Un e-mail en el que no se fue incluido. La cervecita del viernes por la tarde a la que no se fue invitado. Los almuerzos que se pasan solo. Empezar en un trabajo nuevo no siempre es fácil, ya que además de las nuevas exigencias o formas de trabajo desconocidas, uno también puede toparse con colegas que no facilitan las cosas. En esos casos, ¿cómo hacer para integrarse bien en el trabajo?

Es importante saber que no todo depende de uno. Los superiores también pueden ayudar a un buen inicio, presentando al nuevo a los otros colegas y explicándole bien sus tareas. Sin embargo, las personas nuevas también deben actuar desde el principio para ser aceptadas. Es decir: la idea no es quedarse a la espera, observando, sino mostrarse activo desde el principio y preguntar, por ejemplo, qué tareas se pueden asumir.

Otras cosas que se pueden hacer son leer la Intranet de la empresa, de modo de saber qué hacer en caso de enfermedad o cómo se piden las vacaciones, y estudiar el organigrama de la misma, para aprenderse los nombres de todos. El que se sabe el nombre de sus colegas demuestra que valora y le importan los demás.

También conviene anotarse todo, para no tener que andar preguntando después: "¿Cómo era eso que me habías explicado?". Muchas otras cosas se aprenden observando, como por ejemplo, cómo atienden el teléfono los colegas y cómo tratan a los clientes.

Pero atención: no todo pasa por hacer buenas preguntas en el trabajo. También hay que preguntar si uno se puede sumar a la cerveza post-trabajo o a los almuerzos. Si bien uno se arriesga a obtener una respuesta negativa, también es la única forma de entrar al grupo.

Que la integración sea difícil o fácil depende también mucho de la historia previa: si se trata de un puesto nuevo, probablemente se le esté descargando trabajo a los colegas. En ese caso, hay grandes esperanzas depositadas en "el nuevo".

El problema comienza cuando se está reemplazando a un colega querido que decidió irse de la empresa o al que despidieron. En esos casos, es probable que los demás sean recelosos con el nuevo. No hay que tomarlo de modo personal. Esta etapa suele durar apenas unas semanas. Para no sufrir, hay que recordar que en caso de un despido previo, el enojo de los demás probablemente esté centrado en el jefe y no en el nuevo empleado.

Sin embargo, hay veces en que todos los esfuerzos no sirven de nada. No siempre hay una mala intención detrás de esto: a veces los colegas son también inseguros o simplemente siguen con su rutina y se olvidan de incluir al nuevo. Si la situación no mejora, se puede hablar abiertamente con los colegas, pero sin hacer de inmediato acusaciones.

Mejor es explicar cómo se siente uno y lo que se desea. Si eso tampoco funciona, hay que hablar con el jefe, sobre todo cuando esta resistencia impide que uno haga bien su trabajo. Para no generar rispideces extra, se puede avisar a los colegas que se hablará con el jefe.

Es importante pedir una cita y no caerle al jefe de la nada con el problema. También es bueno aclarar cuánto tiempo se necesita. Es importante no arrancar con "el equipo me deja afuera", sino describir los propios sentimientos.

FUENTE: DPA

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