La ciclotimia es una alteración del estado de ánimo que está caracterizada por períodos alternos de hipomanía y depresión leve, que si bien no llegan a ser muy numerosos, ni graves, alteran el funcionamiento normal del individuo.

El trastorno ciclotímico, que está considerado una forma leve de bipolaridad, no es común y su prevalencia se ubica en aproximadamente el 1% de la población mundial, tal y como confirma el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Se inicia habitualmente en la adolescencia, aunque es difícil de identificar, y afecta por igual a hombres como mujeres, aunque son ellas las que suelen buscar ayuda especializada.

Los pacientes con este trastorno viven entre episodios depresivos e hipomaníacos que tienen una duración de al menos cuatro días, pero que no se convierten en una condición discapacitante. Por lo general, no se dan cuenta de sus síntomas, especialmente porque las crisis se alternan con periodos de normalidad, aunque estos no se extienden por más de dos meses.

Estos episodios de cambio de humor no son tan intensos como cuando se trata de un paciente con trastorno bipolar, aunque según los expertos, padecer ciclotimia puede aumentar la probabilidad de desarrollar bipolaridad.

Diagnóstico difícil

Como en el caso de la mayoría de los trastornos de salud mental, la causa exacta del trastorno ciclotímico es desconocida, aunque estudios recientes han confirmado la existencia de un componente genético como factor predisponente. Por otra parte, las experiencias traumáticas y los períodos prolongados de estrés también pueden aumentar las probabilidades de desarrollar ciclotimia.

Y ciertamente, no se descartan otras posibilidades, como lesiones en los tejidos cerebrales, problemas durante el parto, desequilibrio en la generación de neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina, la norepinefrina, la dopamina y el acetilcolina.

Básicamente los síntomas de esta condición son muy parecidos a los de muchos otros trastornos de salud mental, por lo que no resulta fácil el diagnóstico, es por eso la Asociación Psiquiátrica Americana ha establecido como criterios de evaluación y confirmación que el paciente presente varios períodos con síntomas hipomaníacos y múltiples períodos con síntomas depresivos durante al menos dos años, siendo este lapso de un año en el caso de los adolescentes. Pero además es importante que los síntomas sean recurrentes durante un lapso no mayor a dos meses consecutivos.

Los signos depresivos más comunes son los sentimientos de tristeza, vacío y desesperanza, pero también la irritabilidad, los trastornos del sueño, los problemas de concentración, pensamientos suicidas, fluctuaciones de peso, deterioro del juicio y la planificación, ruptura con el entorno social, y dificultad para el manejo de conflictos.

Mientras que los síntomas hipomaníacos habituales son la sensación exagerada de bienestar y felicidad, el aumento de la autoestima, el optimismo exagerado, la irritabilidad, una menor necesidad de dormir, pensamiento acelerado, carencia de juicio, tendencia a hablar más de lo habitual, dificultad de concentración, hiperactividad, inestabilidad emocional, impulsividad, e irresponsabilidad.

Este trastorno ha sido clasificado por los expertos en tres grande grupos. La ciclotimia ligera que implica una simple exageración del estado de ánimo normal; la regular donde los cambios de humor son repetitivos y duraderos; y la severa que está asociada a una psicosis y a un estado maníaco-depresivo de gravedad que se ha vuelto patológico.

La terapia como recurso

El trastorno ciclotímico puede ser muy perjudicial para la vida social, familiar y laboral de la persona afectada. Los problemas dentro del matrimonio, la inestabilidad en las relaciones de amistad y los conflictos con compañeros de trabajo, suelen ser muy frecuentes, así como los cambios bruscos e inexplicables entre periodos de productividad y de absoluta inactividad.

Las razones para las dificultades de este tipo, y en especial para los problemas interpersonales son muchos, pero entre ellas destaca el hecho de que la impulsividad y actitud irresponsable del paciente en sus momentos de crisis pueden llevarlo a tomar decisiones erradas con consecuencias irreparables. Además está demostrado científicamente que se trata de individuos más propenso a abusar de las drogas y el alcohol.

Por ser un problema crónico, el tratamiento es largo y requiere disciplina. No hay una cura, ni una estrategia farmacológica única, todo depende de cada caso, aunque ciertamente el litio y el ácido valproico pueden estabilizar el estado de ánimo, pero no corrigen el problema totalmente.

En consecuencia, en estos casos el protocolo es combinar medicamentos con psicoterapia para aliviar los síntomas de cada tipo de episodio y reducir la frecuencia de su aparición. Además de los anticonvulsivos y antipsicóticos atípicos, se propone al paciente someterse a una terapia cognitivo conductual y una racional emotiva con el objetivo de que aprenda a vivir con su condición, y aprenda como manejar los cambios en el estado anímico.

Recomendaciones

  • Estimular y mantener patrones de sueño saludables para evitar la activación de los episodios de estado de ánimo.
  • Hacer pausas de unos 10 minutos, y de ser posible salir a caminar cuando se sienta agobiado o cansado.
  • Moderar la ingesta de café, especialmente después del mediodía para mejorar las horas de sueño y su calidad.
  • Evitar el consumo de drogas y alcohol.
  • Establecer una rutina diaria, esta es la clave para estabilizar los estados anímicos.

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