Miami no posee una Cibeles, ni unas Ramblas, sabe de lejos lo que es la Gran Vía o la Sagrada Familia, pero es una de las ciudades del mundo donde más se disfruta el gran clásico del fútbol de España. Y fuera de Madrid y Barcelona, clasifica entre las que más entienden y conoce de qué va este tema.

Desde que Cristiano Ronaldo llegara al Real Madrid y Lionel Messi ascendiera en el sistema del Barcelona, quedó planteada una rivalidad que ya califica entre las más extendidas y enconadas de todos los tiempos en el deporte, arrastrando en su vórtice a cientos de millones de aficionados en todo el planeta.

Miami no ha sido la excepción y así como la Calle Flagler divide el norte del sur, las preferencias entre un equipo y otro, entre un jugador y otro, trazan líneas divisorias que separan con una fuerza rayana en lo absurdo. Amigos que apenas se hablan, hermanos que visten uniformes diferentes, padres que vitorean a los merengues e hijos que adoran a los blaugrana.

La ciudad de Miami se arremolina y se reparte entre grupos, asociaciones, peñas que no tienen pudor alguno en exhibir sus colores y amores, y cada semana, truene, llueva o relampaguee, lo dejan todo para ver el partido correspondiente de la Liga Española, o mejor aún, de la Liga de Campeones.

Pero desde que, con semanas de antelación, se anuncia la llegada del Clásico español, pareciera que todo girara en torno a esta fecha, una de dos en la temporada, donde los dos mejores equipos del mundo, Real Madrid y Barcelona, chocan en una batalla frontal que inflama pasiones.

Honor de muchos

Si en la Madre Patria el juego evoca épocas pasadas y problemas actuales, y es como si estuvieran combatiendo el centralismo ibérico contra el separatismo catalán, Monarquía y República; en Miami es como si estuviera en juego el honor de muchos, sus palabras, sus predicciones en volúmenes de fanatismo que ponen a pensar a quien se encuentra fuera del tablero.

En no pocas ocasiones se han visto a hombres hechos y derechos llorar a moco tendido por el triunfo o fracaso de su equipo, imprimiéndole un tono algo absurdo a la situación, personas que apuestan -sin mucho aspaviento ni difusión- fuertes sumas de dinero, que han convertido los temas del Real Madrid o el Barcelona en sus temas.

Que esto suceda del otro lado del Atlántico es entendible, pero en Miami adquiere viso de fenómeno. Estamos hablando, en muchos casos, de personas que jamás han puesto un pie en España, para quienes la capital española o la díscola ciudad condal a orillas del Mediterráneo son apenas referencias en los mapas.

Cuando el Real Madrid conquistó la última Champions League, en varios lugares de Miami se escuchó el grito de "¡Vamos a celebrar a la Cibeles!'', como si se pudiera ir de la Calle 8 a la histórica fuente, como si el Southwest colindara con Chamartín o Valdebebas. Tal es el poder de este Clásico.

Ritual de devoción

El Clásico existió desde siempre, pero Cristiano y Messi lo han llevado a un nivel superior y Miami también los arropa como héroes. De hechos, muchos por acá no siguen a los equipos como tal, sino a los dos jugadores que son considerados los Alpha Male del fútbol en los últimos años.

Aunque el crisol de nacionalidades que pueblan esta ciudad se vuelca con igual pasión a la rivalidad, son los cubanos -por encima de todos- los que más carne en el asador ponen cuando llega un Clásico, los que integran las peñas, los que más alto y potente discuten, acallando al resto.

¿Cómo sucede esto entre aquellos que nacieron viendo y jugando al béisbol? Mucho tiene que ver con el declive de la pelota como espectáculo en su propia tierra, con la partida de los mejores jugadores a las Grandes Ligas y otros circuitos profesionales, y el poco interés que ponen las autoridades en reconocer a esos jugadores delante de su público natural.

Durante años, en la isla se pasaban por televisión, en vivo y en directo, los mejores juegos de Europa, las Copas del Mundo, documentales sobre los grandes jugadores de todos los tiempos, mientras las Mayores eran prohibidas, proscritas y solo se hablaba de ellas en círculos reducidos, de manera callada.

Actualmente han aflojado las restricciones y se pasan algunos que otros partidos, pero se sigue ignorando al pelotero de casa. Cada vez que Aroldis Chapman lanzaba en la Serie Mundial, algo pasaba con la transmisión que se interrumpía. ¿Qué le queda al cubano de a pie? La insípida Serie Nacional cubana y una selección que apenas recuerda lo que es ganar en la arena internacional.

De modo que todo está listo para que Miami reciba este sábado al Clásico de clásicos, a Real Madrid y Barcelona, a Cristiano y a Messi en un ritual de devoción irreal que ya muchos quisieran experimentar en la propia España.

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