@ElkisBejarano
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La historia de las últimas semanas en Venezuela está cargada de héroes anónimos que desde su posición han asumido con responsabilidad los retos que estos tiempos imponen. Por un lado, jóvenes que se enfrentan a una feroz represión, mientras sus madres se quedan en los hogares rogando por su sano retorno. Por el otro, mujeres que día a día acuden a las manifestaciones con la esperanza de que el país salga de la aguda crisis política y económica, que borró toda posibilidad de superación personal y todo matiz de calidad de vida. Además, también están las progenitoras que han perdido a un hijo, en estos enfrentamientos en los que los jóvenes exponen su vida con valentía. Para todas las madres nuestro más respetuoso homenaje.

Antes de irse, lo abrazo, lo beso, lo bendigo

Cada vez que él sale a las marchas su mamá se paraliza. Queda en un silencio infinito hasta que regresa colmado de polvo y oliendo a gas, contando historias increíbles de una guerra en la que se defiende con escudos de cartón. Así transcurren los días para miles de venezolanas que saben que sus hijos son la respuesta oportuna a una represión que intenta anular los pensamientos de los que se le oponen.

Bernadette de Mujica tiene un hijo de 20 años, estudiante de la Universidad Central de Venezuela. Junto a sus compañeros cerró las puertas de su escuela para formar parte de este movimiento que clama día a día libertad y cambio. El hijo de Bernadette forma parte de la generación que en Venezuela le tocó el protagonismo más difícil dentro de la conflictividad de los últimos años. Cada vez que las marchas pacíficas de la oposición son reprimidas por fuerzas de seguridad del Estado, una camada de muchachos se coloca al frente para defender a la multitud, devolver las bombas lacrimógenas e intentar imponerse con el ímpetu de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar.

“No estaba de acuerdo con que él saliera a protestar. Me ponía brava y siempre discutíamos; pero me ha hecho entender por qué sale a cada convocatoria. Su primera batalla la libró en casa defiendo sus ideales. Antes de irse, lo abrazo, lo beso, lo bendigo y lo encomiendo a todos los santos y a su abuelo que lo cuida desde el cielo”.

Sin contener las lágrimas comenta que cuando él se va se le hace un nudo en el estómago que solo se alivia cuando regresa. “Si veo que comienza la represión, me atacan los nervios, y hasta que no me llama para decir que está bien, no me calmo. Pasan muchas cosas por mi mente y me toca rezar. A veces lloro. Me da rabia que él esté allí en vez de estar en un aula de clases formándose, como le corresponde”.

Sonia Andrade, otra madre de estudiantes que acuden a las marchas, asegura que en su corazón alberga sentimientos encontrados. “Cada vez que mis hijas salen a las calles a defender sus derechos como venezolanas siento angustia y desespero. Pero a la vez me siento orgullosa de ellas, por los valores que demuestran y el amor que le tienen a este país, donde he tenido la difícil tarea de ser madre y padre”.

“No nos podemos detener”

Nelly Balza de Salazar es la madre del joven quemado en Altamira el pasado 3 de mayo. Cuando se enteró del incidente en el que su hijo sufrió quemaduras en el 76 por ciento del cuerpo, se encontraba en su casa ubicada en Tumeremo, a casi mil kilómetros de distancia (650 millas) de la ciudad capital. Sin pensarlo, toda la familia viajó a Caracas, sin saber a qué se enfrentarían y cómo cubrirían los gastos médicos.

“En mi pueblo no se sabe nada de lo que ocurre en el centro del país. Yo no tengo una computadora y mi celular no tiene eso de redes sociales. Allá solo se conoce la versión de los canales del Estado, y uno se entera de la verdad cuando va a casa de alguien que está informado y cuenta. Nunca me imaginé lo que aquí he visto en la capital”.

Luego de llegar a Caracas, pasó los dos primeros días sin pronunciar palabra. Estuvo en silencio esperando la mejoría de su hijo, quien aún se mantiene en terapia intensiva, luego de varias operaciones. “Víctor está bien. Sigue delicado de salud, pero ha ido mejorando. Creo que ahora es el momento para seguir luchando por Venezuela. Al Gobierno le digo que mi hijo no es ningún terrorista. ¡¿Cómo es posible que hasta el presidente dijera eso de mi hijo si no lo conoce. Nosotros somos familias de muy pocos recursos, pero con muchos valores. Y estoy muy orgullosa de mis hijos”.

“Lucho para que ellos no se me vayan de Venezuela”

Desde hace más de cinco años, Mercedes Expósito se incorporó sin pensarlo a un grupo que realizaba trabajo por las comunidades, promoviendo mejoras y denunciando los problemas. En este capítulo de la historia contemporánea es una de las tantas madres que marcha al frente de las manifestaciones y para quien no existe cansancio porque con su protesta está buscando un mejor futuro para sus hijos.

“No quiero que se vayan del país. No quiero que se formen en otro lugar. Por eso salgo y seguiré saliendo. Lo hago por ellos y por todos los hijos de Venezuela”.

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