La idea era que el dibujo quedara para siempre en la piel. La idea. Pero los gustos van cambiando y la vida también. Puede ser que el novio que se lleva tatuado en el brazo ya no esté o que el diseño elegido ya no le guste ni a uno mismo. ¿Qué hacer entonces con un tatuaje no deseado? Es posible eliminarlo, pero no es simple y el procedimiento tiene incluso algunos riesgos para la salud.

Actualmente, el procedimiento habitual para eliminar tatuajes es un tratamiento láser. Para eliminar un tatuaje de muchos colores, es necesario emplear distintos tipos de láser. Los rayos se dirigen a corta distancia hacia el tatuaje y emiten una luz apenas visible pero muy intensa.

Este rayo entra en la piel y fracciona los pigmentos en muchas partes pequeñas. En el proceso, muchos pigmentos suelen perder su color. Una parte de las partecitas ingresa en el sistema linfático y se elimina a través de los riñones y los intestinos. El problema es que otra parte queda en el cuerpo.

Científicos del instituto alemán Bundesinstituts für Risikobewertung (BfR) establecieron que estas partecitas pueden ser tóxicas y cancerígenas. Si se someten grandes superficies tatuadas a un tratamiento con láser, existe el riesgo, según BfR, de que se produzcan concentraciones que pueden llevar a daños celulares en la piel. Es necesario informarse de estos riesgos antes de someterse al procedimiento.

También es importante que el tratamiento con láser sea llevado a cabo por un dermatólogo interiorizado en este procedimiento o por un cirujano estético. Los expertos serios nunca prometen que será posible eliminar un tatuaje grande y de varios colores por completo.

Por lo general, un tatuaje en negro y rojo es más o menos fácil de eliminar, así como los que están en azul y verde. Los colores más difíciles son el amarillo, el marrón y el violeta. Otra cosa a tener en cuenta es que la remoción con láser suele funcionar mejor en personas de piel clara que en personas de piel oscura. En la gente de piel oscura existe el riesgo de que aparezcan en la zona del tatuaje manchas claras que se distinguen del resto de la piel.

También es necesario saber que el tratamiento no es sin dolor. Algunos médicos aplican una crema anestésica. Además, después del láser pueden aparecer algunas cicatrices, que no son necesariamente consecuencia del procedimiento. Pueden haberse formado por la aguja del tatuador y lo que pasa es que el pigmento las disimulaba. Por eso, se ven recién cuando se destruyen los pigmentos.

En un periodo de dos a tres años, hay que someterse a unas 15 sesiones. Entre sesión y sesión hay que dejar pasar algo de tiempo. Los tatuajes no se eliminan en un abrir y cerrar de ojos. Otra cosa a tener en cuenta y pensar antes de hacerse un tatuaje es que removerlo tampoco es barato.

FUENTE: Sabine Meuter / dpa

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