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Cuando Raúl González tuvo su primer encuentro con el flamenco sintió un flechazo y, aunque no entendía del todo las letras del género, la intensidad de la danza andaluza lo conquistó.

El cubano, que hace cuatro años entrega lo mejor de sí en los tablaos de Miami, siempre supo que cantaría, pero sólo hasta que escuchó las melodías flamencas en la voz de José Mercé se convenció de que éste sería el ritmo que interpretaría, aunque fuera un gran desafío.

“Es súper difícil dominar la técnica para alguien que no estudió canto y que tampoco es gitano”, reveló el músico autodidacta, que se aferra a la guitarra para manifestar sus dotes creativas.

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Raúl González.
Raúl González.

“Me aprendí los acordes en la guitarra y tuve que leer, escuchar mucha música, mucho flamenco porque, aunque fusiono, mi base es el flamenco y así me dio por la vena de componer”, agregó.

Para este pinareño, que varias veces viajó a La Habana en busca de información sobre el género que hoy ocupa sus noches miamenses, vencer obstáculos se ha convertido en una tarea natural, que lejos de atormentarlo, le complace.

De hecho, fue la complejidad del “cante” lo que cautivó su interés y desde que descubrió que sería un reto interpretarlo, decidió lanzarse a la aventura.

“Nunca me ha gustado lo fácil. Creo que cuando llevas un tiempo escuchando flamenco, es muy difícil que te guste otro género porque la guitarra es muy difícil. Es un género súper intenso”, afirmó.

Más que el ritmo del cual no consigue prescindir, el flamenco se ha convertido en un estilo de vida para González, quien le dedica al “cante” las últimas cuatro noches de cada semana en varios sitios de la ciudad.

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Raúl González durante uno de sus <i>shows</i> de flamenco en Miami.
Raúl González durante uno de sus shows de flamenco en Miami.

“El flamenco es todo, en él se unen todas las artes. Cuando veo un espectáculo, si no está pasando algo, me lo estoy imaginando. Es una forma de vida, una perspectiva diferente”, expresó.

Aunque durante el día, González realiza otras funciones que lo alejan de los escenarios, asegura que se siente comprometido y dedicado por entero a la música. Los martes y miércoles ensaya para sus presentaciones el resto de la semana; mientras que los lunes se entrega a la composición, ejercicio que además de imaginación, requiere disciplina en esas horas que la musa lo abandona.

“Es difícil, porque hay que sentarse a esperar que llegue la inspiración. Y muchas veces no llega, porque el cuerpo pide descanso”, comentó.

Sobre sus letras, dice escribirle al amor y el desamor desde las vivencias ajenas.

“Nunca he escrito sobre algo que yo haya vivido. Me inspiró en lo que me han contado, no en mis experiencias”, resaltó.

Tampoco busca sus composiciones en momentos vulnerables.

“No me gusta que mi estado de ánimo influya en el resultado de mis letras, por eso prefiero no escribir cuando no me siento bien”, añadió.

En cuanto al proceso creativo, también dice encontrar inspiración en la literatura antes de tomar la guitarra y dejar que fluya la melodía.

“Tengo que sentarme a leer, escuchar música. Después me pongo a tocar un poco la guitarra, y a pensar en cómo mezclar las palabras sin repartirlas. No resulta simple para alguien que no estudió”, recalcó el artista, que aún no conoce la tierra donde nació la danza que le robó el corazón.

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