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Ha transcurrido una semana desde la elección de Donald Trump como presidente número 45 de los Estados Unidos de América y aún parece una victoria difícil de aceptar porque, al parecer, muchos no saben cómo reaccionar ante un resultado que casi nadie predijo.

Oficialmente, el presidente electo asume sus funciones el 20 de enero. Sin embargo, durante los dos meses que faltan para la investidura, la atención estará centrada en las actividades de Trump y su llegada a la Casa Blanca, lo que creará la impresión de que Estados Unidos está paralizado en un punto muerto, mientras el resto del mundo aguanta la respiración.

Por lo pronto, líderes mundiales, incluso aquellos que le criticaron por sus polémicos comentarios durante la contienda, ahora hacen fila para hablar con él por teléfono, mientras Trump, seguramente, sonríe satisfecho cada vez que le anticipan quién es el próximo en la línea para felicitarlo y desearle lo mejor.

Esta transición, de candidato republicano a presidente electo, es tan grande, que cada dirigente del planeta ha tenido que reajustar su noción de futuro, y aunque la comunidad internacional, poco a poco, se está haciendo a la idea de un Trump recibiendo el mando de Barack Obama, la duda está en si la vida continuará siendo la misma.

En ocasiones anteriores, presidentes estadounidenses han tenido la oportunidad de crear un extraordinario impacto en el mundo.

Por ejemplo, la presidencia de John F. Kennedy, que comenzó en la efervescencia de la Guerra Fría y los conflictos raciales, transmitió esperanza e inspiración para impactar dentro y fuera del país.

Unos años después, cuando Barack Obama asumió la presidencia, logró irradiar entusiasmo y confianza, haciendo que el mundo se sintiera mejor.

La admiración por ambos presidentes fue tangible.

Con Trump, el ánimo es diferente. Hay temor y abundan los presagios negativos por su llegada al poder porque nadie sabe, a ciencia cierta, los efectos de las polémicas propuestas que anunció durante su campaña electoral.

De continuar Trump con sus planes, las siguientes agendas deberán prepararse para un tsunami de cambios: China y la relación comercial, Irán y el acuerdo nuclear; México y el muro, la inmigración ilegal, el rol de las mujeres en el ejército, Europa y una OTAN en la que Estados Unidos asume el 70% de los gastos.

Precisamente, lo impredecible del futuro es lo que le otorga poder a Trump, ya que todos están esperando ese 20 de enero para descifrar sus códigos y saber quiénes le apoyarán.

Pero la tónica y el estilo de un Trump presidente se establecerán durante los primeros 100 días de su mandato.

Es indudable el presidente electo quiere pasar a la historia por la puerta grande, o al menos de manera memorable, por lo que en esos primeros 100 días buscará seguramente sacudir al sistema estadounidense y reacomodar sus relaciones con el resto del mundo, lo que posiblemente se traducirá en más responsabilidades políticas y cargas económicas para otros países, especialmente en temas de seguridad.

No sería tampoco extraño verlo complacido con una Rusia más proactiva en Siria y con el presidente sirio Bashar al Assad manteniendo el poder en Damasco, aún en contra de los deseos de Obama.

Es indudable que los tiempos están cambiado y tanto EEUU como el resto del mundo deben estar preparados para afrontar un estilo muy diferente de liderazgo, mientras la nación estadounidense busca su camino para ser grande otra vez.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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