Invertir en bienes inmobiliarios no es para todos ni todos pueden hacerlo. Hay quienes consideran que porque cuentan con algún capital y son capaces de realizar reparaciones menores, ya pueden lanzarse a comprar y vender propiedades, a diestra y siniestra, sin contar con un asesoramiento profesional.

Haciendo alarde de una intrepidez rayana en la ignorancia, este tipo de pseudo inversionistas en ocasiones compromete hasta los propios bienes familiares para realizar sus planes, basándose única y exclusivamente en sus inspiraciones y criterios. La mayoría sale airosa en su empeño porque compran propiedades en malas condiciones, a precios bajos, y con su propio esfuerzo las devuelven al mercado haciendo gala de ingenio y creatividad.

Los especuladores “puros” son más refinados, ni construyen ni reparan. Se dedican a estudiar el mercado e invertir buscando ganancias a corto plazo. En muy contadas ocasiones realizan reparaciones y su mercado preferido son los nuevos desarrollos. Este tipo de actividad debe realizarse con mucha cautela y con detenido análisis, siempre evitando arriesgar grandes sumas de dinero, sobre todo cuando se avizoren cambios en el mercado inmobiliario.

Existe otro tipo de especulador, el cual opera de forma individual o en pequeños grupos. El mismo se dedica fundamentalmente a adquirir propiedades ya existentes, invirtiendo en ellas enormes capitales. Posteriormente convierte las mismas en edificios de condominios, los cuales venderá por unidades individuales, al público en general, después de reacondicionarlas.

En mercados alcistas los especuladores suelen realizar grandes ganancias; pero deben operar muy alertas bajo la zozobra, la presión y el inminente peligro que puede representar un vuelco en el mercado, lo que provocaría un estancamiento en las ventas y por consecuencia el derrumbe económico de la empresa.

El inversionista consumado es diferente, sabe consultar, escuchar, analizar y actuar consecuentemente. Siempre utiliza la lógica y no responde a corazonada alguna. Además, cuenta con el apoyo de un excelente equipo de profesionales: asesores legales, financieros, especialistas en impuestos y expertos en inversiones en bienes inmuebles conforman su equipo.

La característica principal de un verdadero inversionista es su eterna disposición a comprar o vender una propiedad inmobiliaria. Su inventario se renueva y crece constantemente. Normalmente prefiere vender las propiedades que requieren reparaciones de envergadura que involucrarse en hacerlas. Tampoco conserva propiedades conflictivas o que no son de su entero agrado.

Pero quizá lo que más distingue a un verdadero inversionista de un especulador o de un intrépido, es su convencimiento de que para invertir en bienes raíces es necesario, ante todo, tener solidez financiera; puesto que la inversión en propiedades inmobiliarias suele dar sus frutos a largo plazo y normalmente un nuevo ciclo económico se inicia cada siete años.

Si está considerando invertir en bienes raíces le recomiendo que sea juicioso, que esté dispuesto a escuchar y que antes de actuar consulte a un experto en la materia.

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