien fuera presidente de la República de Cuba desde 1959 y hasta 1976. De acuerdo con algunas fuentes, el 23 de junio de 1983, luego de una fuerte discusión con el Comandante Ramiro Valdés, Osvaldo Dorticós se quita la vida de un tiro. Era entonces ministro de Justicia.

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Osvaldo Dorticós, entre Fidel Castro y Ernesto Guevara
Osvaldo Dorticós, entre Fidel Castro y Ernesto Guevara

La explicación edulcorada que se dio para el suicidio de Osvaldo Dorticós fue que sufría una grave y dolorosa enfermedad de la columna vertebral y que la muerte de su esposa, María Caridad Molina, le sumió en una depresión profunda.

Pero los más cercanos a quien fuera presidente de Cuba de 1959 a 1976, hablan de que Dorticós no entendía las acciones salvajes y alejadas del más elemental civismo que se alentaban desde el gobierno de Fidel Castro tras los sucesos de la Embajada del Perú y el éxodo de Mariel en 1980.

FUENTE: REDACCIÓN

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