MIAMI.- En el ideario musical cubano contemporáneo el nombre de Yeny Valdés es quizás uno de los más venerados por el público. Su paso por renombradas orquestas de la isla la dotó de una gran sensibilidad artística, que más tarde pudo demostrar en Los Van Van, donde llegó a convertirse en una icónica voz.

A menos de un año de haberle dicho adiós al Tren Musical de Cuba y radicarse en EEUU, Valdés se prepara para su primer concierto en Miami, que celebrará junto a Timbalive el viernes 13 de octubre a las 9 p.m. en el Flamingo Theater Bar, en Brickell.

“Confieso que este primer concierto me tiene muy feliz, sobre todo porque sé que el público será mayoritariamente cubano. Ya casi va a cumplirse un año desde que salí del país y extraño mucho ese sentimiento hermoso que provoca en un artista el saberse querido por su gente”, expresó Valdés a DIARIO LAS AMÉRICAS.

¿Qué podrá disfrutar el público en esa presentación?

Haremos el repertorio que durante 16 años defendí con Los Van Van como Mi mimi, Un año después y La moda, entre otros. También interpretaré temas del compositor Juan Kemell y habrá boleros y rumba. En el evento estaré acompañada por mi esposo Erick Barbería, que estará en la dirección musical, también cantará y tocará los batá. Timbalive será mi cómplice. No podía ser mejor, en San Francisco habíamos trabajado juntos y en honor a la verdad, me sentí muy cómoda y satisfecha con la calidad musical y humana, que también es muy importante para mí.

¿Por qué escogieron a la ciudad de Miami?

Miami no ha sido la primera ciudad donde nos hemos presentado. Ya habíamos hecho San Francisco y Los Angeles, sin embargo, este concierto ha sido el que más he esperado. No hay nada mejor que mirar desde la escena a una pareja de cubanos divirtiéndose con nuestra música.

¿Cómo ha sido la experiencia de cantar en solitario?

Imaginaba que afrontar el trabajo en solitario era algo difícil y duro, pero no es siquiera algo predecible. Los nervios suelen hacer de las suyas, aparecen los errores a última hora y la realidad palpable de que, al mirar a tu alrededor, siempre serán músicos nuevos que apenas conoces. Abogo siempre por el buen tino de mi esposo, que apenas duerme cuando están por acontecer los conciertos. También agradezco que por todo EEUU haya buenos músicos. Hemos navegado con mucha suerte. El público saca lo mejor de mí, en ocasiones me sorprende la cantante que ellos sacan de mí. No hay palabras para describirlo”, aseguró refiriéndose a que durante más de una década fue dirigida por el maestro Juan Formell.

Yeny Valdés junto a su esposo Erick Barbería.
Yeny Valdés junto a su esposo Erick Barbería.
Yeny Valdés junto a su esposo Erick Barbería.

¿De qué manera se nutrió con el paso por orquestas como Sello LA, Grupo PG y NG La Banda?

Todas fueron sembrando sentimientos, maneras de decir y de proyectarme. Fueron tejiendo el camino que haría que encontrara en mí a la cantante real; con una manera propia de interpretar la música cubana. Agradezco mucho al maestro Jose Luis Cortés, quien tuvo la osadía de ponerme a improvisar un día frente a cientos de personas y regalarme esa noche, en la que regresé a casa sintiendo que podía improvisar, lo que no me hace una improvisadora. Cortés también logró que yo grabara cuatro voces con intervalos disonantes en temas de jazz. Es algo que recuerdo y me hace sentir cosas muy bonitas, porque el sacó lo mejor de mí como cantante. Logró que yo entendiera y disfrutara mi extensión vocal. Es alguien a quien le debo mucho.

¿Qué recuerda de esa época y qué opina de la música popular actual de Cuba?

Recuerdo, con mucha alegría, que existía un movimiento timbero muy competitivo, con una calidad musical impresionante y textos que invitaban a reflexionar, enamoraban y te hacían reír de tus carencias y desatinos. Hoy siento que se está haciendo buena música, pero solo es una minoría. Hay muy pocos arreglistas creativos y los colegas no siempre se expresan de la mejor manera. Curiosamente nos hemos detenido en “tirarnos unos a otros” y no en la calidad musical, que es lo que de verdad importa. Esto a veces pasa inadvertido. No juzgo. A mis 44 años intento no cantar cualquier cosa, es un regalo que quiero hacerme. Me alegra saber que existen músicos que defienden ese legado que nos heredaron nuestros ancestros, aquellos que sembraron nuestra identidad musical. Con esos sí bailo y a ellos sí los escucho.

¿Cómo ha sido su vida después de que concluyó el periodo en Los Van Van?

Todo es un proceso de adaptación, aprendizaje y crecimiento. Pero lo más duro es la separación de la familia, en especial de mi hijo Diego, que pronto se graduará de la Escuela Nacional de Artes de Cuba. Con el favor de todo lo bueno y grande que existe, pronto nos volveremos a ver. A su vez, estoy muy feliz de vivir en este gran país, aquí también tengo una hermosa familia, lo que me ayuda mucho para seguir adelante.

¿Cómo recuerda al maestro Formell?

Van Van deja en mí recuerdos, fotos, amigos, lágrimas, baile, sabor, humildad, aprendizaje y alguna que otra decepción. Juan Formell Cortina es y será el cubanazo más grande que he conocido, un simple mortal con virtudes y defectos, pero que quiso mucho a su gente. Nada lo hacía más feliz que estar rodeado de gente real. Disfrutaba mucho de un buen chiste pinareño. Me hacía repetírselos mucho. Como director no era impositivo, siempre supo lo que quería, pero también escuchaba y era muy permisible. Algo de mí se fue con él, creo que nunca más me sentí dirigida.

¿Cuáles sueños le faltan por alcanzar?

Lo que sigue es trabajar, grabar discos, cantar nuestros temas y promover nuestra música, aunque no tengamos discográfica. Ahí vamos, poniéndole ganas y empeño. No soy muy soñadora, me gusta trabajar sobre la marcha y con mucha fe y creer. Siempre un escenario va a provocar la misma sensación en mí, sin importar el número de personas que acuda a verme.

Hace algunos meses dijo que no le interesaba hacer carrera en solitario, ¿ha cambiado algo?

Cuando hablé de que no me interesaba hacer carrera en solitario, lo hice viviendo en Cuba. Lo que está sucediendo ahora cambia esa realidad. Es lo único que creo que sé hacer un poquito bien.

¿Es cierto que el gobierno cubano no le permitió continuar con la orquesta?

No es que no pueda cantar en Cuba, es solo que no puedo estar en dos lugares a la vez. Para pertenecer a la orquesta debía estar viviendo allí permanentemente y eso es imposible para mí. No sé si harían alguna concesión, pero al menos conmigo no fue factible.

¿Considera que los músicos no deben hablar de política?

Creo en el derecho que tenemos los seres de humanos de manifestar nuestros credos, nuestras definiciones políticas, culturales y religiosas. También creo que es respetable el no hacerlo o al menos no públicamente. En la música yo encuentro paz, unión, luz y energía positiva para mitigar tantos acontecimientos. Mi música y mi religión son mi modo de vivir.

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