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Antiguamente se consideraba que una persona había muerto cuando dejaba de respirar y su corazón dejaba de latir, pero los avances tecnológicos apuntan a que la muerte es un proceso más complejo.

El desarrollo de máquinas como los respiradores artificiales han cambiado estos parámetros. De hecho, hoy en día es posible que una persona sin actividad cerebral pueda mantenerse, al menos por un tiempo determinado, respirando y emitiendo latidos cardíacos, aunque para la ciencia esto no signifique que permanece con vida.

Es por eso que tanto desde la perspectiva legal, como de la clínica, la muerte de una persona se decreta por dos razones: la primera es la muerte cardiopulmonar, definida como la pérdida irreversible de funcionamiento tanto del corazón como de los pulmones; mientras que la segunda es la muerte cerebral, que implica, según la red de salud de la Universidad de Miami “el cese irreversible de todas las funciones cerebrales”.

Esta pérdida permanente de la actividad cerebral implica que el afectado no puede respirar o mantener cualquier otra función vital por su cuenta y que además ha perdido todo nivel de consciencia y capacidad de pensamiento.

Lo complicado, cuando se habla de muerte cerebral es que, para las familias, que un individuo siga teniendo un corazón que late, es una señal de vida. Una triste muestra de esta realidad es el caso del pequeño Charlie Gard, quien con apenas 10 meses de vida fue declarado con muerte cerebral en su natal Reino Unido, como consecuencia de una rara enfermedad genética llamada Síndrome de Agotamiento Mitocondrial.

Su caso ha ganado la atención de los medios a nivel global luego de que la justicia británica decidiera autorizar al hospital, donde Charlie está recluido, para que sea desconectado del sistema de soporte vital a pesar de la negativa de sus padres, quienes están pidiendo que se les permita traerlo a Estados Unidos para someterlo a un tratamiento experimental que, si bien no lo curaría, le permitiría vivir un poco más.

Proceso complejo

Este proceso que realmente debe llamarse muerte encefálica se produce cuando el tronco del encéfalo, la parte más baja del cerebro que está conectada a la médula espinal y es responsable de la mayoría de las funciones automáticas del cuerpo entre ellas la respiración, las palpitaciones y la deglución, así como del intercambio de información entre el cerebro y el resto del cuerpo, y de las funciones de conciencia, conocimiento y movimiento, deja de funcionar.

Para la ciencia médica, tal y como confirman en nuestro país los Institutos Nacionales de la Salud, el daño permanente del tronco encefálico es una condición de carácter irreversible.

Muerte cerebral
Para la ciencia médica el daño permanente del tronco encefálico es una condición de carácter irreversible
Para la ciencia médica el daño permanente del tronco encefálico es una condición de carácter irreversible

La muerte cerebral o encefálica no es un concepto nuevo, puesto que hace casi 50 años, específicamente en 1968, un comité especializado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, constituido por diez médicos, un abogado, un teólogo y un historiador, estableció el criterio para determinar la muerte sobre la base de un total y permanente daño encefálico.

Criterios de diagnostico

Determinar una muerte encefálica es un proceso meticuloso que se inicia con un examen físico en el cual el médico explora ciertas respuestas y reflejos específicos, confirmando que no hay movimientos, ni muecas, las pupilas no reaccionan a la luz, y el paciente no intenta respirar.

Pero esto no es suficiente, la persona afectada pasa a un proceso de observación, y se corrigen todos aquellos problemas tratables que hayan podido enlentecer la función cerebral como una temperatura corporal o presión arterial muy baja, niveles en sangre muy altos o muy reducidos de ciertas sustancias como azúcar y el sodio, y la posible sobredosis de sedantes o agentes tóxicos.

Una vez corregida cualquier alteración adicional, el especialista comprueba entre seis y 24 horas más tarde los criterios de diagnóstico para confirmar la falta de respuesta del paciente. Una vez cumplido el segundo chequeo cerebral, se confirmara la muerte encefálica y, siguiendo el protocolo establecido, se detendrán todos los métodos artificiales de soporte vital.

Buscando solución

Lo difícil de aceptar la muerte cerebral o encefálica ha impulsado la búsqueda de alternativas de solución, como el ReAnima Project, un experimento que cuenta con el permiso de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos e India, y en el que participan 20 pacientes declarados clínicamente muertos que permanecen conectados a máquinas en estado vegetativo.

El objetivo del controversial proyecto, que como era de esperarse tiene muchos detractores, es identificar posibles signos de regeneración cerebral en la zona superior de la médula espinal que controla la respiración y los latidos del corazón como un primer paso que permita diseñar estrategias fiables para revertir la muerte.

El equipo de especialistas de la empresa de Bioquark Inc, encargada del proyecto, administrará a los pacientes que participan en el experimento, en una primera fase, péptidos en la médula espinal diariamente y células madre dos veces a la semana, para evaluar sus progresos, pero se trata de un camino largo, que por cierto podría ser importante para contrarrestar enfermedades degenerativas como el Parkinson y el Alzheimer.

Pruebas médicas para el diagnóstico:

* Colocar una linterna prendida en ambos ojos del paciente para ver si puede reaccionar a la luz.

* Frotar la capa externa transparente del ojo, es decir, la córnea, para ver si el ojo reacciona.

* Aplicar presión en la frente mientras se aprieta la nariz para ver si hay algún movimiento como respuesta.

* Insertar agua fría en cada oído, para provocar algún movimiento en ojos.

* Introducir un tubo delgado de plástico por la tráquea para intentar provocar náuseas o tos.

* Retirar al paciente de respirador de forma temporal para ver si intenta respirar por sí mismo.

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