JORNADA DE VIOLENCIA

Represión y censura en Venezuela

El chavismo aprieta la bota militar horas después de los sucesos violentos en las calles de Caracas, que provocaron tres muertos y decenas de heridos

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Una estudiante de la Universidad Alejandro Humboldt sostiene una pancarta mientras grita consignas contra el presidente Nicolás Maduro en una manifestación en Caracas el 13 de febrero.  (AP)

DANIEL LOZANO/ Especial para DLA

El chavismo apretó ayer la bota militar sobre Venezuela, horas después de los sucesos violentos en las calles de Caracas, que provocaron tres muertos y decenas de heridos. “Enfrentamos un golpe de Estado”, denunció Nicolás Maduro al mundo de forma pintoresca, tras un desfile militar de tres horas, fuegos pirotécnicos y la parafernalia habitual de la revolución.

El día después del 12F, una nueva jornada trágica en la historia de Venezuela, confirmó la promesa de “mano dura” realizada por el presidente. La primera medida fue instar a la detención de Leopoldo López, coordinador de Voluntad Popular y líder del sector radical de la oposición. La orden fue emitida en la madrugada; en la mañana le buscaron sin éxito en la sede del partido. “López está en su casa, con sus abogados. No va a abandonar Venezuela, va a seguir luchando en la calle y todos le vamos a respaldar”, desveló el dirigente Carlos Vecchio.

“Acuñando la contraofensiva revolucionaria, el gobierno ha iniciado el aplastamiento selectivo y ejemplarizante de la disidencia en Venezuela”, protestó Rocío San Miguel, directora de Control Ciudadano.

Otra ONG de derechos humanos, Provea, sufrió en sus propias carnes los abusos del oficialismo el miércoles por la noche. Inti Rodríguez, su coordinador de medios, fue “secuestrado, golpeado e interrogado por un grupo de 20 personas uniformadas de negro, comandadas por una persona con características de funcionario policial”, según la denuncia hecha pública.

A balazo limpio

Durante toda la jornada, salpicada de pequeñas protestas estudiantiles por todo el país y con presencia de tanquetas militares en Caracas y Mérida, abogados y familiares lucharon por la libertad del centenar de detenidos. “Primeros estudiantes detenidos denuncian que fueron torturados con electricidad”, afirmó el conocido abogado Alfredo Romero.

Nada se sabe, en cambio, de los paramilitares chavistas (colectivos en el diccionario eufemístico de la revolución) ni de los funcionarios que atacaron a balazo limpio a unos estudiantes que lanzaron piedras al edificio de la Fiscalía tras acabar la marcha pacífica. Dos personas murieron en el primer enfrentamiento: Juan Montoya, líder de los colectivos y muy conocido en 23 de Enero, el barrio bastión de la revolución, y el estudiante Bassil Dacosta, alcanzado por un balazo en la cabeza.

Decenas de vídeos y fotografías confirman que el joven cayó abatido al salir corriendo de la balacera provocada por paramilitares o policías. De la muerte de Montoya, quien fuera acusado en 2008 de colocar una bomba contra la patronal empresarial, no hay testimonios gráficos, aunque un líder tupamaro respaldó la teoría esgrimida por periodistas presentes en el lugar: su compañero, exagente de PoliCaracas, murió en un enfrentamiento con fuerzas policiales.

A Roberto Redman, el segundo estudiante asesinado en la noche, la muerte le buscó dos veces. La primera, tras la marcha, cuando corría a pocos metros de Dacosta, incluso arrastrando su cadáver tras recibir el balazo. Y la segunda, cuando protestaba en Chacao y sufrió un disparo en la cabeza, procedente del arma de otro paramilitar motorizado. “Hoy me pegaron una pedrada en la espalda, un cascazo en la nariz, tragué bomba lacrimógena, cargué al chamo que falleció. ¿Y tú qué hiciste”, escribió en Twitter poco antes de morir.

Denuncias de la oposición

La oposición exigió al Gobierno que desarmara a sus grupos violentos. Nadie contestó. De hecho, varios miembros de estas famosas brigadas de choque atacaron ayer a estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, cinco heridos más a la larga lista de decenas lesionados en 48 horas.

Inmutable ante las denuncias, Maduro constriñó el derecho a la protesta y apostó por profundizar el apagón informativo imperante sobre Venezuela. “Cuidado que se presten [televisoras y radios] a llevar a nuestro país a una confrontación”, amenazó el mandatario. Misión imposible para los canales privados, que no se atrevieron a dar imágenes en directo de los aquelarres violentos del 12F. Globovisión, el canal informativo otrora crítico comprado ahora por empresarios oficialistas, ni siquiera se lo planteó. La evidente censura provocó la dimisión de al menos cuatro de sus periodistas. Llevado por su afán censor, en la tarde de ayer fue bloqueada la página en internet de Nelson Bocaranda, el famoso periodista que reveló los secretos del cáncer de Chávez.