Tras el derrumbe de Lehman Brothers que sacudió al sector financiero mundial, en 2014 el G20 se trazó como prioridad de su política económica la supervisión del comportamiento de algunos de sus Gobiernos en relación a la fiscalidad privilegiada de las empresas multinacionales. ¿Qué queda de aquellas buenas intenciones dos años después? A tenor de los documentos divulgados en Panamá sobre la existencia de sociedades opacas en casi todo el mundo, las cosas no han cambiado mucho.

La prueba es que tanto Estados Unidos como la Unión Europea, después de años de oratoria vacía sobre la necesidad de limitar los paraísos fiscales y restringir con medidas legales la evasión fiscal de las transnacionales, están dispuestos a proceder de manera contundente contra el capital oculto.

Se puede decir que este plan global llega tarde. Es cierto que los diferentes gobiernos así como los organismos económicos y financieros internacionales han dejado pasar demasiado tiempo para acometer una reforma radical contra empresas, multimillonarios y políticos de todo el mundo que han ocultado dinero a través de sociedades en paraísos fiscales para evitar pagar impuestos.

De hecho, los autores de la investigación conocida como ‘Papeles de Panamá’ subrayan que en este escándalo internacional confluyen dos factores esenciales: la opacidad de algunos regímenes (China, por ejemplo) y la forma especulativa de hacer negocios tanto en épocas de crecimiento económico como de recesión, que ha disparado la fuga de capitales. Todo ello corrobora que las cuentas opacas protegidas por sociedades offshore y firmas multinacionales que utilizan algunos países (incluidos los de la UE) como domicilios de conveniencia para minimizar sus impuestos, no son sólo una trama de titulares de cuentas que no han regulado su situación o han incurrido en falsedad sobre sus patrimonios en el exterior; sino que en algunos casos, disponen de una sofisticada red internacional para ocultar sus ganancias.

Todos los nombres de la lista de Panamá, incluidos los más conocidos, han visto las orejas al lobo. La creación de sociedades offshore para ocultar patrimonio, dinero procedente de actividades ilegales o para ocultar información a las autoridades fiscales de su país de origen, no puede despacharse sin más como un incidente menor o justificar que se trata de un caso insólito e irrepetible.

La gravedad de la situación no debe dejar lugar a equívocos o lamentaciones. Es necesario mirar hacia delante y plantearse si en un breve plazo contaremos con mecanismos eficaces para obligar a este tipo de sociedades “tapadas” a que colaboren y entreguen a los Gobiernos toda la información fiscal disponible, a fin de someter a las empresas a condiciones de información similares a las de la banca y a la del resto de los ciudadanos.

La difusión de los datos societarios y fiscales del despacho panameño Mossack Fonseca no es un episodio anecdótico. Por desgracia, refleja los grandes errores y lagunas de los sistemas fiscales internacionales. Las Agencias Tributarias de cada país cuentan con sofisticadas redes de datos, pero su eficacia se limita al control de rentas como las del trabajo -es decir, las de los millones de asalariados con nóminas que trabajan muy duro en el mundo- de cuyos ingresos se conoce hasta el último céntimo. En cambio, no han desarrollado mecanismos efectivos para detectar la ingente bolsa de dinero negro que existe en las alcantarillas fiscales.

Combatir este gigantesco fraude debe ser la prioridad de los organismos competentes, de la UE y EEUU, y no en hacer demagogia con subidas de impuestos a los contribuyentes que ya sufren una gran carga impositiva.

Por ello, el examen y las sanciones hasta donde lo permitan las leyes correspondientes, deberían tener un carácter disuasorio incuestionable, sobre todo contra regímenes autoritarios y cleptocráticos para obligarlos a que respeten los principios elementales de la transparencia democrática.

 

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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