Por Roberta Stabile

A media mañana llega una notificación de la etiqueta en la foto del fin de semana por la red social y le damos like. Luego de esto, salir de la línea de tiempo que nos muestra la vida de los demás se torna difícil.

Cuando volteamos la mirada a nuestras labores, no hemos realizado ni el 20% de las tareas. ¿Les suena conocido? Estos son los enemigos férreos de la productividad en la oficina y pareciera que consumen más tiempo del que verdaderamente necesitaríamos para terminar con nuestras labores.

Es por eso que lo ideal sería comenzar la jornada con una planificación de las actividades que se van a ejecutar durante el día. Alternando las labores “de carpintería”, con aquellas triviales que debemos alistar diariamente, y planificando un espacio importante para dedicarlo a las actividades importantes, que por más paradójico que parezca, cuando no hay una organización, lo urgente prevalece sobre lo significativo.

Comience a soltar el control, y atrévase a delegar en las personas que considere aptas para ciertas asignaciones. De esta forma puede realizar sus actividades con más calidad. No se llene de tareas.

Si no todavía no se le ha ocurrido, aleje un poco su teléfono móvil de usted. Trate de no caer en revisar sus redes sociales, a menos que sea parte del trabajo y si es así apéguese a sus prioridades de oficina.

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