Si los estilos hacen las peleas en el boxeo, la que sostendrán este sábado Sergey Kovalev y Andre Ward promete ser de lo mejor que se ha visto en este deporte en los últimos tiempos, y puede superar lo visto en esta temporada para el olvido.

Al fin ha llegado un choque que el público puede abrazar, porque se están midiendo los dos mejores de la división ligera pesada. Los dos mejores por un título, cosa rara en el pugilismo rentado de estos días en que los supuestamente "mejores'' se contentan con rivales disminuidos.

Los fanáticos del boxeo contemplan el deporte con desgano, pero HBO, que pondrá a prueba la capacidad de compra con un sistema de Pago Por Ver casi a la esquina de las Navidades, considera que existe la calidad suficiente para que la gente desembolse cerca de 70 dólares para ver este choque de trenes.

De un lado está un Kovalev que se formó como amateur en la escuela comunista de campeones a granel y hasta que un buen día decidió escapar de su situación e intentar el sueño del ámbito profesional, sin tener la más remota idea de lo que le esperaba.

Durante una docena de peleas no pasó absolutamente nada, hasta que la veterana empresaria Kathy Duva, presidenta de Main Events, se fijó en el chico ruso que demolía a sus rivales con una brutalidad fuera de lo común.

Kovalev no es de los que se conforman con derribar, sino que quiere hacer daño, dejando el espíritu del “fair play” a un lado. Solo cuando el rival está fuera de juego y en la lona, habrá tiempo para los saludos.

Pero no es una masa tonta y poderosa la que subirá al ring de la T-Mobile Arena en Las Vegas. Este es un hombre con un plan, que si ciertamente descansa en la potencia de su pegada, también sabe cortar los espacios y presionar de manera incesante hasta obtener lo que busca.

Sin embargo, en su última defensa del título y en su propia tierra, no pudo desplegar esas combinaciones de pavor ante el africano Isaac Chilemba, lo que abrió una ventana de esperanza a los seguidores de Ward.

Si no pudo derribar a Chilemba, va a tener un tiempo difícil intentando encontrar a Ward, parece ser el razonamiento detrás de todo ese capítulo. Kovalev, por su parte, afirma que lo sucedido resultó por diseño, por interés de sumar rounds luego de cuatro victorias seguidas por la vía rápida.

Quizá tenga razón, pero Ward estuvo atento a esta demostración y dice haber sacado conclusiones. Posiblemente, y dejando fuera a Floyd Mayweather Jr. de esta ecuación, no existe otro boxeador más inteligente que el guerrero del área de la Bahía, el último campeón olímpico que ha dado este país.

Ward parece ir siempre un paso por delante de su rival, sopesando cada acción, improvisando sobre la marcha, con una defensa divina y unos movimientos de bailarín clásico, como esos del Bolshoi de la patria de su oponente.

Bajo la guía de Virgil Hunter, el estadounidense ha alcanzado un estatus de ícono y uno solo puede preguntarse adónde habría llegado su carrera de no haberse enredado en tanto embrollo promocional y sufrido algunas lesiones de cuidado. Es una lástima que Ward haya perdido tanto tiempo, con tanto que tiene para dar y lograr en el negocio del dolor.

No hay que estudiar ciencia nuclear para advertir que el ruso intentará reducir el cuadrilátero a un metro cuadrado, para colocar sus masivos golpes, como un abusador de patio escolar, con su físico impresionante de eslavo curtido por los avatares de la vida.

Ward, quien va entrenado por John David Jackson, intentará frustrar al oso estepario con su rapidez de movimientos y combinaciones relámpago que impedirían caer en el cerco de tres círculos con que Kovalev suele asfixiar a sus oponentes.

La pregunta gira, entonces, sobre la capacidad de Ward para balancear esos movimientos de manos y piernas a lo lardo de 12 asaltos. Si físicamente se encuentra en óptimas condiciones, pudiera frustrar a Kovalev, obligándolo a fallar golpes y a agotar sus reservas de energía.

Pero si el cansancio llega en algún momento y pierde la capacidad de trasladarse de un lado a otro de los ensogados, pudiera convertirse en el blanco perfecto del ruso y, entonces, la noche no tardaría en terminar, ya sea por un castigo prolongado o un golpe fulminante.

El legado de ambos estará en juego, pero vale la pena aplaudir de antemano esta empresa en la cual se han comprometido para darles a los aficionados lo que hacía rato estaban esperando.

Por ahí anda otro en la división que dice ser campeón, y de hecho lo es con una de esas fajas de orden alfabético: Adonis Stevenson, quien se ha cansado de escabullir un compromiso con cualquier pretexto. Pero los verdaderos reyes son estos dos, aunque después del sábado habrá solo uno.

FUENTE: Especial

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