Que un trabajo tenga un código de vestimenta preestablecido tiene sus ventajas y desventajas: por un lado, las opciones para vestirse son reducidas, pero por el otro, no hay forma de causar una impresión equivocada. Y es que vestirse mal en el trabajo puede llegar a generar una imagen errónea como, por ejemplo, que uno no está muy interesado en el puesto. Aquí, algunos trucos para desentrañar un código de vestimenta cuando no es oficial:

¿Cómo encontrar la ropa adecuada para el primer día?

Un buen truco consiste en navegar en la web de la empresa, donde suele haber fotos de los colegas que pueden aportar algunas pistas sobre el código de vestimenta. Pero ante la duda, para el primer día siempre es mejor vestirse de forma sobria y con colores poco llamativos.

¿Y si esto no se corresponde con mi estilo personal?

Cuando se empieza en un nuevo trabajo, uno se mete en territorio desconocido. Por eso, lo mejor es vestirse al principio de forma reservada, una señal de que uno busca integrarse bien. Se pueden usar tonos como el gris, el azul y el marrón. Se recomienda no usar negro, que simboliza cierto poder y dominio.

Si los colegas se visten de forma llamativa, ¿puedo plegarme a ellos tras los primeros días?

Depende del sector. En los trabajos más creativos hay más libertad. Pero por lo general, se recomienda no subrayar el trasero, las caderas o el busto. Las faldas deberían llegar a la rodilla y los hombros estar siempre cubiertos. Tampoco conviene subirse a unos tacones de vértigo. Prefiera los zapatos cerrados y planos o con poco taco. Luego, depende de uno si se adapta rápido a los demás colegas o se prefiere tener un inicio con un perfil algo más bajo.

¿Se puede usar la moda actual?

Está claro que no hay que adaptar a la oficina tendencias de la moda como el vientre al descubierto o las prendas con agujeros o raídas. Todo lo demás, con discreción y buen gusto.

FUENTE: DPA

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