ORLANDO TAQUECHEL

ESPECIAL

El Ballet Cubano Clásico de Miami, la compañía fundada y dirigida por Pedro Pablo Peña, el promotor cultural incansable detrás también del Festival Internacional de Ballet de Miami, ofreció su acostumbrado programa anual con estrellas invitadas en el teatro Colony de Miami Beach el viernes 9 de mayo y al día siguiente, con algunos cambios, en el Miami-Dade County Auditorium.

Este es un evento siempre exitoso que esperan con ansiedad los aficionados al ballet en Miami y muy en especial los apasionados balletómanos que admiran el estilo cubano.

La función en el Miami-Dade County Auditorium, que aquí reseñamos, estaba concebida para abrir con “Les Sylphides”, seguir con el estreno de “Habaneras” de Eriberto Jiménez (según una idea original de Peña) y cerrar la primera parte con el “Grand Pas de Quatre”, pero la buena acogida que tuvo el pas de deux “Llamas de París” bailado por Gretel Batista y Francois Llorente en la función del día anterior hizo que los organizadores lo agregaran al programa. Después del intermedio se presentó “Le Corsaire Suite”.

“Les Sylphides” estuvo interpretado con esmero por Masiel Alonso, Trisha Carter y Mayrel Martínez acompañadas por Arionel Vargas. Batista y Llorente fueron premiados con la ovación más entusiasta de la noche.

“Habaneras”, probablemente el mejor trabajo hasta hoy de Jiménez como coreógrafo, contó con la participación desenvuelta de seis mujeres hermosas (Claudia Lezcano, Jessie Marrero, Adriana Mendez Tosin, Yaima Mendez y Jennifer Villalón), la presencia de un artista consumado como Jorge Oscar Sánchez en una intervención breve pero sustancial, hermosos diseños inspirados en Amelia Pelaez y el aliento nacionalista inconfundible de la música de Ignacio Cervantes.

Por su parte, “Le Corsaire Suite” resultó ser una sucesión de pasajes extraídos de “Le Corsaire”, todo un “guilty pleasure” entre los ballets clásicos y un título que se mantiene en repertorio básicamente por su condición de gran espectáculo y porque ofrece oportunidades de lucimientos a casi todos los participantes. Precisamente por eso el montaje de Peña y Jiménez se debilita cuando tratan de hacer algo con la historia o los ejecutantes no están a la altura de las circunstancias y cobra vida cuando los intérpretes se entregan de lleno al virtuosismo.

En este contexto, se destacaron la espléndida Marizé Fumero como Medora, el mágnetico Jorge Oscar Sánchez como Lankendem y el portentoso Rodrigo Almarales como Ali, en su debut en Miami. Sin olvidar el atento Conrad de Arionel Vargas, la encantadora Gulnara de Venus Villa y el Birbanto impetuoso de Francois Llorente.

Las Galas del Ballet Cubano Clásico de Miami han servido por años como una oportunidad inestimable para los bailarines recién llegados de Cuba y son encuentros entrañables para muchos artistas procedentes de otros lugares y compañías porque regresan a Miami para sentirse abrazados por un público conocedor y agradecido.

Hay que reconocer que la nostalgia juega un papel importante en la enorme aceptación popular de este tipo de programas concierto. Para muchos de los asistentes, la experiencia los hace sentirse transportados a funciones de antaño en teatros habaneros como el desaparecido “Amadeo Roldán” o el “García Lorca”, hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El Ballet Nacional de Cuba era entonces una compañía cautiva bailando para un público igualmente cautivo que la encumbró como ejemplo, patrón y modelo a seguir, y le agregó significado a sus presentaciones como experiencia de vida abiertamente escapista.

La excelencia y el carisma de los intérpretes de entonces son incuestionables, pero hay que reconocer que hoy en día nadie baila como se bailaba entonces – cada artista tiene su manera de hacer y cada generación tiene su estilo - y es injusto evaluar a los artistas de hoy con los patrones de ayer – o a los de ayer con los de hoy.

La pátina del tiempo ha magnificado y embellecido los recuerdos de todos los que se entregaron al arte efímero de la danza escénica antes de que existiera el Internet y desaparecieran los poetas. Ellos forman parte de la visión del mundo propia de la comunidad que los convirtió en leyenda.

Los artistas de hoy pueden ser vistos una y otra vez para ser comparados con los de ayer y criticados hasta la saciedad. La familiaridad y la inmediatez son la muerte del mito y quizás por eso la historia de la diáspora del ballet cubano ha sido escasa en leyendas aún estando llena de artistas excepcionales.

Todo lo anterior es necesario tomarlo en cuenta al hablar del “Grand Pas de Quatre” que interpretaron en ambas funciones Lorena Feijóo, Marizé Fumero, la panameña Manuela Navarro y Venus Villa, cuatro atractivas figuras del ballet actual que bailan de manera diferente a las inolvidables “cuatro joyas” del ballet cubano o a las míticas intérpretes originales para quienes fué creado este “divertimento” en 1845, cuando en realidad solo se les pidió que actuaran como ellas mismas.

El pas de quatre original consiguió reunir a cuatro famosas bailarinas del Romanticismo. Una de las bailarinas invitadas a participar no quiso hacerlo y fué reemplazada por Lucile Grahn. Curiosamente, en esta ocasión ocurrió algo parecido: Dagmar Moradillos fué invitada, no pudo hacerlo, y otra bailarina entró por ella.

En términos de puesta en escena, este “Grand Pas de Quatre” no ofreció caracterizaciones – no hay aquí las escaramuzas histriónicas que definen la versión de Alicia Alonso - y el montaje de Eriberto Jiménez se concentró en parafrasear amablemente el trazo coreográfico de Jules Perrot. El resultado es un ejercicio refinado – con instantes de exquisita delicadeza – pero desapasionado porque al convertir a Grahn, Grisi, Cerrito y Taglioni en abstracciones espectrales, Feijóo, Fumero, Navarro y Villa son apariciones sugerentes donde se necesitan arquetipos.

Así las cosas, el pas de quatre del Ballet Cubano Clásico de Miami incluyó – como el original - cuatro hermosas bailarinas, una sustitución y terminó siendo un acontecimiento histórico. Es cierto que el hoy extinto Ballet Rosario Suárez presentó en 2004 una versión basada en la de Alicia con una inolvidable Mayte Diz-Portela como Taglioni junto a bailarinas aún en proceso de formación, pero todo parece indicar que esta es la primera vez que el público de Miami tiene la oportunidad de apreciar por fin al famoso “Grand Pas de Quatre” interpretado por intérpretes profesionales ya establecidas reunidas especialmente para la ocasión.

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