MADRID.- Solo si España "se emplea a fondo" la Unión Europea diseñará una "estrategia firme y bien diseñada" para hacer frente a la crisis venezolana, tras la "degradación represiva del régimen" a la que ha llevado la votación a la Constituyente y la detención de Leopoldo López y Antonio Ledezma, defiende Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) en un análisis.

La fundación presidida por el exjefe del Ejecutivo José María Aznar celebra que España se sume, con otros países latinoamericanos y Estados Unidos, al "rechazo a la mascarada del régimen" y lamenta que la Unión Europea solo haya declarado "no estar segura" de la legitimidad del proceso electoral de este domingo.

FAES afirma que "Venezuela ha acelerado el paso hacia su transformación en una gran Cuba continental" y añade que la nueva detención de los opositores venezolanos "no hace sino expresar la degradación represiva del régimen".

Tras afirmar que, con las elecciones a la Asamblea Constituyente del domingo, Nicolás Maduro consumó "su golpe anunciado", el documento señala que "quien siga hablando de inverosímiles procesos de diálogo mirando a una oposición masacrada, víctima del golpe de Estado que aplasta su mayoría legítima en la Asamblea Nacional, simplemente hace el juego" al presidente venezolano.

Solo si España "se emplea a fondo" la Unión Europea diseñará una "estrategia firme y bien diseñada", alejada del papel de mediación "ya grotesco" del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, para hacer frente a la situación venezolana, asegura FAES.

Pide que "Bruselas siga el camino marcado por España" y que se consideren "sanciones selectivas pero firmes sobre los responsables políticos y militares venezolanos que materialicen su aislamiento".

La fundación llama a establecer una "estrategia concertada de apoyo a la oposición democrática" para "conseguir la liberación de los presos políticos" como parte de los pasos a seguir a partir de hoy.

Esta sería una medida, prosigue el análisis, que permitiría "coordinar posiciones" con los países latinoamericanos que rechazan la Constituyente venezolana y facilitaría un "diálogo productivo" con Estados Unidos.

El texto prosigue lamentando que Venezuela se beneficie de "generosas condonaciones de deuda" y "simpáticos gestos de comprensión y crédito" y condena que "hasta la Unión Europea haya concluido un acuerdo de cooperación" sin referencias "a los derechos humanos o a las reformas democráticas".

El domingo se celebraron elecciones en Venezuela para constituir una Asamblea Nacional Constituyente, que contará con 545 diputados, que además de tener la potestad para reformar la Carta Magna, vigente desde 1999, podrán avanzar en la reordenación del Estado.

La oposición no participó en estas elecciones, al considerarlas "fraudulentas" y un intento del Gobierno para instaurar una dictadura.

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DE LA CONDENA A LA RESPUESTA

¿Y ahora qué? Después de que Maduro consumara el domingo su golpe anunciado, en medio de una baño de sangre cuya verdadera dimensión todavía no se conoce, no quedan interrogantes con los que especular sobre una eventual rectificación de la dictadura chavista. Los interrogantes los ha ido despejando todos, uno por uno, el presidente venezolano sin ninguna sorpresa, sin ninguna apertura a la esperanza de que un intervalo lúcido pudiera ofrecer alguna oportunidad en ese vértigo enloquecido hacia la autocracia sangrienta.

Si faltaba alguna, Maduro el domingo proporcionó la evidencia final de que las condenas de su régimen y de sus propósitos golpistas han tenido el efecto esperado, es decir, ninguno. Quien no lo vea, es simplemente porque no quiere; quién siga hablando de inverosímiles procesos de diálogo mirando a una oposición masacrada, víctima del golpe de Estado que aplasta su mayoría legítima en la Asamblea Nacional, simplemente hace el juego a Maduro.

