MIAMI.- La piel es el órgano más grande que tenemos, se trata de una estructura compleja que contiene por centímetro aproximadamente diez folículos pilosos, 16 glándulas sebáceas, 230 receptores sensoriales, 100 glándulas sudoríparas, e infinidad de vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas. Está conformada por tres capas llamadas epidermis, dermis e hipodermis, y su función es defender nuestro cuerpo de los agentes externos.

Durante la juventud, la piel que ocupa aproximadamente 2 metros cuadrados, pesa cinco kilogramos y tiene un espesor que varía de 0,5 a cuatro milímetros en las distintas zonas de cuerpo, tiene una apariencia flexible y turgente gracias a su enorme capacidad para retener agua, habilidad que se van perdiendo con el paso del tiempo.

Pero en el camino a la vejez la piel no solo pierde humedad, sino tejido graso, lo que provoca cambios de volumen y modificaciones a nivel de huesos y cartílagos. Poco a poco aparecen las arrugas, se va perdiendo luminosidad, y se hacen visibles las manchas y arañas vasculares faciales.

Sin embargo, el envejecimiento cutáneo no está asociado exclusivamente a la edad, sino a factores externos que aceleran el deterioro de las células, como son: la exposición al sol, una alimentación rica en azúcares, el consumo de tabaco y alcohol, el estrés, y ciertos factores medioambientales.

Una capa que se hace débil

Al llegar a la tercera edad, la piel es más frágil, seca y menos elástica, por ende es más propensa a lesiones y requiere de cuidados específicos, siendo los principales problemas dermatológicos asociados con la edad el prurito, los eccemas xeróticos, la dermatitis de contacto, la aparición de manchas solares, la equimosis producto de la fragilidad capilar, y el desarrollo de micosis.

Detener el impacto de los años en la piel es imposible, pero este deterioro puede minimizar siguiendo una serie de pautas básicas. En primer lugar es importante mantener la piel limpia, usando para ello un jabón neutro o enriquecido con productos naturales tales como aceite de coco o cacao. No debemos olvidar como parte del ritual de limpieza la exfoliación.

El siguiente paso es la humectación, un proceso que no se limita a las cremas, pues es igualmente importante hidratar la piel desde el interior al beber mucha agua. Si bien muchas personas mayores tienen tendencia a usar talco, es preferible sustituir este producto con una crema hidratante, para ofrecer una mayor protección a esta capa que con el tiempo se ha vuelto muy delicada y vulnerable.

Es igualmente importante cuidarse de los rayos solares usando regularmente un protector solar y evitando el uso de varias capas de ropa cuando es alta la temperatura, para evitar la irritación cutánea y la aparición de micosis.

Adicionalmente, las recomendaciones para las personas mayores de 65 años incluyen: evitar tanto el cigarrillo como el alcohol, reducir las horas de exposición al sol, y mantener una alimentación sana, balanceada y completa, que incluya frutas y verduras ricas en vitaminas, así como proteínas de calidad.

Recomendaciones:

- Tome sol con moderación, no más de 15 minutos al día.

- Protegerse del sol con una loción con un factor de 25 o más. Reaplique cada dos horas.

- Mantenga su piel hidratada, use jabón suave y beba al menos dos litros de agua al día.

- Lleve una dieta sana y equilibrada, que incluya muchas frutas y verduras.

- Evite a toda costa el alcohol y el cigarrillo.

- Procure evitar situaciones de estrés, así como el insomnio.

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