MIAMI.-Las rolingas. Asi se llaman en Argentina las adoratrices de un grupo que, después de 50 años de rodar por el mundo, decidió hacer una gira por países que jamás habían visitado, como Uruguay, Perú, Colombia, México y Cuba, la gran expectativa.

Y esa aventura quedó plasmada en un documental dirigido por Paul Dugdale y lanzado al mundo el pasado 16 de septiembre en el festival de cine de Toronto, en Canadá. Y será presentado en el GEMS Festival, antesala del Festival Internacional de Cine de Miami, organizado por el Miami-Dade College, el proximo 13 de octubre en el Tower Theater.

En los barrios de Buenos Aires, las rolingas y los rolingos exhiben sus ropas marcadas con el símbolo de esta banda mítica: esa boca enorme, con labios voluptuosos, creada hace ya una eternidad por Andy Warhol. Parece un día de fiesta, porque “los rolling” llegan a la ciudad, darán un concierto en la noche y esta fanaticada, tan parecida a la del fútbol, les dará un recibimiento de héroes. Y uno de los fanáticos no duda en que entre sus compañeros y los Stones “hay una relación maravillosa. A los argentinos no nos gusta que nos impongan nada y nosotros nos tomamos a los Rolling Stones”, dice frente a una cámara magistral, que logró mostrar ese aíre clandestino de la cultura “underground” que se alimentó con las canciones de sus “satánicas majestades”.

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Y llega el momento de la verdad: el concierto en el River Plate, una multitud de todas las edades vuelve a vibrar con los dinosaurios del rock, cuatro viejos intemporales que le han ganado la carrera a la corrosiva nostalgia de los sesenta.

En Brasil, la cámara se asoma, en una secuencia aérea memorable, a la inmensidad de Río de Janeiro al tiempo que una guitarra acústica, española, suena de fondo, y a medida que se cierra el plano sobre la terraza de un edificio, se ve que es Keith Richard quien la ejecuta.

Cuenta su relación con sus compañeros de banda, como los sigue uniendo su pasión compartida, es decir, escribir canciones y hacer música a pesar de tantos años. Y en la noche, la samba, música rebelde, contra la esclavitud, en ese ritmo el grupo de Ovaldinho da Cuíca intepreta una canción muy oportuna: Street fighting man.

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Keith Richards (Izq) y Mick Jagger, casi todas las canciones de los Rolling Stones han sido escritas por ellos dos.
Keith Richards (Izq) y Mick Jagger, casi todas las canciones de los Rolling Stones han sido escritas por ellos dos.

Entre país y país este documental muestra los pormenores de la complicada logística y los tropiezos para llegar a ese día histórico, el 25 de marzo, cuando los Stones cumplieron el sueño de miles de cubanos: oir y ver, sin censura, con la libertad desmesurada del rock, la música que siempre corrió por los canales clandestinos de una juventud reprimida en las diferentes esquinas de la isla.

En Uruguay, Perú y México fue impresionante como la cultura popular, al igual que en Argentina, se relaciona con una banda que, desde sus inicios, significó todos esos valores de irreverencia que, en el documental, recuerdan los viejos roqueros mexicanos, reprimidos y prohibidos por los sucesivos gobiernos de la “dictadura perfecta”, a finales de los sesenta y setenta.

Y llegó el día de la verdad, los Stones en Cuba. La Habana fue una fiesta. Pero antes, el documental muestra imágenes de la precariedad económica y de la gran creatividad de su gente a pesar de las dificultades. Más de un millón de personas se dieron cita en la Ciudad Deportiva. La gran tribu del rock, de todas las edades, con la ilusión de un destello de libertad gozó de una noche inolvidable.

Esta película es una muestra de la huella profunda que ha dejado, en América Latina, un grupo que ha sobrevivido no sólo a las agrias rencillas internas, sino al paso implacable de las modas. Y también una pincelada, en varios tonos, de cuatro hombres, ya en edad madura, que aún se dejan sorprender, e incluso conmover, con una multitud que no se cansa de seguirlos como si fueran una luz en la oscuridad.

 

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