LONDRES.- El español Rafael Nadal apeló este lunes la épica tras verse dos sets abajo ante Gilles Müller, pero ni eso le bastó para frenar al luxemburgués y acabó perdiendo 6-3, 6-4, 3-6, 4-6 y 15-13 tras más de cuatro horas de partido en los octavos de final del torneo de Wimbledon.

Remó el español cuando se vio contra las cuerdas y llegó a salvar dos match points perdiendo 5-4 en el quinto set y otros dos con 10-9. Pero su reacción murió en la orilla, tras desperdiciar cinco pelotas de quiebre en los juego decisivos del último parcial.

Alzó los brazos Müller, vigésimo sexto del ránking mundial, cuando el reloj de Londres marcaba las 20:33 de la tarde, una hora y 32 minutos después de su primer "match point". Miles de personas estallaron eufóricas en la pista 1, escenario del emotivo duelo, y en la famosa colina del All England Club. No fue para menos el partido. No fue un días más en la vida del luxemburgués, que festejó quizás la victoria más impactante de su carrera.

Fue frío como el hielo en el trepidante set final, que se estiró y estiró y parecía no tener fin. Duró 28 juegos, 135 minutos. Duró hasta que una pelota de Nadal se fue larga.

En ese punto se acabó el sueño de Nadal de alzar su tercer título de Wimbledon y su Grand Slam número 16, una corona que le habría devuelto a lo más alto del ránking mundial. No obstante, la posibilidad de regresar a la cima de la ATP seguirá muy viva en los próximos torneos.

Llegaba lanzado Nadal a la hierba de Londres tras cuatro títulos en arcilla -entre ellos su décimo Roland Garros- y otras tres finales en cancha dura en lo que va de curso, pero Wimbledon actuó de nuevo como freno para el español, que no supera los octavos del torneo desde 2011.

Müller, de 34 años y que se medirá en cuartos al croata Marin Cilic, aterrizaba en el duelo de este lunes con el mejor balance de todo el circuito en hierba, diez victorias y una derrota.

Ese historial reciente hablaba de un jugador complicadísimo en hierba. Gran sacador, mejor voleador y con la confianza por las nubes, desde el minuto uno le hizo saber a Nadal que no era un día para disfrutar.

No había empezado bien la tarde para el campeón de 15 Grand Slam, que se dio un golpe en la cabeza con el marco de una puerta mientras daba saltos para ultimar el calentamiento.

Y después le costó sudores encontrar la vuelta al partido, extraño como pocos en lo que a estadísticas se refiere. Los números al final del partido hablaban de un Nadal entonadísimo con la raqueta: 77 winners por 17 errores no forzados; 198 puntos ganados por los 191 de su rival; 33 puntos en sus 46 subidas a la red; 23 saques directos; o un 80 por ciento de puntos con primer servicio.

El español, doble campeón de Wimbledon, era el que mandaba en los dos primeros sets en los números, pero en el verde era Müller el que llevaba la batuta. Además, Nadal no transmitía precisamente buenas sensaciones. Gestos de contrariedad, piernas pesadas y descontrol en los puntos.

Tras desaprovechar un 0-30 con 2-2, Nadal entregó su saque al juego siguiente y se colocaba abajo en el marcador por primera vez en el torneo. Müller cazó la oportunidad al vuelo y a los 33 minutos estaba sentado en la silla con el primer set en su casillero.

Lucía concentrado el luxemburgués, mientras que Nadal aparecía con la mirada en el vacío. Era el primer set que perdía en un Grand Slam desde la final de Australia, pues arrolló a todos sus rivales camino de su décimo Roland Garros y superó las tres primeras en Londres sin una mácula en el currículum.

Nadal tuvo dos pelotas de break con 4-3 a favor en el segundo set, pero desperdició ambas y abrió la puerta a Müller. Entró de lleno el luxemburgués, que se anotó el parcial con un dropshot del español que se quedó en la malla.

En esa red se quedó Nadal sin red: ya no tenía margen de error el español. Un quiebre más y todo quedaría en la raqueta de Müller.

Pero ahí despertó el español, un tenista abonado a la épica y a esas remontadas imposibles. Un winner de derecha le dio el primer break del partido a Nadal. Una hora y media y cuatro pelotas de quiebre necesitó para poder romper a Müller.

El 3-1 dibujaba un nuevo horizonte. Y los gestos después del 4-1 hablaban de un Nadal dispuesto a todo. "¡Vamos, vamos!", gritaba y se gritaba mientras agitaba el puño. La escena se repetía minutos después, con el tercer set ya de su lado.

Tras desperdiciar cuatro pelotas de quiebre en los primeros juegos del cuarto parcial, Nadal rompió a Müller y se colocó 3-2 y servicio. No dejaría pasar la ocasión el exnúmero uno, que forzó una quinta manga. Ganar a Nadal no es tan fácil. Y menos a este Nadal, que llegaba a Wimbledon subido una ola de confianza.

En el quinto set los dos parecieron dejarse llevar hasta los momentos decisivos. Y fue Müller el que acarició el triunfo: una doble falta de Nadal colocaba un 15-40 en el marcador. Dos puntos de partido. Pero el español reaccionó agarrados a su saque, con cuatro primeros saques seguidos y dos aces para llevarse el juego y mantenerse con vida.

La siguiente oportunidad fue para Nadal. Una pelota de quiebre a su favor para ponerse 7-6 y servicio. Pero Müller soltó un saquetazo y equilibró las fuerzas.

El encuentro estaba en el alambre y sería un detalle lo que cambiaría el curso del duelo. Nadal tuvo otras cuatro pelotas de break con 9-9 y Müller disfrutó de dos match points más en el juego siguiente. Pero la paridad no se movería todavía.

Hasta que llegó el vigésimo octavo del quinto set, cuando Nadal sacaba por novena vez para mantenerse en el partido. Una derecha que botó más allá de la línea puso fin a un encuentro que parecía interminable.

FUENTE: dpa

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