MIAMI.- Cuando se anuncia la llegada de un fenómeno climatológico como un huracán, un tornado, o una tormenta severa, es usual que la ansiedad aumente significativamente el nivel de estrés de cualquier persona.

Se trata de un patrón que afecta por igual a niños, jóvenes y adultos, de ambos sexos, y que se considera justificado, ya que los desastres naturales pueden provocar problemas graves, así como enormes pérdidas humanas o materiales.

La exposición constante a la información sobre las condiciones climáticas y los rumores propios de este tipo de situación, aumentan los sentimientos de ansiedad en las personas y provoca reacciones tanto físicas como emocionales que, en líneas generales, suelen ser valiosas para garantizar nuestra supervivencia en caso de extremo peligro.

Un nivel razonablemente alto de ansiedad, por ejemplo, puede ser muy útil porque nos pone en alerta ante la posible amenaza y nos sirve como motor para tomar las precauciones necesarias. Mientras que el miedo, que podemos considerar una ansiedad severa, obliga al organismo a liberar la adrenalina y otras sustancias químicas que aceleran nuestro ritmo cardíaco, agudizan nuestros sentidos y aumentan nuestros poderes físicos.

Sentimiento irracional

Cuando los niveles de miedo y ansiedad son incontrolables estamos ante una fobia, una condición que el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) define como “un temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”.

Según especialistas, se trata de una conducta que es el resultado de la combinación de tres factores: la vivencia de eventos traumáticos, la genética, y la química del cerebral.

La American Psychological Association reconoce 100 tipos de fobias, pero en realidad se han descrito y sustentado más de 500, entre ellas las relacionadas con el miedo a los fenómenos naturales. De hecho, se estima que uno de cada 10 residentes en los Estados Unidos sufre pánico a las condiciones climáticas extremas que se agrupan en una condición llamada astrafobia.

Dentro de este grupo macro, destaca una condición especial llamada lilapsofobia, caracterizada por el miedo persistente, anormal e injustificado a los tornados y huracanes. Se trata de un trastorno relativamente común que no está en la imaginación de quien la padece, pues ha sido calificada por la Ball State University como un asunto "muy real".

Obsesión por el clima

El lilapsofóbico, como se define a quien padece este trastorno, contrariamente a las personas que sienten una ansiedad normal por los fenómenos meteorológicos, centra su vida en lo que podría pasarle con la llegada de un huracán, incluso se obsesionan con los cambios de clima, y se niegan a salir ante la más mínima posibilidad de tormenta.

Con la llegada de un huracán, sin importar si tiene una intensidad menor, las personas con esta fobia pueden mostrar comportamientos inusuales, como esconderse debajo de la cama o en un armario, evadir los ruidos propios de la tormenta poniendo música alta o la televisión a todo volumen, o negarse a entrar a espacios que no consideran “seguros”.

Esta condición, como cualquier otra fobia, se enmarca en una serie de síntomas emocionales y físicos. En el primer grupo destacan los pensamientos obsesivos, la falta de claridad mental, la ansiedad anticipada, el pánico, la necesidad de huir o esconderse y el miedo a perder el control.

A nivel físico, los lilapsofóbicos suelen experimentar mareos, náuseas, desmayos, temblores, palpitaciones, dolor en el pecho, dificultad para respirar, aceleración del ritmo cardíaco, transpiración excesiva, entumecimiento y hormigueo.

Vencer el temor

Los tratamientos para las fobias específicas como la lilapsofobia se basan fundamentalmente en el uso psicoterapia, como estrategia para conducir al paciente a comprender las causas de su fobia y a desarrollar técnicas para reducir la ansiedad ante el estímulo fóbico. Entre las técnicas que se aplican está la de relajación muscular progresiva de Jacobson, la exposición, y desensibilización sistemática.

Hay personas que recurren a los fármacos, pero estos además de provocar posibles efectos secundarios, no son una solución puesto que no curan las fobias, en el mejor de los casos sólo suprimen temporalmente los síntomas.

Pero más allá de la estrategia lo importante es tener claro que las fobias no desaparecen por sí solas, y que combatirlas requiere de dos elementos: la decisión de hacerlo y la disciplina necesaria para lograrlo.

Luchando contra el pánico

  • Conozca las características que conforman un huracán o tornado, comprender estos fenómenos le permitirá controlar el miedo.
  • Comparta sus temores con familiares, amigos, y cualquier persona capaz de ofrecerle apoyo emocional.
  • Acepte lo que no puede controlar, recuerde que la preocupación excesiva no cambiará la realidad.
  • En caso de huracán prepare con antelación un plan de acción que implique, por ejemplo, la selección del lugar en su casa donde se sentirá protegido y a salvo.
  • Bajo ninguna circunstancia permanezca solo durante una tormenta.
  • Si siente que no es capaz de controlar su miedo, busque la ayuda de un especialista, preferiblemente antes de enfrentar algún fenómeno climatológico.

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