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El anuncio de que el presidente Donald Trump podría revelar esta semana medidas para revertir algunos de los cambios de política hacia Cuba promovidos por la administración de Barack Obama, han despertado posiciones encontradas entre quienes abogan por mantener el acercamiento con La Habana y los que apoyan un endurecimiento de las posiciones de Washington.

Entre las medidas que el Presidente pudiera anunciar se habla de la prohibición a empresas estadounidenses de negociar con entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y la posibilidad de establecer restricciones a los viajes de estadounidenses a Cuba.

Durante la campaña presidencial, Trump calificó el pacto de Washington con La Habana de “mal negocio” para promover la democracia en la isla y anticipó que “revisaría” las cláusulas para conseguir un “mejor negocio”, ya que Estados Unidos estaba “dando mucho a cambio de nada”.

El entonces candidato prometió en Miami a los cubanos que se oponen al “acercamiento” que “pondría las cosas en su lugar” y trataría al régimen de La Habana “como la dictadura que es” para exigirle “cambios significativos”.

De cualquier manera, sea la prometida revisión o tan sólo un par de medidas muy específicas, el esperado anuncio del Presidente tendrá repercusiones políticas y económicas en el futuro inmediato de Cuba.

La cautela

“Hay muchos temas que el presidente Trump puede tener en cuenta: implementar reglas contra los represores, [revisar] el llamado ‘intercambio cultural’ que sólo permite a determinados artistas de EEUU [viajar a la isla] o el uso de los recursos de empresas estadounidenses”, comentó vía teléfonica a DIARIO LAS AMÉRICAS desde Cuba el coordinador general del grupo opositor Estado de Sats, Antonio G. Rodiles.

Sin embargo, el dirigente político anticipó que si entre las medidas por anunciar está “que empresas estadounidenses no puedan negociar con entidades dirigidas por las FAR, me parece muy acertado, ya que el régimen está militarizando la economía, a través de la firma estatal GAESA”.

Rodiles resaltó que “la reevaluación de la política estadounidense hacia Cuba es necesaria y urgente”.

“Lo planteamos desde que se anunció el acercamiento [17 de diciembre de 2014]. Explicamos entonces que no hubo tal negociación porque La Habana no había dado nada a cambio de la normalización de relaciones entre los dos países.

A la pregunta sobre si las medidas de Obama eran populares aún entre los cubanos de la isla, el coordinador general de Estado de SATS reclamó: “No sé de dónde sacan que las medidas de Obama son populares entre los cubanos de la isla. Yo escucho a diario las quejas del pueblo de que Obama sólo benefició al Gobierno cubano y a sus familias al permitir negocios. Hasta ahora no he visto que ningún cubano haya progresado de simple vendedor de croquetas a propietario de un restaurante”.

Para muchos, una medida de Washington que revierta cualquier regla del acuerdo de negocios provocaría una reacción del Gobierno de Castro.

“Hasta ahora, el régimen ha optado por la respuesta de la represión, no sólo contra los opositores sino contra el pueblo cubano en general, con medidas de control económicas o políticas más severas. Habría que ver hasta dónde Castro y su gente están dispuestos a seguir por este camino, que evidentemente los va a llevar a un precipicio”, argumentó Rodiles.

Recordó que el régimen de Castro “ha sido muy cauteloso con la administración Trump. Se han abstenido de hacer críticas, y eso muestra que están muy conscientes de que se están jugando el futuro de su dinastía”.

El retroceso

A Carlos Saladrigas, fundador de la organización The Cuba Study Group, en Miami, le parece “un error catastrófico” que el Presidente promulgue cualquier cambio en la política hacia Cuba que revierta el estado actual de las relaciones comerciales y diplomáticas.

Saladrigas recordó que Trump anticipó que haría un “better deal”, un mejor negocio para Estados Unidos y el pueblo cubano. “Pero un mejor negocio se logra sentándose a negociar y no regresando a la política fracasada de la Guerra Fría”, recalcó.

De hecho, Saladrigas reflexionó sobre las probabilidades de un cambio en Cuba y sostuvo que “en este momento de incertidumbre para Cuba, cuando se espera que Raúl Castro se retire el próximo año, Estados Unidos debería permanecer como elemento influyente”.

