Los niños ya comienzan a compararse unos con otros en el jardín de infancia: ¿acaso su amiguito corre más rápido, hace mejor las manualidades o lee más fácilmente de corrido? ¿Recibe más elogios? El deseo de ser reconocido aparece ya a edad temprana. Y la mayoría de los padres suele preguntarse: ¿estoy elogiando correctamente a mi hijo? ¿Cómo lo critico y cómo puedo ayudarle a lidiar con fracasos y problemas? La mayoría de las veces, todo pasa por una buena comunicación.

La autoestima depende de cómo se puede uno contestar a sí mismo preguntas como "¿Qué me sale bien? ¿Qué no me sale?". Dado que las propias capacidades no siempre son fáciles de ver, los niños necesitan un feedback. Esto rige incluso para cosas en las que parece estar claro si algo saldrá bien o no.

¿Pero cuál es la mejor forma de contestarle a un niño? Lo mejor es hacerlo de forma detallada y no muy general. Los padres deberían decir específicamente qué les gusta del dibujo que hizo, por ejemplo.

Por otro lado, los chicos tienden a sobrevalorar sus capacidades. Esto les ayuda a hacer frente a cosas complicadas y no echarse enseguida atrás. Por eso, no hay que reducirles nunca el optimismo.

Los padres pueden demostrar su interés genuino preguntando. "¿Cómo hiciste para resolver este ejercicio difícil de matemáticas? ¿Qué te costó más?". Esto le da la oportunidad al niño de decir él mismo por qué está contento con sus logros o no. Si no está satisfecho, no hay que minimizar lo que dice.

Es decir, no tiene sentido tratar de convencer a un niño de que lo que no le gusta de su dibujo está bien. En lugar de ello, hay que tomarse en serio lo que dice. Luego se puede decir lo que uno piensa. Por ejemplo: "Por lo que me dices, entiendo que no estás conforme con tu dibujo. Pero a mí me parece muy bien que le hayas dedicado tanto esmero".

En psicología, se llama a este tipo de enunciado elogio orientado al proceso y no al resultado. Es decir, se dirige a elogiar la tenacidad del niño y no a observar sólo el resultado.

Por lo general, los niños se ven confrontados con la exigencia desde temprano. Muchos tienen dificultades con esto. En estos casos, hay que tener mucha sensibilidad: si se trata de un niño empacado con que no puede hacer algo, los padres le pueden preguntar amorosamente qué ayuda necesita para lograrlo. Pero no hay que ayudar demasiado, de modo que el niño pueda dar el paso solo. De esta forma, el niño se da cuenta de que sí puede hacerlo. "¡Esto sí me sale!".

Por lo general, la autoestima del niño depende de la cultura de conflictos familiar. ¿Cualquier pequeñez estalla en un conflicto o los problemas se hablan con tranquilidad? Los especialistas suelen estar en contra de los regaños a viva voz. Es mejor mirar al niño a los ojos y explicarle qué estuvo mal.

Si la cosa no da resultado de inmediato, se puede intentar en unos días. Los padres deben prestar especial atención al tono de voz. Si el tono es suave, expresa empatía, si es fuerte, sólo tiene un efecto: desmuestra enojo y tensión.

En todo caso, en cualquier fracaso, es importante aclararle al niño que se trata de una cosa que salió mal, no que él está mal como persona. Si un niño saca malas calificaciones, los padres nunca deberían transmitirle que los ha desilusionado.

FUENTE: DPA

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