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¿Dónde está Venezuela? Respuesta sencilla: en el caos. Hasta la fecha se registran 20 muertos -12 por armas de fuego – y más de mil arrestados, en medio de las protestas convocadas por la oposición desde principios de este mes para condenar el “autogolpe” perpetrado por el presidente Nicolás Maduro contra la Asamblea Nacional.

Ahora, ¿hacia dónde va Venezuela? Nadie sabe. A una crisis económica terrible, caracterizada por la escasez de alimentos y medicinas, una inflación anual que supera 500% y la destrucción de la moneda local, se añade en este momento la agudización de la confrontación política, con las calles del país convertidas en un campo de batalla donde a diario se enfrentan manifestantes opositores contra soldados, policías y bandas paramilitares que apoyan al régimen chavista.

Las sentencias dictadas a finales de marzo por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que en la práctica liquidan al Parlamento, azuzaron el conflicto. Para el profesor titular de la Universidad Simón Bolívar (USB), Daniel Varnagy, esas decisiones formalizaron la ruptura del Estado de Derecho que había iniciado el difunto presidente Hugo Chávez hace una década, en 2007, cuando a través de una ley habilitante violentó la Carta Magna para imponer su modelo socialista.

Varnagy advierte la confluencia de dos factores que han crispado el ambiente. Por un lado, la instauración de un Estado hegemónico, autoritario, que desdibuja la separación de poderes. Y por el otro, el hecho de que ese Estado hegemónico no resuelve los problemas de una sociedad que ve frustradas sus aspiraciones de tener una mejor calidad de vida.

“El chavismo representaba la búsqueda del resarcimiento de las necesidades que no habían sido atendidas por gobiernos anteriores. En la actualidad, se produce la ruptura de esas expectativas ante la depauperación de la calidad de vida, y vemos que el venezolano se rebela ante un Estado hegemónico que no le atiende ni sirve”, expone el académico.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro apuntala el Estado hegemónico para conservar el poder, pero Varnagy observa que ese plan tiene una debilidad clara: la falta de dinero. “El Estado ya no cuenta con los medios para continuar con el chantaje a la población, de este modo, estratos medios y bajos están saliendo a reclamar tanto una mejora en las condiciones de vida como libertad. La situación puede ir escalando hasta que se produzca una fractura entre los distintos estamentos militares del gobierno, pues no todos los altos mandos están dispuestos a reprimir”, sostiene.

Al momento de evaluar la fortaleza del movimiento ciudadano que se levanta contra el chavismo, el analista aclara que una cosa es la “Unidad”, entendida como la plataforma política que agrupa a los partidos de la oposición, y otra distinta la “unión” de aquellos que luchan por el cambio. “La unión está por encima de la Unidad. El venezolano se une ante las catástrofes y estamos ante una catástrofe nacional, así que es probable que la sociedad se cohesione más allá de los liderazgos personalistas para exigir la restitución de la libertad y el Estado de Derecho”, observa.

Varnagy cree que la debacle económica apura los lapsos del “desenlace”, aunque en el terreno sociopolítico quede un trecho más largo por recorrer para llegar al final de esta historia. “No es lo mismo transitar hacia la recuperación de la libertad y la democracia, que dar vueltas como un perro para echarse. La sociedad venezolana avanza hacia la exigencia de la restitución del Estado de Derecho y la libertad”, afirma.

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Mucha testosterona

El profesor Luis Gómez Calcaño avizora una especie de choque de trenes. “Quizás lo más significativo de este renacimiento de la protesta es la convergencia táctica entre los sectores conocidos como ‘radicales’ y ‘moderados’ de la Unidad".

En dicha convergencia, sostiene, "son los moderados los que se movieron hacia la radicalidad más de lo que lo hicieron los radicales hacia la moderación, sobre todo porque el fracasado diálogo deslegitimó cualquier intento de sentarse en una mesa de negociación”, comenta el investigador del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Gómez Calcaño resalta como un factor positivo la cohesión de la alianza opositora, aunque destaca que “al mismo tiempo representa un peligro porque puede dar lugar a interpretaciones muy diferentes del para qué se está luchando y los plazos en los que se plantean los logros. En la medida en que avanza el conflicto y la polarización, los moderados podrían verse arrastrados a un maximalismo que por sí mismos nunca se habrían planteado”.

Lejos de retroceder, el régimen chavista redobla la represión. “La exhibición de fuerza con rasgos hasta de sadismo por parte de los cuerpos armados legales e ilegales del régimen pretende atizar esa polarización, y a convertir cada vez más a la oposición en ese actor homogéneo e indiferenciado donde todas las posiciones equivalen a un común proyecto imperial con sus peones terroristas. Esta política se basa en la confianza en que las fuerzas armadas legales e ilegales seguirán siendo los socios confiables que han sido hasta ahora, para lo cual se les han entregado prácticamente todas las palancas del poder, dejando para el partido la fachada pública y los costos políticos”, apunta el experto.

Partiendo de estas premisas, Gómez Calcaño estima que inexorablemente aumentará la tensión en Venezuela, “con los sectores moderados de la oposición y los que (tal vez) puedan existir en el gobierno de Maduro marginados como ‘cobardes’, reactivando una vez más la política como concurso de testosterona”.

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