CHICHIGALPA.- La muerte acecha en los campos de caña de azúcar. Se lleva a la tumba a trabajadores jóvenes y fuertes que no han cumplido siquiera los 30 años. Y muchos de los que siguen con vida quedan marcados, gravemente enfermos o incapacitados para trabajar. "Somos muertos vivientes", asegura el ex cortador de caña de azúcar Juan Salgado.

En Centroamérica se expande una misteriosa enfermedad de la que han sido víctimas decenas de miles de personas, más que por leucemia, diabetes o sida juntos. Se trata de una insuficiencia renal crónica de la que mueren sobre todo trabajadores de los campos de caña de azúcar.

En Chichigalpa, en Nicaragua, esa insuficiencia renal ha sido responsable de nada menos que del 46% de todos los casos de muerte de hombres en los últimos diez años.

En los países industrializados, son las personas mayores las que sufren principalmente insuficiencia renal crónica, producida por el sobrepeso, la diabetes o la hipertensión. En Centroamérica sin embargo, son sobre todo hombres jóvenes quienes enferman y casi siempre trabajadores del mismo sector.

"Aún no está totalmente claro qué es lo que provoca la enfermedad, pero en cualquier caso tiene que ver con el trabajo en los campos", señala Salgado. Él mismo cortó caña de azúcar durante 36 años. Ahora preside la Fundación La Isla, que da apoyo a los trabajadores enfermos e impulsa la investigación sobre las causas de esa insuficiencia renal tan poco convencional.

La organización se creó por "una emergencia en el servicio de salud público, pero realmente no sabemos exactamente qué está pasando", señala la bióloga Rebecca Laws, de la Universidad de Boston.

Tampoco el estudio en el que ella trabajó arrojó motivos claros. "La mayoría de los investigadores creen que hay varias causas y que al menos en parte tiene algo que ver con las condiciones de trabajo".

Una hipótesis parte de que los pesticidas utilizados en los campos de caña son responsables de la enfermedad. Pero también las duras condiciones de trabajo podrían tener algo que ver. Los hombres cortan caña de azúcar durante 12 horas a una temperatura de hasta 40 grados, sin apenas sombra y muy poca bebida en los campos. En Cuba por ejemplo, donde la caña de azúcar se cosecha sobre todo con maquinaria, la enfermedad no ha aparecido aún.

También en El Salvador se extiende la enfermedad: desde hace unos 15 años, el doctor Ricardo Leiva observa un aumento de la cifra de pacientes. "Cuando vienen al hospital con frecuencia no podemos hacer ya mucho por ellos. Tenemos que hacer un trabajo de prevención y de diagnóstico temprano", señala el nefrólogo del hospital Rosales.

Un estudio encargado por la industria azucarera a la Universidad de Boston en 2010 concluyó que no había pruebas científicas que permitieran concluir que los químicos y las condiciones de trabajo provocaban la insuficiencia renal. Una relación es plausible, decía el texto, pero no está probada. Para ello se requieren nuevas investigaciones, añadía.

Roberto Alfredo Valdivia no quiere sin embargo esperar más. El hombre de 34 años está enfermo y exige el apoyo de su antiguo empleador o del Gobierno. Sufre continuos vómitos, dolor en los miembros y en las articulaciones y no puede realizar trabajos que requieran un fuerte esfuerzo físico.

"Recibo de la seguridad social 2.800 córdobas (unos 87 euros) al mes, pero no es suficiente para alimentar a una familia", cuenta el padre de dos hijos.

En Chichigalpa casi todas las familias viven de la producción de azúcar. El mayor productor de la región, Ingenio San Antonio, y el fabricante de ron Flor de Caña pertenecen a la acaudalada familia Pellas. La empresa no quiere indemnizar a los trabajadores, pero tampoco vuelve a dar trabajo a los hombres enfermos.

La policía vigila las protestas de los antiguos trabajadores. "El Gobierno no quiere que se sepa que la gente aquí muere como moscas", asegura Valdivia.

El empresario Carlos Pellas es un hombre cercano al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, criticado por muchos por un estilo de gobierno cada vez más autoritario.

En Chichigalpa, la enfermedad está destruyendo la estructura social. Debido a que la mayoría de los hombres están enfermos, no pueden ya alimentar a sus familias. La Isla, el pueblo en medio de los campos de caña de azúcar que da nombre a la fundación, se ha bautizado ya popularmente como "La Isla de las Viudas".

"Muchos enfermos prefieren morir a convertirse en una lastra para sus familias", dice Maria Eugenia Cantillano, cuyo padre murió de la enfermedad. Los elevados costes de los medicamentos llevan a las familias al a ruina, y la mayoría no tiene dinero para acudir a las costosas diálisis en la capital Managua.

"Ahora ya están trabajando mujeres en los campos de caña de azúcar para sacar adelante a sus familias", afirma Cantillano. También ellas enferman. Chichigalpa se está despoblando poco a poco. "Enterramos continuamente a gente, a veces a varias personas en un día".

FUENTE: DPA

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