¿Qué hubiese pasado si…?

Esa pregunta estará acompañando por siempre a la memoria de José Fernández, el pelotero.

Sólo bastaron cuatro años, que por la cirugía Tommy John no totalizan ni siquiera un acumulado de tres campañas con los Marlins de Miami, para abrir los ojos de los más conocedores del juego.

“Este chico va a llegar lejos”, era el comentario común de cualquier persona, experto o no, que lo vieran trabajando sobre la loma, desde que debutó en el 2013 con 20 años.

Fue el único motivo de alegría de un conjunto de los Marlins del año 2013, que cayó en 100 ocasiones, pero ganaron a quien pensaban que sería el futuro de la franquicia. Fernández terminó siendo el Novato del Año en esa campaña, con marca de 12-6 y 2.19 de efectividad, con 187 ponches en 172.2 episodios de labor.

Los Marlins habían conseguido a la pareja perfecta de Giancarlo Stanton, para llevar las riendas del equipo en los próximos años.

Pero al año siguiente, tras sólo ocho aperturas, Fernández se encontró con un obstáculo más en su vida, cuando salió del juego en San Diego el nueve de mayo del 2015, con dolores en su codo de lanzar. Los resultados llegaron positivos, tenía que someterse a la cirugía Tommy John para reparar su ligamento del brazo derecho, lo que significaría estar fuera del montículo por al menos un año.

¿Cómo enfrentó la noticia José?, con una sonrisa. A pesar de la frustración de no poder lanzar por un largo período de tiempo, él sabía que volvería, de igual manera que lo había hecho desde que tiene uso de razón, superando un obstáculo tras otro.

Pudo volver, luego de un año que se la pasó apoyando y animando a sus compañeros con su ánimo y empuje acostumbrado desde el dogout, en julio del 2015 como si nada hubiese pasado. Incluso en ese encuentro de regreso consiguió conectar su segundo cuadrangular en su carrera, adornando aún más una vida y carrera que ya parecía de película.

Una combinación de Dwight Gooden, Pedro Martínez y Dontrelle Willis. Eso había conseguido el equipo con su 14ta. selección del Draft del 2011. Un talento generacional.

Sólo le bastaron un combinado de tres campañas y 471.1 entradas, record de 38-8, 2.58 de efectividad y 589 ponches, para convertirse en el serpentinero que más rápido alcanza la cifra de los 500 en la historia de la Gran Carpa. Pero a pesar de dejar esos impresionante números, un factor que enamoró aún más a los fanáticos de Miami fueron los que dejó en el Marlins Park, su casa.

Los números hablan por su sí solos: 29-2, 1.49 EFEC y 346 abanicados en 272.1 episodios; números que parecen de mentira fueron los que dejó Fernández en casa. Cuando lanzaba en Miami, se incementaba la asistencia por más de 3.000 fanáticos y a más de 20% la teleaudiencia.

Los Marlins tenían en sus manos a una joya de la pelota, tanto dentro del campo como fuera. Pero por muy buenos que sean sus números, su personalidad era más valiosa aún.

Con lo diverso que es el deporte, la barrera del idioma es importante. Usualmente en un vestuario de béisbol, los latinos están por un lado y los norteamericanos por el otro. Pero Fernández aprovechaba su capacidad bilingüe para servir como puente cultural en el equipo. No hay un sólo miembro actual, o que haya pasado por el equipo, que tenga un comentario negativo del cubano. Ni siquiera Chris Johnson, con quien tuvo un altercado al conectar su primer cuadrangular en su carrera, cuando formaba parte de los Bravos de Atlanta y quien hoy viste el uniforme de Miami.

En el 2016, con los Marlins peleando la mayoría del año por la clasificación, Fernández estaba satisfecho por estar sano todo el año, cuando consiguió romper el récord de más ponches para un lanzador de los Marlins (acumuló 253) y cerró su año -y su vida- con una actuación magistral: lanzó ocho entradas en blanco, permitió tres hits y ponchó a 12 Nacionales.

Para poner un poco en perspectiva lo hecho por “Joseíto”, no hay un lanzador en la historia del béisbol con un mayor porcentaje de contrarios ponchados que el de él (31,2%).

Es inútil pensar qué hubiese sucedido en la carrera de Fernández, pero algo sí es cierto; estaba en el camino correcto para llegar al el Salón de la Fama, algo que luego de tres temporadas en las Mayores, y sin haber alcanzado su tope profesional, es prácticamente imposible de decir, pero así de espectacular fue su efímera carrera.

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