España, entre otros países, ha anunciado que no reconoce las elecciones del domingo y la Asamblea Constituyente que se quiere derivar de ellas. En esa decisión, nuestro país concurre acertadamente con otros Estados latinoamericanos y Estados Unidos en el rechazo a la mascarada del régimen. No así la Unión Europa que declaraba ayer por medio de una portavoz “no estar segura” de que el proceso electoral del domingo haya sido legítimo.

Por tanto la pregunta que se impone es qué consecuencias conlleva que no se reconozcan la legitimidad de la Constituyente de Maduro; si hay una respuesta más allá de esta declaración, o si, por el contrario, el régimen venezolano conseguirá imponerse por la vía de hecho, es decir por la vía de la violencia y la represión.

Parece claro que hay trabajo que hacer en la propia Unión Europea. Primero para que Bruselas siga el camino marcado por España, salga de esas incomprensibles dudas y nigue reconocimiento alguno al golpe del domingo. Es necesario, además, que se abra la consideración de sanciones selectivas pero firmes sobre los responsables políticos y militares venezolanos que materialicen su aislamiento. En tercer lugar, España, y con ella la Unión Europea, deben establecer una estrategia concertada de apoyo a la oposición democrática, ofrecer su aval y facilitar su resonancia, activando todos los medios diplomáticos y los instrumentos jurídicos, internos e internacionales, para conseguir la liberación de los presos políticos.

Existen dificultades para conseguir una posición unánime en Bruselas, pero no parece verosímil que las reservas de Portugal o Grecia, puedan condicionar de manera decisiva las decisiones de la Unión.

Una estrategia firme y bien diseñada de la Unión, que sólo será posible si España se emplea a fondo, permitirá coordinar posiciones con los países latinoamericanos que rechazan la Constituyente y permitirían un diálogo productivo con la Administración Trump.

Venezuela ha acelerado el paso hacia su transformación en una gran Cuba continental. La “cubanización” del país no es un horizonte disuasorio para el régimen sino la tierra firme a la que quiere llegar después de vadear a sangre y fuego la oposición de los demócratas y la miseria del pueblo. En una Venezuela convertida en la Cuba del continente es donde Maduro y sus secuaces se sentirían a salvo y a ese objetivo quieren llegar cuanto antes. La falta de consistencia y de continuidad en la política occidental hacia Cuba están teniendo este efecto perverso que alimenta las expectativas de Maduro. Al fin y al cabo, el régimen castrista se beneficia de generosas condonaciones de deuda, simpáticos gestos de comprensión y crédito en una apertura inexistente, y hasta la Unión Europea ha concluido un acuerdo de cooperación del que ha desaparecido cualquier referencia reconocible que condicione esa cooperación al respeto a los derechos humanos o a las reformas democráticas.

No habría que insistir en la necesidad de reconsiderar seriamente el papel, ya grotesco, que están jugando las iniciativas de mediación en las que participa el ex presiente Rodríguez Zapatero. A propósito del traslado de Leopoldo López a su domicilio donde continúa su condena, un conocido periodista radiofónico, siempre deseoso de ajustar sus particulares cuentas, sentía la necesidad de elogiar los “buenos oficios” de Zapatero atacando las “fanfarronadas de Aznar y su santa compaña.” “En España –decía- se habla mucho de los tontos útiles. Se debería hablar más de los listos inútiles.”

Pero, aunque para algunos resulte lamentable, no es sólo Aznar. El ex presidente Felipe González afirmaba la semana pasada que la mediación de Zapatero “había producido el efecto contrario” porque el número de presos políticos “se había multiplicado por seis”. También, la semana pasada el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, histórico socialista venezolano, rechazó ser visitado por Zapatero y le instó a que en vez de reuniones con opositores, visitara en el cementerio las tumbas de los muertos por la represión. En todo caso, esta debería ser la hora en que esos “listos útiles”, que presumen de estar siempre en el lado bueno de la historia, nos ilustren con su ingenio y su bondad con ideas para ayudar de verdad a los demócratas de Venezuela y a un pueblo que está siendo aplastado con miseria y represión.

Fundación FAES.

FUENTE: EFE

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