“No es el momento para aislarse, sino de estar presente y tratar de influir en los cambios”, subrayó Saladrigas, quien en el pasado abogó por el aislamiento del régimen cubano y en los últimos años ha favorecido un acercamiento que podría conllevar al cambio.

Luego expresó que un anuncio de ese tipo “sería inconsistente con la política exterior que Trump acaba de pronunciar en Arabia Saudita, cuando dijo que EEUU no tiene por qué inmiscuirse en los asuntos internos de los países, ni manejar desde lejos los problemas sociopolíticos de los países”.

Sobre la probabilidad de que Trump regule los viajes de ciudadanos estadounidenses, para evitar el gran flujo de divisas a la isla caribeña, Saladrigas aseveró que “tendría un impacto devastador en los cubanos, pues quitaría recursos al pueblo y dañaría severamente al incipiente sector privado, que ya suma el 30% de la fuerza laboral y depende mayormente de los turistas”.

Incluso cuestionó “por qué vamos a debilitar al pueblo cuando necesitamos que sea fuerte para que tome las riendas del futuro del país”. Y añadió: “En vez de debilitarlo, debemos reforzarlo, dándole recursos”.

Para Saladrigas, la peor reacción puede venir de los integrantes de la línea dura dentro de la dictadura de Castro.

“Si hay medidas [cambios de Trump], serían un regalo para la línea dura del Gobierno, quienes argumentan que la apertura es mala para el régimen y le dirán a Raúl: ‘Te lo advertimos, con los americanos no se puede negociar’. Y esto va a perjudicar a los elementos más moderados, más reformistas, y terminará reforzando la posición de quienes quieres alargar la dictadura”.

Las inversiones

Según Marcell Felipe, presidente de Inspire America Foundation, “las nuevas medidas dejarán claro que EEUU respalda a los cubanos y sus líderes en la oposición cívica no violenta, como el Dr. Biscet, en la búsqueda de una democracia”.

“No esperamos que la medidas por anunciar toquen todos los aspectos de las relaciones bilaterales, sino más bien sean un enfoque hacia su promesa de campaña de revertir las interpretaciones ilegales que Obama emitió sobre la ley estadounidense. Es decir la nueva política será cumplir la ley: no más licencias generales, no más negocios con el Ejército castrista –explicó-, porque el inversionista [en Cuba] debe pagarle al Gobierno cubano el 92% del sueldo de los empleados, y deja al cubano con sólo el 8% y sin derecho a negociar”.

Felipe declaró que Trump no podrá cambiarlo todo “por razones legales”, ya que hay empresas que “invirtieron dinero o firmaron contratos en base a una licencia que no se les puede quitar con carácter retroactivo”.

Por su parte, James Williams, presidente del grupo Engage Cub, que aboga por ampliar las relaciones comerciales con la isla, aseveró en un comunicado que la economía de Estados Unidos perdería 6.600 millones de dólares y unos 12.000 puestos de trabajo, que estarían ligados al naciente intercambio comercial entre ambos países.

“La nueva relación con Cuba ha tenido resultados visibles para las empresas estadounidenses, ha creado empleos en Estados Unidos y fortalecido el creciente sector privado de la isla”, replicó Williams en el documento.

“Si el presidente Trump revierte la política hacia Cuba, terminará imponiendo más regulaciones a la creación de empleos, lo cual contradice sus promesas de campaña de abogar por menos regulaciones”, puntualizó.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, declaró el martes ante el Senado que la administración Trump observa elementos "preocupantes" en la política de apertura iniciada por Obama e indicó que las medidas del expresidente "están involuntariamente proporcionando apoyo financiero al régimen cubano", reportó la agencia EFE.

"Creemos que hemos conseguido muy poco a la hora de cambiar el comportamiento del régimen y su trato hacia la gente; tienen muy poco incentivo para cambiar", subrayó Tillerson en la audiencia.

Amplió que EEUU busca incentivar el respeto a los derechos humanos y asegurarse de que las empresas estadounidenses no aportan "apoyo financiero" al régimen de Castro.

FUENTE: EFE

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