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“Llegamos a Miami el 28 de mayo del 2008, pasamos por Matamoros, Tamaulipas, después de estar meses en México. Michael había estado ya cinco meses trabajando, y yo llegué después para una exposición. Cuando cruzamos la frontera ya tenía casi ocho meses de embarazo, y un barrigón…”, contó Nedine del Valle, una pintora cubana que antes de residir en Miami vendía su obra en la Plaza de la Catedral de La Habana. Allí apareció un día aquel galerista francés que le compró buena parte de su obra y le concedió hacer planes.

Michael Gil, quien es músico, recuerda que le dio la vuelta a México antes de llegar a Estados Unidos. “Tocaba música popular como parte de un trío. Éramos una muchacha que cantaba, una guitarra acompañante y yo, que era la guitarra líder y hacía alguna percusión. También tocaba los berimbaus [un instrumento de origen africano], que creaba todo un lío en los aeropuertos donde tocábamos porque pensaban que había un tipo con una lanza”.

La vida en Miami

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Cada día, de lunes a viernes, Michael se levanta a las 3 y 25 de la madrugada. Trabaja como “security”’ en la Universidad de Miami, de 4:30 am a 1:30 pm. De 2 a 3 de la tarde, más o menos, va al gimnasio. “A estirarme, correr, hacer un poco de piruetas. Mi vida está en función de aguantar la vida que tengo”. Después imparte clases. “Trabajo para la ONG Arts for Learning, imparto música en el programa after school: apreciación musical, percusión, nociones de ritmo; desde kinder hasta cuarto grado”.

Por estos tiempos, Nedine es la retaguardia. “Él habló de lunes a viernes, pero los fines de semana todo lo que ‘caiga’ musicalmente lo coge. Entonces alguien tiene que estar con María Isabel, nuestra hija. Ahora tengo un part-time, una semana sí y una no. Me ocupo enteramente de otra casa que no es la mía. Y pinto en todas las oportunidades que tengo. Me voy del estudio a las 2 y media de la mañana, para que cuando Michael se levante alguien se quede con la niña. A veces si él está con María Isabel, pinto el sábado entero. Tengo amigos pintores que me han dicho en mi cara que las mujeres no pueden pintar porque tienen que tener hijos. No sé si seré famosa, si estaré en los libros de texto, pero no he podido renunciar a eso”.

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Hay proyectos que siguen estando ahí, en impasse. Luyanó Band nació en Miami en el 2011. Michael aclaró: “No te puedo decir que yo creé Luyanó Band. Fue una consecuencia de mi energía, de mi proyección, las personas se comenzaron a acercar y de buenas a primeras vi que tenía un grupo de nueve listo para tocar. A la mayoría de los integrantes del principio los conocía de Cuba. Es un gran proyecto que está esperando a que le echen combustible. Hubo una época, incluso, que ensayábamos todas las semanas, sin saber si íbamos a tocar o no”.

El estilo en el arte

Nedine y Michael están convencidos de que el hecho de ser cubanos en Miami no les brinda ninguna ventaja como artistas. Ella reconoce ser la perseverancia y él confiesa estar poseído por la música.

“No estoy capacitado para hacer reguetón. La gente piensa que hacer reguetón es fácil, hacer reguetón es muy difícil. No puedo hacerlo, no me sale. Y creo firmemente en que el estilo se define más por lo que tú no puedes hacer, que por lo que puedes hacer”.

 

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