LONDRES.- Como no podía ser de otra manera en su retirada, el jamaicano Usain Bolt cerró este domingo los Mundiales de Londres con la última vuelta al estadio de su extraordinaria carrera profesional.

No lo hizo el hombre más veloz del planeta tras conquistar un último título que añadir a su fabuloso currículo. Bolt ni siquiera competía hoy. Sino a modo de homenaje, para recibir el tributo que debería haber tenido el sábado, cuando una lesión le impidió concluir el relevo 4x100 y festejar con los fans.

Ellos, según aseguró hoy el ganador del 11 oros mundiales y ocho olímpicos, fueron los causantes de que decidiera despedirse en Londres, un año después de sus dorados Juegos de Río 2016, los del último triplete.

"No me arrepiento de haber estado en Londres porque mis fans me querían ver un año más y por eso estoy aquí. Estoy feliz de haberles dado lo que querían, independientemente de cómo salió", afirmó Bolt, en la rueda de prensa que siguió al homenaje sobre la pista.

Minutos antes, en el Estadio Olímpico de Londres, Bolt había recibido de manos de la organización un pedazo del tartán "donde logró tantos éxitos" -tres oros en los Juegos de 2012-, antes de que en las pantallas se proyectara un vídeo con algunas de sus mejores actuaciones y el astro, más serio de lo habitual, diera una vuelta entera al coliseo.

"¡Usain, Usain!", "Bolt, Bolt!", rugieron por última vez los hinchas. El astro, que no dejó de aplaudir durante todo su recorrido, les respondió repitiendo un par de veces su icónico gesto del arquero, el que durante diez años acompañó a cada una de sus victorias.

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El jamaicano Usain Bolt, durante su vuelta de despedida en el estadio Olímpico de Londres.
El jamaicano Usain Bolt, durante su vuelta de despedida en el estadio Olímpico de Londres.

"No creo que una carrera o unos campeonatos vayan a cambiar lo que hice durante todos estos años", afirmó el hombre más veloz del planeta, seguro de su legado, pese a la derrota del 100 en Londres -sólo pudo ser bronce-, la primera de su vida en una gran final, y a que ni siquiera concluyó el relevo.

"No", respondió después claro y contundente, cuando un periodista le preguntó si se replanteará su retirada tras lo sucedido en la capital británica,

"He visto a muchos retirarse y volver para ser peores de lo que fueron, y yo no quiero ser uno de ésos", argumentó Bolt, enfundado en el uniforme de Jamaica, el semblante sobrio, barba de varios días.

Para el hombre que transformó el atletismo mundial en la última década, los de Londres fueron unos campeonatos con muchas sorpresas, incluida la suya, y en los que "la mitad" de los favoritos no lograron lo que se esperaba de ellos.

"Fueron unos de los campeonatos con más sorpresas. Yo hice lo mejor que pude y no sé por qué paso lo que pasó, pero creo que pasó por alguna razón", señaló Bolt, en un tono un tanto místico.

Su lesión del sábado y su decepción final, tendido en la calle 5 del Estadio Olímpico, sin poder completar su última carrera, lo dejaron tocado. No era la despedida que esperaba la estrella más rutilante del atletismo mundial, que nunca antes se había lesionado en una definición.

"La noche estaba ventosa y nos tuvieron fuera como 15 minutos por la ceremonia de medalles. Yo les dije que por qué nos habían hecho salir tan pronto y esperar tanto, pero qué puedo hacer, tengo que seguir las reglas", señaló Bolt, tras señalar que ya en el calentamiento había notado el músculo -sufrió un tirón en los isquiotibiales- "tenso".

"Nadie creía que yo podía ser batido en un campeonato, pero ése también es un buen mensaje para los niños: hay trabajar duro, pase lo que pase, para intentar ser lo mejor que puedas ser", apuntó el astro que se va preguntado por el legado que deja.

"Demostré, además, que puedes ser el mejor sin doping. Quiero que los niños vean eso, me gustaría poder transmitirles eso", dijo el rey del atletismo mundial, antes de despedirse de los periodistas, los que escribieron "cosas malas" sobre él, y agradecerles el haberlo seguido todos estos años.

A partir de mañana, Bolt, que quería pasarse al fútbol y tras su lesión se lo pensará, se dedicará a ser "libre", a conocer el mundo más allá de las pistas, a no seguir las reglas.

En ellas, dio todo lo que tenía para dar, más que nadie nunca antes, y, ahora, con ese botín para la historia, le toca descansar.

En el mismo lugar donde el rey se despidió, también hoy, algunos atletas clausuraron los campeonatos con su momento de gloria.

Lo hizo la sudafricana Caster Semenya que, ocho años después de su último oro planetario ganado sobre el tartán, pudo lucir la corona de los 800 metros con todos los honores al imponerse con absoluta superioridad y la mejor marca mundial de este año, 1:55,16 minutos, a la burundesa Francine Nyonsaba, plata en 1:55,92, y a la estadounidense Ajee Wilson, bronce en 1:56,65.

Antes del triunfo de la controvertida Semenya, la keniana Hellen Obiri apartó a la etíope Almaz Ayana -plata- de la doble corona en Londres al imponerse en la final de los 5.000 metros en una última vuelta al estadio espectacular.

Luego, el qatarí Mutaz Barshim se llevó el oro en salto de altura; la croata Sandra Perkovic en lanzamiento de disco, Estados Unidos en los relevos 4x400 femeninos y Trinidad y Tobago, en los masculinos.

La última jornada de los Mundiales se había abierto con dos grandes noticias para el atletismo latinoamericano: el oro del colombiano Eider Arévalo en los 20 kilómetros caminata, segunda presea para su país tras la plata de Caterine Ibargüen, y el primer y único metal de México, gracias a la plata de la subcampeona olímpica María Guadalupe González en la misma prueba femenina.

FUENTE: Noelia Román / dpa

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