Helena Alonso Paisley
Artburstmiami.com

El escritor andaluz Federico García Lorca, gran admirador del flamenco, elogiaba en sus versos el llanto de la guitarra. Decía que sería imposible callarla. Y en manos de José Fernández Torres, “Tomatito”, la guitarra no solo llora, sino intima los secretos más profundos del alma y grita a toda voz la alegría de la vida. Y cuando este virtuoso toque con su grupo en el Olympia Theater de Miami el viernes, 4 de noviembre a las ocho de la tarde, lo más seguro es que no habrá nadie en el teatro que querrá callarlos.

Al hablar de Tomatito, los críticos comentan sobre la ferocidad de su técnica y la sensibilidad plenamente personal de su toque. Nacido en Almería en 1958, heredó naturalmente su afición por la guitarra—su abuelo fue guitarrista profesional, igual que su tío. “Me crie en un seno familiar flamenco, en una cultura flamenca”, afirma Tomatito. Siempre había música en su casa y en el barrio gitano en donde vivía. “Yo vengo de una cultura de barrio”, dice, “donde se juntaban los niños en la calle…Cantábamos, tocábamos, bailábamos todos juntos allí. Yo aprendí en la calle”.

Empezó tocando en las peñas almerienses a los diez años, y cuando su familia se mudó a Málaga, unos años más tarde, el adolescente consiguió trabajo en un tablao. Fue allí donde la suerte intervino. José Monge Cruz, mejor conocido como Camarón de la Isla, estaba cantando en un festival cercano y no tenía guitarrista. Alguien mencionó al jovencito de dieciséis años que tocaba en la Taberna Gitana. Y así empezó una colaboración que duraría unos dieciocho años e iba a cambiar la trayectoria del flamenco.

Camarón con Tomate fue plato predilecto de los aficionados de flamenco durante la década de los setenta y ochenta. Con sus impresionantes melenas de pelo rizado, parecían dos jóvenes dioses gitanos, y no solo el pueblo andaluz sino aficionados en cada rincón del globo se volvían locos con ellos. El primer disco que grabaron juntos, La leyenda del tiempo (1979), marca una pauta en la historia del arte flamenco. Se conoce hoy como la línea divisora entre un antes—el flamenco tradicional, “puro”—y un después, el nuevo flamenco, enriquecido de tendencias innovadoras o corroído por éstas, según el punto de vista de uno. Más que una mera colaboración artística, la relación entre Tomatito y Camarón fue de una amistad profunda. Por casi dos décadas, formaron un dúo inseparable, con el guitarrista acompañando al cantaor hasta las puertas de la misma muerte en 1992.

Según Tomatito, Camarón fue un genio único, un “monstruo irrepetible” del cante flamenco. Cuando falleció, no hubo durante mucho tiempo quien ni remotamente lo remplazara. En este momento fue cuando Tomatito inició su carrera como solista e insólito explorador de las posibilidades de combinar el flamenco con otros géneros como el jazz estadounidense o el tango argentino.

La búsqueda de nuevos caminos para el flamenco ya la había empezado otro artista mítico, Paco de Lucía. Fue él que iluminó la senda de la experimentación, incorporando al flamenco tradicional diferentes instrumentos y estilos musicales como el ritmo cubano, las harmonías brasileñas y las melodías de jazz al flamenco tradicional. De joven, Tomatito había aprendido a los pies de este gran maestro, eventualmente tocando con él en el ahora legendario elepé Como el agua. Pero igual que solo puede haber un Mozart, el discípulo se dio cuenta que sería inútil intentar imitar a su ídolo. Se contentó muy temprano en ser fiel a su manera personal de expresarse musicalmente a través del flamenco.

Los artistas que tienen las raíces afincadas profundamente suelen ser los que mejor florecen al curiosear por nuevos campos creativos. Ha sido así para Tomatito, que ha colaborado con muchos grandes artistas de jazz, como el pianista dominicano Michel Camilo y el guitarrista americano George Benson. Habrá sido difícil para los vecinos de su Almería natal imaginárselo—que el chico del barrio gitano que jamás aprendió a leer música haya compartido cartel con superestrellas internacionales como Chick Corea, Elton John, e inclusive con el legendario Frank Sinatra. ¡Y que haya ganado no menos de cinco Grammys por el camino!

En el concierto el viernes 4, tocarán algunos temas de Soy flamenco, galardonado en 2013 con un Latin Grammy como mejor disco de flamenco. En la percusión estarán Israel Suárez “Piraña” y al cante y a las palmas David Maldonado y Kiki Cortiñas. El joven bailaor José Maya completará el cuadro de manera singular. Maya tiene un estilo muy suyo que se destaca por lo que llaman en el flamenco “tener nervio”. Es una manera eléctrica, casi explosiva de enfrentarse al movimiento. Según Tomatito, “Su estilo es moderno y muy fuerte—es un virtuoso de baile. Hace cosas espectaculares.” Y como Sansón, cuenta con un arma secreta, su pelo, que maneja con la misma soltura e intención que una bailaora reservaría para su bata de cola o su mantón de Manila.

La tradición musical de la familia Fernández Torres sigue para adelante. Aquí en Miami, Tomatito compartirá el escenario con su hijo de diecinueve años, José del Tomate, a la segunda guitarra. “La familia es lo más grande que te da la vida. La base que te da es muy importante—como músico, como persona,” dice, y afirma que le da mucha satisfacción poder actuar con su propio hijo y así enseñarle el lado serio y profesional de su arte. Pronto va a sacar su primera grabación como solista, proyectando hacia el futuro la trayectoria flamenquísima de su clan.

Viernes 4 de noviembre, 8 p.m., en el Olympia Theater, 174 Flagler Street, Miami. Consulte el portal mdclivearts.org o llame al número telefónico 305 237 3010.

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